Conflictos

Rusia avanza al este en cuarto mes de invasión a Ucrania

Moscú centra su ataque en el reducto de resistencia ucraniano en Lugansk, tratando de rodear las ciudades de Severodonetsk y Lysychansk, separadas por el río Donets

Kiev. Rusia intensificó este martes su ofensiva contra los últimos focos de resistencia en la región ucraniana de Lugansk, en la cuenca del Donbás (este), y se dijo determinada a alcanzar todos sus “objetivos” en la guerra, que entró en su cuarto mes.

Ucrania consiguió alejar a las fuerzas invasoras de Kiev (la capital) y Járkov, pero reconoce “dificultades” para contener la ofensiva en el Donbás, que incluye las regiones de Lugansk y Donetsk, ya parcialmente controladas desde 2014 por los separatistas prorrusos.

“Las próximas semanas de guerra serán difíciles”, había advertido el lunes el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski.

El ministro ruso de Defensa, Serguéi Shoigu, afirmó que Moscú “continuará con la operación militar especial hasta que se cumplan todos sus objetivos, poco importa la enorme ayuda occidental al régimen de Kiev ni la presión sin precedentes de las sanciones” aplicadas contra su país.

El secretario del Consejo ruso de Seguridad, Nikolai Patrushev, indicó que las operaciones militares durarán el tiempo que sea necesario.

“No estamos apurados para cumplir con un plazo”, afirmó, destacando igualmente que las tropas rusas “cumplirán los objetivos fijados por el presidente” Vladimir Putin.

Rusia invadió Ucrania el 24 de fabrero, con los objetivos declarados de “desnazificar” Ucrania, defender a las poblaciones de habla rusa y de prevenir un acercamiento de la exrepública soviética a la OTAN.

Las tropas rusas centran actualmente su ataque en Lugansk, un bastión de resistencia en el este, y tratan de rodear las ciudades vecinas de Severodonetsk y Lysychansk.

El Ministerio de Defensa ucraniano reportó combates encarnizados muy cerca de esas dos ciudades (a unos 100 km al noroeste de Lugansk), en las localidades de Popasna y Bajmut.

Aunque los bombardeos son constantes, muchos habitantes se niegan a partir. “La gente no se quiere marchar”, lamenta el vicealcalde de Bajmut, Maxim Sutkoviy, ante un autobús medio vacío previsto para alejar a los civiles de los combates.

Quienes se quedan, señalan una rutina diaria de disparos de misiles y bombardeos desde la madrugada hasta el mediodía.

Severodonetsk, en cambio, es bombardeada “las 24 horas del día” por los rusos, que “utilizan la táctica de tierra arrasada”, afirmó el gobernador de Lugansk, Sergei Gaidai, al reportar cuatro muertos en un bombardeo.

El alcalde de Mariúpol, Vadim Boichenko, acusó a las “fuerzas de ocupación rusas” de comportarse como un “Estado terrorista”, en una intervención virtual ante Foro Económico Mundial de Davos (Suiza).

Después de la caída de Mariúpol (sureste), Severodonetsk supondría un valioso trofeo de guerra para Moscú en el Donbás.

Rusia afianzaría de ese modo su control del este, tras establecer el nexo terrestre entre el Donbás y la península de Crimea, anexionada en 2014.

El primer paso para lograrlo, en los primeros días de la guerra, fue la captura de Jersón, en el sur de Ucrania y al norte de Crimea.

El frente meridional parece actualmente estable, aunque los ucranianos informaron de un “avance” de sus divisiones “en dirección a Jersón, a través de la región de Mikolaiv”.

En Járkov, el metro volvió a funcionar, después de servir durante semanas de refugio antiaéreo y donde todavía se siguen alojando numerosos desplazados.

Entretanto el gobierno ucraniano urge a los países occidentales a enviarle más armas.

Entre el material entregado figura el sistema lanzamisiles antibuques Harpoon prometido por Dinamarca, que podría ayudar a Ucrania a romper el bloqueo frente a naval ruso frente al puerto de Odesa, en el mar Negro.

El bloqueo paraliza la exportación de millones de toneladas de trigo, con temores de que genere una crisis alimentaria mundial.

La guerra en Ucrania disparó los precios de la energía y está trazando nuevas fronteras en el mapa de seguridad en Europa, después de que Suecia y Finlandia, dos países tradicionalmente no alineados militarmente, presentaran sus candidaturas de adhesión a la OTAN.

La Unión Europea (UE) suspendió los aranceles de importación de productos ucranianos, aunque parece poco probable que imponga un embargo inminente sobre el petróleo ruso, por la tenaz oposición de Hungría.

En tres meses, miles de personas, civiles y militares, murieron sin que haya un balance preciso. Solo en Mariúpol, las autoridades calculan 20.000 muertos.

El despacho de la fiscal general de Ucrania, Iryna Venediktova, denunció que 234 niños han muerto y que 433 sufrieron heridas heridos a lo largo del conflicto.

El gobierno ucraniano cifra las bajas militares rusas en 29.200 hombres, aunque fuentes militares occidentales reducen ese balance a 12.000 soldados.

Mientras Moscú incrementó la presión en el Donbás, Kiev multiplicó los llamados a los países occidentales para recibir más armamento. En una intervención telemática en el Foro Económico Mundial de Davos, Zelenski dijo que “Ucrania necesita todas las armas que hemos pedido”, al tiempo que pidió interrumpir cualquier tipo de comercio con Rusia.

Poco después, el Pentágono estadounidense anunció que una veintena de países ofrecieron nuevos paquetes de asistencia en seguridad para Ucrania, dijo su responsable Lloyd Austin.

Entre el material entregado por los occidentales figura el sistema lanzamisiles antibuques Harpoon prometido por Dinamarca, que puede permitir a Ucrania romper el bloqueo naval impuesto por Rusia en el puerto de Odesa en el mar Negro.

Más allá de cortar toda salida marítima de la antigua república soviética, el bloqueo también paraliza la exportación de millones de toneladas de trigo de este importante productor agrícola, una situación que puede desencadenar una crisis alimentaria mundial.

Las consecuencias del mortífero conflicto se extienden más allá del frente, con unos precios energéticos disparados y una redistribución en curso del mapa de seguridad en Europa, con Suecia y Finlandia aspirando a entrar en la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN).

En tres meses, miles de personas, civiles y militares, murieron sin que haya un balance preciso. Solo en Mariúpol, las autoridades calculan 20.000 muertos. En el plano militar, el Gobierno ucraniano cifra las bajas rusas en más de 29.200 hombres, aunque fuentes militares occidentales lo reducen a unos 12.000 soldados.

El Kremlin, de su parte, admitió “pérdidas importantes”, mientras Kiev no brindó ninguna indicación sobre sus pérdidas militares. La guerra también tuvo un impacto brutal en la demografía del país, que tenía 37 millones de habitantes antes de la invasión.

Desde el comienzo de la ofensiva hay ocho millones de personas desplazadas en territorio ucraniano. Otros 6,5 millones huyeron al extranjero.

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