
Los habitantes de la India enfrentan una situación crítica debido al conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán. Esta guerra provocó el bloqueo del estrecho de Ormuz, una vía vital por donde transita el 60% del gas licuado de petróleo (GLP) que consume el país.
Ante la dificultad para conseguir cilindros de gas tradicionales, muchos ciudadanos recurren al biogás producido con excrementos de bovinos.
La agricultora Gauri Devi prepara alimentos tradicionales en un hornillo alimentado por metano. Ella utiliza los desechos de las vacas, animales venerados como deidades en la cultura hindú. El gobierno de la India subsidió más de cinco millones de digestores desde la década de 1980 para transformar residuos agrícolas en combustible y fertilizantes.
India consume anualmente más de 30 millones de toneladas de GLP e importa más de la mitad de esa cifra. Aunque el Poder Ejecutivo asegura que no existe escasez oficial, los retrasos, el mercado negro y las compras por pánico generan largas filas. Los ciudadanos esperan horas para obtener un tanque de gas ante el desabastecimiento.
El proceso en las zonas rurales consiste en mezclar estiércol con agua en depósitos subterráneos del tamaño de un automóvil. El gas metano viaja por tuberías hasta las cocinas de las familias indias. El agricultor Pramod Singh explica que su unidad para seis personas requiere entre 30 y 45 kilos de boñiga diarios provenientes de cuatro vacas.
Los restos de este proceso sirven como abono rico en nitrógeno, un recurso muy valioso tras la afectación del comercio mundial por la guerra en Oriente Medio iniciada el 28 de febrero.
El dirigente agrícola Pritam Singh califica a esta mezcla como “oro negro”. La agricultura emplea a más del 45% de la mano de obra en esta nación de 1.400 millones de personas.
El gigante asiático es el tercer mayor contaminador del mundo y busca la neutralidad de carbono para el año 2070. Por ello, el Estado fomenta la construcción de grandes plantas de metanización con inversiones de varios millones de dólares. También existen unidades pequeñas en el campo con costos entre los $260 y los $320.
A.R. Shukla, presidente de la Asociación India de Biogás, define a estos sistemas como minifábricas que necesitan mantenimiento constante.
A pesar de los beneficios, el costo inicial representa un obstáculo para jornaleros sin tierra propia. Mientras tanto, adultos mayores como Mahendri, de 77 años, esperan bajo temperaturas agobiantes por un cilindro de gas convencional.
