
La presidenta electa, Laura Fernández, puso entre sus metas la venta del Banco de Costa Rica (BCR) con el fin de usar el dinero para capitalizar el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). Advirtió de que la operación debe realizarse ‘antes de que quiebre’ la entidad bancaria.
Cuatro días después del mensaje de la futura gobernante, Julio César Trejos, gerente general del BCR, resaltó los resultados obtenidos por la institución el año pasado y su rol en el país.
“El BCR es una institución sólida, rentable y confiable, que continúa operando con total normalidad y con un firme compromiso con la estabilidad financiera del país", argumentó Trejos en una carta enviada a los clientes.
El jerarca destacó como fortaleza la utilidad de ¢38.494 millones del año pasado, además el hecho de que el banco mantiene una suficiencia patrimonial del 14,40% (el mínimo es 10%).
El Banco de Costa Rica inició operaciones en 1877, cuando se fundó como Banco de la Unión. Fue en 1890 cuando pasó a tener su nombre actual.
Actualmente, tiene 1,7 millones de clientes, 135 oficinas en todo el país y 4.342 trabajadores en el conglomerado, es decir, el banco y sus subsidiarias.
El BCR también está clasificado por la Superintendencia General de Entidades Financieras (Sugef) como una entidad sistémica que es capaz de transmitir perturbaciones al sistema financiero en caso de entrar en problemas.
A continuación las principales cifras de la entidad y sus principales negocios en el país.
Peso en el sistema
El BCR es la segunda entidad más grande de Costa Rica. Al cierre del 2025, registró un saldo de ¢6,69 billones, tan solo detrás del Banco Nacional con ¢8,66 billones, según la información publicada por la Sugef.
El componente más relevante es su cartera de crédito, cuyo saldo fue de ¢3,82 billones y representó el 57% del activo del Banco de Costa Rica al cierre del año pasado.
Del monto prestado por el banco público, casi el 70% (¢2,61 billones) está dirigido al sector empresarial: inmobiliario, servicios, comercio y manufactura.
Bernardo Alfaro, exgerente del Banco Nacional, consideró que el BCR es una institución “apetecible” para un grupo internacional porque tiene finanzas sanas.
“El Banco de Costa Rica tiene una rentabilidad aceptable. Además, tiene una gran red de distribución en todo el país. Esto le ahorraría trabajo a cualquier interesado porque tiene una base de clientes muy amplia. Comprar el BCR para un grupo que quiere entrar fuerte sería una buena opción”, afirmó.
Alfaro incluso consideró que, en una eventual venta, podría pactarse entre dos y tres veces el patrimonio del banco, el cual finalizó en ¢767.643 millones al cierre del año pasado.
Dicha razón ubicaría al BCR en un valor de entre ¢1,5 billones y ¢2,3 billones, es decir, en un rango de $3.100 millones y $4.600 millones.
El Banco Central tasó a la entidad en el 2022 en un valor de entre $1.803 millones y $2.453 millones. El análisis tomó en cuenta al banco, así como a sus subsidiarias BCR Pensiones, BCR SAFI, BCR Fondos y BCR Corredora de Seguros.
Sin embargo, Carlos Fernández, exgerente del Banco de Costa, precisó que hay varios negocios de la institución que probablemente no continuarían en una entidad privada.
Por ejemplo, mencionó los depósitos judiciales, las cuentas corrientes del sector público o los servicios al Estado como el trámite de pasaportes, licencias, timbres, entre otros.
“Es muy difícil lograr el monto que, en su momento, estimó el Banco Central, porque la garantía del Estado (en el BCR) pesa y mucho. Si entra el Banco de Costa Rica a venderse en un proceso de forma activa, muchos clientes institucionales (gobierno, municipalidades, instituciones públicas) se irían al Banco Nacional”, consideró Fernández.
El exbanquero consideró que, si se da ese escenario, la valoración de la entidad se modifica.
“Afecta el tamaño, la liquidez y las utilidades del banco. Entonces ya no vale ni la mitad”, indicó.
Aportes parafiscales
El BCR, al igual que el Banco Nacional, tiene por ley una serie de cargas parafiscales sobre sus utilidades, las cuales, consideran los exbanqueros, dejan a la institución en desventaja respecto al resto de las instituciones del país.
Los bancos estatales deben contribuir con un 15% sobre sus ganancias al IVM; al Instituto Nacional de Fomento Cooperativo (Infocoop), un 10%; a la Comisión Nacional de Préstamos (Conape), un 5% y a la Comisión Nacional de Emergencias (CNE), un 3%.
La previsión de la entidad estatal es realizar un aporte de ¢15.104 millones a las cuatro instituciones, traslado que usualmente se ejecuta en marzo, luego de la presentación de los estados financieros auditados.
Para Fernández, si el BCR no tuviera que efectuar estas contribuciones tendría mejores resultados para capitalizar su patrimonio.
“El Banco de Costa Rica sin esos aportes es un banco muy rentable para el gobierno, porque adicionalmente también paga el impuesto sobre la renta”, consideró el exgerente.
Mensaje político
Para los dos exbanqueros, los mensajes dados por la mandataria electa no favorecen en nada la eventual venta del BCR.
“Si la entidad funciona bien, es eficiente y genera rentabilidad, pues aumenta la prima que alguien está dispuesto a pagar. Pero si digo, está quebrado, no se obtiene ni el patrimonio, nadie quiere comprar un problema, como estrategia de venta malísima”, consideró Bernardo Alfaro.
Por su parte, Carlos Fernández descartó que la administración de Laura Fernández logre el objetivo de, al menos, obtener $1.500 millones.
“Si el banco entra en un proceso de venta no van a lograr el objetivo, les va a ir muy mal cuando el interesado haga la debida diligencia”, apuntó.
