Conflictos

En media crisis, libaneses se unen al Estado Islámico

EI les prometía hasta ‘$5.000 mensuales’ cuando el salario mínimo mensual de Líbano apenas supera los $30

Cuando Zakaria desapareció el año pasado, su familia pensó que huyó de la pobreza en Líbano para probar suerte en Europa. Para nada pensaron que se fue a morir a Irak en las filas del grupo yihadista Estado Islámico (EI), también conocido como ISIS, por sus siglas en inglés.

Originario de la ciudad de Trípoli (norte), el joven de 22 años es uno de los al menos ocho libaneses que murieron en Irak desde diciembre. “Ignorábamos que estaba en Irak, hasta el momento en que fuimos informados de su muerte”, dijo entre lágrimas a AFP su madre Ghoufrane, en su modesto apartamento de una sola pieza en el barrio de Bab al Tabbaneh.

Aunque la organización yihadista nunca controló el territorio libanés, varios ciudadanos de este país combatieron en sus filas antes de la caída del autoproclamado califato en Irak (2017) y luego en Siria (2019). La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estimó en el 2021 que el EI disponía todavía de 10.000 militantes activos en estos dos países.

Ya antes de la crisis económica sin precedentes de Líbano, los miserables barrios de Trípoli eran un vivero de militantes sunitas, responsables de ataques contra el ejército e implicados en actividades yihadistas. Como Zakaria, decenas de otros jóvenes de estos barrios fueron alentados a unirse al EI por “motivos financieros”, según una fuente de seguridad.

Según esta fuente, el EI les prometía hasta “$5.000 mensuales” cuando el salario mínimo mensual de Líbano apenas supera los $30.

El consejero de seguridad nacional de Irak, Qasim al Araji, indicó que las autoridades libanesas se pusieron en contacto con ellas por esta cuestión y que se espera pronto en Bagdad la visita del ministro de Interior de Líbano.

Desde agosto, serían “alrededor de 48″ los libaneses que se unieron al EI, los últimos el 18 de enero. La mayoría de ellos fueron reclutados por un tripolitano afiliado al grupo y residente fuera de Líbano, precisó la fuente de seguridad. Cinco familias ignoran todavía el destino de sus allegados desaparecidos. Las otras “han recibido llamadas de sus hijos desde Irak e informaron enseguida a las autoridades”, insistió esta fuente.

Zakaria desapareció a mediados del año anterior, pero su familia no supo de su muerte hasta diciembre, cuando el ejército iraquí declaró haber matado a 10 yihadistas y mostró imágenes de los combatientes caídos en el desierto de Al Anbar, en el oeste de Irak.

Con el teléfono en la mano, su hermano Ali enseñó un video donde aparece el cuerpo sin vida de Zakaria junto a otro cadáver sobre el capó de un vehículo militar. “Cuando desapareció, pensábamos que preveía ir a Suecia clandestinamente”, explicó Ali, evocando un trayecto que han intentado recientemente cientos de libaneses mediante una peligrosa travesía marítima por el Mediterráneo.

Según su familia, es “la pobreza” y no una motivación ideológica la que empujó a Zakaria, un antiguo vendedor ambulante, a dejar Líbano.

A finales de enero, cinco residentes de Wadi al Nahleh, en la periferia de Trípoli, murieron en Irak, siendo los últimos libaneses caídos hasta la fecha. Entre ellos figuraba Omar Seif, cuya madre supo de la tragedia por WhatsApp. El joven desapareció el 30 de diciembre, declaró a AFP un allegado bajo condición de anonimato.

“¿Cómo estás cariño?”, le escribió la madre a Omar. “Tu cariño está muerto” fue la respuesta que recibió. En un comunicado publicado el 29 de enero, el ejército iraquí declaró haber matado a varios miembros del EI en la provincia de Diyala, en el este de Irak, incluido Omar y dos de sus primos.

Según la madre de Omar, la ausencia total de perspectivas llevó al joven a marchar. Antiguo recluso, era sospechoso de participar en ataques contra el ejército y fue privado de sus derechos cívicos al salir de prisión.

Miles de tripolitanos sospechosos de estar implicados en actividades de “terrorismo” en Trípoli o en otros lugares o de atacar al ejército fueron encarcelados, en muchos casos sin juicio. “Estaba desesperado. Nadie aceptaba contratarle. Trabajó como jornalero”, explicó su madre.

Omar quería casarse con su prometida próximamente. Esto hizo que se obsesionara por las finanzas, según su madre, que acusa al Estado libanés de ser responsable del destino de su hijo. “Tengo miedo que se haya unido al EI, pero vale más morir allí que volver a Líbano, incluso si eso significa que no volveré a verlo”, comentó su madre dos semanas antes de enterarse del fallecimiento de su hijo.

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