Interés Humano

Honduras inaugura aeropuerto para reemplazar uno de los más peligrosos del mundo

Los primeros vuelos saldrán de Palmerola dentro de un mes, cuando se terminen la torre de control y facilidades para aerolíneas y pasajeros

Tegucigalpa. Honduras inauguró el aeropuerto internacional de Palmerola, que comparte espacio con una base de soldados estadounidenses, para reemplazar al aeródromo Toncontín, uno de los más peligrosos del mundo.

Los primeros vuelos en Palmerola, ubicado en el valle de Comayagua, a 75 km al norte por carretera de Tegucigalpa, no saldrán hasta en un mes, cuando se terminen la torre de control y facilidades para aerolíneas y pasajeros.

Con Palmerola “Honduras se pone a la vanguardia en conectividad aérea”, afirmó el presidente Juan Orlando Hernández en un discurso durante la ceremonia de inauguración.

“Vamos a mantener la terminal civil y nuestra fuerza de tarea conjunta (militar con Estados Unidos) porque eso es bueno para Honduras”, añadió el mandatario.

Las instalaciones aeroportuarias, que tienen una pista de 2.800 m, siete mangas y 39.000 m2 en el edificio de la terminal fueron construidas a un costo de unos $200 millones. Será operado por un consorcio alemán, en una concesión de 30 años.

Estados Unidos construyó la base de Palmerola en 1985, durante la Guerra Fría, bajo su estrategia de combate contra los movimientos guerrilleros en Centroamérica. Aún permanecen al menos 500 efectivos estadounidenses para tareas conjuntas con sus pares hondureños. También opera en Palmerola la base de la Fuerza Aérea Hondureña.

Toncontín, que mueve unos 800.000 pasajeros por año y quedará para vuelos nacionales, es considerado como uno de los aeropuertos más peligrosos del mundo por organismos internacionales de aeronáutica.

Para aterrizar en este aeropuerto, ubicado en una pequeña planicie rodeada de elevadas montañas, los pilotos tienen que remontar laderas a veces cubiertas de neblina, luego descender con gran inclinación sobre techos de casas, y cerca de un bulevar, a una pista de apenas 1.900 m.

Con los temerosos pasajeros, los pilotos tienen que calcular con precisión el contacto del tren de aterrizaje en el asfalto y frenar de inmediato para no caer en un precipicio y una calle muy transitada de vehículos. Y, cuando despegan, tienen que elevarse de inmediato para no estrellarse en cerros cubiertos de barrios pobres.

El mayor accidente se registró en octubre de 1985, cuando un Boeing se estrelló en una montaña antes de iniciar el descenso, con saldo de 131 muertos. En febrero de 2011 perecieron 14 personas, al chocar su aeronave contra la montaña. Además, dos aeronaves se han salido de la pista: una el 30 de mayo del 2008, con un saldo de cinco muertos; y otra el 22 de mayo del 2018, cuando nueve personas resultaron heridas.