
Beihai, China. Juntando sus manos en oración, Huanle, de cuatro años, le dice a Dios que extraña a su mamá, a quien no ha visto desde que las autoridades chinas allanaron su casa el año pasado en una operación contra su iglesia protestante, no autorizada.
Wang Cong, madre de Huanle, es pastora de la Iglesia de Sión, un grupo evangélico protestante considerado ilegal, ya que no pertenece a ninguna de las organizaciones oficiales avaladas por el gobierno chino.
En octubre pasado, las autoridades chinas detuvieron a más de 20 miembros de la Iglesia de Sión, entre ellas Wang, de 43 años.
“Mi hija vio todo, y lloró”, cuenta Ren Zhong, padre de Huanle y marido de Wang Cong, cuando recuerda cómo aparecieron una noche en su casa de Pekín siete agentes no identificados, que por la fuerza mantuvieron a la mujer sentada en una silla.
La niña “estaba en brazos de su madre, y se la arrancaron”, agrega Ren.
Desde entonces, Wang no ha podido hablar directamente con su familia.
La Constitución china garantiza la libertad religiosa, pero el gobernante Partido Comunista, que exige que sus miembros sean ateos, mira con suspicacia a las religiones organizadas.
Reconoce el protestantismo y el catolicismo entre las religiones oficiales, pero las organizaciones deben estar debidamente inscritas ante el gobierno, algo inaceptable para muchos cristianos.
La vigilancia de los numerosos grupos religiosos no autorizados se ha incrementado además desde la llegada al poder del presidente Xi Jinping, hace más de una década.
La Iglesia de Sión en particular fue obligada a cerrar en 2018, pero siguió activa en internet e incluso tuvo un auge considerable durante la pandemia de covid-19.
Las autoridades detuvieron a su pastor fundador Ezra Jin en octubre, pero fue liberado en julio y puesto en un avión rumbo a Estados Unidos, semanas después de que el presidente Donald Trump defendiera su caso en una reunión con Xi Jinping en Pekín.
Wang y otros siete que no tuvieron la misma suerte serán juzgados en la ciudad sureña de Beihai, donde vivía Jin, por cargos de fraude y ejercicio ilegal de una actividad comercial. Se exponen a una pena de diez años de cárcel.
La noticia de la liberación de Jin impactó a Ren, de 36 años y también predicador. “Después de la alegría vino la preocupación, la preocupación por mi esposa, porque ella sigue adentro, sufriendo”, dice.
Consultado sobre las detenciones, el Ministerio de Relaciones Exteriores chino dijo que que el gobierno “trata los asuntos religiosos acorde con la ley”.
Negación de la fe
Ren pensó que la liberación de Jin sería el preámbulo de la salida de su esposa, pero lo que ocurrió fue lo contrario, ya que más bien se aceleraron los procesos legales.
Las autoridades imputaron a Wang y los otros siete después de que Jin se reencontrara con su familia en Estados Unidos.
Se programó un juicio para mediados de agosto, pero luego fue aplazado.
Los familiares de los detenidos alegan que deben ser liberados, al igual que Jin.
“No puede ser que el pastor jefe esté bien, mientras sus seguidores (...) tienen problemas”, reclamó Gao Guangjun, padre del pastor detenido Gao Yingjia.
Según Ren, los documentos legales indican que la detención de Wang se basa en el argumento de que la colecta de ofrendas fue fraudulenta, porque la Iglesia de Sión no está registrada.
Las autoridades afirman que recaudó 660.000 yuanes (98.000 dólares) de 2019 a 2025.
Ren insiste en que las donaciones, usadas en parte para pagarle a los pastores, son moneda común en iglesias del mundo entero y conformes a las enseñazas religiosas.
“Si es por esto que mi esposa fue acusada de fraude, entonces creo que en realidad no es una acusación contra mi esposa”, afirmó. “Es la negación de la fe cristiana como un todo”.
Jin, quien permanece con su familia en Estados Unidos, dijo a la AFP que siente un “profundo dolor” al pensar en sus colegas que quedaron atrás. “Estoy realmente desgarrado. Soy libre, pero en realidad no lo soy”, lamentó el pastor.
El hombre de 57 años quedó visiblemente emocionado al hablar de un texto que redactó para los abogados de los ocho detenidos, en el que les urgió tener coraje.
“Espero que un día (sus) hijos entiendan que su separación de sus padres, y la actual detención de ellos, es algo honroso”, declaró.
En el apartamento de Ren en Beihai, Huanle baila al son de una música imaginaria. Pero Ren dice que hay noches en que la niña se niega a dormir y le dice que tiene miedo.
Recordados por Dios
Ren Zhong dejó de trabajar tiempo completo en mayo, y pasa sus días cuidando a Huanle y luchando por su esposa.
Lamenta que la preocupación por su esposa ha decaído, pese a que la gente condenada por fraude puede enfrentar hasta 10 años de cárcel.
“Creo que Dios es justo (...) Sé que Dios no ha olvidado a estas ocho personas”, sostuvo.
Gao, quien también es cristiano, espera que las autoridades liberen a su hijo, aunque reconoce que lo que suceda no depende de las familias.

AFP
Es una agencia de noticias líder y global que brinda cobertura rápida, completa y verificada de la actualidad, así como de los temas que conforman nuestra vida cotidiana. Con una red incomparable de periodistas en 151 países, AFP es también líder mundial en verificación digital.
En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.