Organismos Internacionales

Ayuda humanitaria pende de un hilo en frontera entre Turquía y Siria

Rusia ya consiguió en los últimos años que se cerraran los pasos transfronterizos de ayuda humanitaria y ahora amenaza con usar su derecho de veto durante una votación, a principios de julio, para cerrar el último

Cilvegozu. Más de 800 camiones de ayuda humanitaria de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) transitan entre olivares y rocas por la única carretera abierta entre la provincia turca de Hatay y el noroeste sirio.

Este punto de paso de la ayuda de la ONU podría cerrar el 10 de julio, aún a riesgo de “agravar el sufrimiento” de los tres millones de personas que habitan la región de Idlib, el último bastión yihadista y rebelde en Siria, según la embajadora de Estados Unidos en las Naciones Unidas, Linda Thomas Greenfield.

Rusia —que apoya al régimen de Bashar al Asad— ya consiguió en los últimos años que se cerraran los pasos transfronterizos de ayuda humanitaria y ahora amenaza con usar su derecho de veto, en el Consejo de Seguridad de la ONU, durante una votación a principios de julio para cerrar el último.

Los analistas consideraron que Moscú busca usar este acceso humanitario como moneda de cambio en el contexto de la guerra en Ucrania.

De visita en el sur de Turquía para constatar la posible crisis en ciernes, Linda Thomas Greenfield, se mostró preocupada por la llegada de refugiados sirios, justo cuando Ankara afirmó prepararse para devolver a Siria a un millón de refugiados (de los más de 3,7 que hay en su territorio).

“Nos dirigimos hacia una catástrofe si no se renueva la resolución (sobre el acceso humanitario en Siria)”, afirmó Mark Cutts, coordinador humanitario regional adjunto para Siria del departamento de Asuntos Humanitarios de la ONU.

Los camiones transportan pañales, mantas, colchones y, sobre todo, comida: harina, bulgur, azúcar, garbanzos y pasta. “No hay alternativa a este mecanismo”, afirmó Ammar al Selmo, miembro de los Cascos Blancos, los voluntarios rescatistas en las zonas rebeldes sirias, durante la visita de la embajadora estadounidense.

En el noroeste de Siria, más de 4 millones de personas dependen de la ayuda humanitaria. Una cifra que aumentó de los 3,4 hace un año, según el Comité Internacional de Rescate (IRC, en inglés). En el puesto fronterizo de Cilvegozu Bab al Hawa, donde los camiones pasan por un escáner, el gobernador adjunto de Hatay, Orhan Akturk, quiso mostrarse tranquilizador ante la embajadora.

“Las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) locales seguirán llevando ayuda”, aseguró, ya que las asociaciones turcas no entran en el marco de la resolución de Naciones Unidas que Rusia amenazó con bloquear.

Un trabajador humanitario que conoce el caso, y que pidió mantener el anonimato, afirmó que la Media Luna Roja turca propuso a la ONU encargarse del paso en el lado sirio y juzgó poco probable una nueva crisis migratoria.

Esta organización envió a Siria desde el 2011 una media de 500 camiones de ayuda humanitaria cada mes, según su presidente, Kerem Kinik, por lo que son un actor imprescindible. Contactado por la AFP, Kinik no quiso responder en el momento.

“Existen pocas alternativas viables al mecanismo transfronterizo de la ONU”, consideró, sin embargo, Sara Kayyali, investigadora de la organización Human Rights Watch (HRW), ya que la importancia de la operación gestionada por la ONU y la confianza que genera es difícilmente sustituible.

En un campamento de desplazados en Idlib, Mohamad Harmush teme por su futuro y el de sus seis hijos: “Las entregas de ayuda humanitaria son esenciales para nosotros. Su interrupción sería un desastre”, aseveró.

En el otro lado de la frontera, en Hatay, Mohamad, un refugiado sirio de casi 70 años, que lleva en Turquía desde el 2015, está preocupado por sus sobrinos en Idlib. Sin la ayuda humanitaria de la ONU, “podemos decir que morirán”.

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