
Rio de Janeiro, Brasil. El senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, encabeza el conteo de votos en la primera vuelta de las presidenciales brasileñas, con 48% de los votos, contra 44% para el mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, con 90% de las urnas contabilizadas.
Para ganar la presidencia en la primera vuelta en Brasil, una candidatura requiere obtener más del 50 % de los votos válidos (mayoría absoluta).
Las encuestas previeron una pequeña ventaja para Lula y una segunda ronda entre ambos candidatos el 25 de octubre.
Lula, de 80 años, busca su cuarto mandato no consecutivo y ha defendido la soberanía de Brasil frente a lo que denuncia como un intervencionismo en la región del mandatario estadounidense, Donald Trump; quien extiende su área de influencia en la región con gobiernos de derecha en Argentina, Chile o Colombia.
Flávio Bolsonaro, un legislador apenas conocido hace unos meses a nivel nacional, ha hecho campaña prometiendo acabar con la inseguridad, la principal preocupación de los brasileños.
Bolsonaro sigue el conteo de los votos en Brasilia, mientras Lula está previsto que comparezca en un hotel en Sao Paulo, donde más tarde encabezará un acto con seguidores.
Polarización
Lula cuenta con su base electoral en el empobrecido noreste, entre los votantes de bajos ingresos, los católicos y las mujeres. Bolsonaro lidera en el sur, entre los más acomodados y los evangélicos.
Unos 160 millones de ciudadanos estaban convocados a sufragar.
Trump no ha respaldado explícitamente hasta ahora a Flávio Bolsonaro pero ha dicho que sigue “muy de cerca” las elecciones.
El presidente norteamericano ha utilizado aranceles y sanciones para presionar a Brasilia, desde que su aliado Jair Bolsonaro fue juzgado por golpismo y condenado a 27 años de cárcel.
En los mitines de Flávio Bolsonaro, sus simpatizantes agitaron banderas estadounidenses e imágenes de Trump, mientras que muchos electores que van con el presidente brasileño rechazan toda influencia.
En pocos meses, Flávio Bolsonaro logró pisar los talones a Lula en las encuestas, incluso después de que se supiera que era investigado por corrupción en la financiación de un filme biográfico sobre su padre.
Ha prometido una férrea política contra la inseguridad, así como austeridad fiscal en medio del aumento de la deuda pública.
Lula, reconocido por los programas sociales que sacaron de la pobreza a millones de personas a principios de siglo, regresó al poder en 2023, después de ir preso por un enorme escándalo de corrupción y de que sus condenas fueran anuladas por motivos de forma.
Hace cuatro años derrotó a Jair Bolsonaro por apenas 1,8 puntos porcentuales en unas elecciones tumultuosas, que degeneraron en el asalto a las sedes de poder en Brasilia por parte de simpatizantes de Bolsonaro semanas después.
Durante el tercer mandato de Lula, la inflación se mantuvo a raya y el desempleo cayó, pero los brasileños se quejan del alto costo de vida y se muestran hastiados con la delincuencia.
También se redujo drásticamente la deforestación en la Amazonía, aunque el cambio climático estuvo ausente de la campaña, pese a la multiplicación de eventos extremos como sequías e inundaciones en el país.
“Los indígenas sufrimos mucho con los impactos ambientales. Por eso es importante elegir a un candidato que defienda nuestro territorio, que defienda la naturaleza”, dijo a la AFP Tainara da Costa Cruz, una indígena de 22 años de la etnia Kambeba que vive en la ribera del Rio Negro, en el estado de Amazonas.

