Aunque la compra y venta de joyería no es una actividad masiva, el negocio se mueve con dinamismo. Las cifras de importaciones lo confirman: en la última década se multiplicaron por más de tres.
De acuerdo con datos de la Promotora de Comercio Exterior (Procomer), las importaciones de joyería pasaron de $47,7 millones en 2016 a $166,6 millones en 2025, un incremento del 249%.
Una joya es un adorno o aderezo elaborado con metales o piedras preciosas y también aquello que tiene mucho valor, según el Diccionario del Poder Judicial de Costa Rica.
¿Qué se está importando en joyería?
El mayor peso de las importaciones durante 2025 corresponde a las manufacturas de metal precioso o chapado de metal precioso, que representaron casi la mitad de las compras, con un 48%, equivalentes a $79,8 millones.
Entre los principales productos importados también figuran las monedas, con $20,5 millones; la bisutería, con $15,9 millones; los artículos de joyería y sus partes, con $14,1 millones, y el platino, con $9 millones.
Los datos publicados en el portal estadístico de comercio exterior de Procomer muestran, además, un incremento importante en las importaciones de bisutería durante el último año. Estas pasaron de $8,9 millones a $15 millones, un aumento de 68,5%.
Las importaciones de monedas aumentaron de $8,1 millones a $20,5 millones, un crecimiento del 153%. Los principales países de origen fueron Polonia y Francia. Estos productos se concentran principalmente en una partida arancelaria específica.
Leonardo Montalbán, directivo de la Asociación Numismática Costarricense, explicó que las monedas importadas bajo esa partida arancelaria son fabricadas con metales preciosos, como el oro. Algunas son conocidas como bullions: pequeños lingotes de oro con forma de moneda que funcionan como activos de respaldo o para usos de joyería.
La tendencia al alza de las importaciones continuaba al cierre del primer semestre de 2026, cuando se ubicaron en $76,6 millones frente a los $71,6 millones del mismo período de 2025.
Rubíes, zafiros y esmeraldas
Otros productos de joyería también registraron fuertes aumentos en sus importaciones.
Las compras de rubíes, zafiros y esmeraldas pasaron de $277.300 en 2024 a $1,35 millones en 2025, un alza de 386%.
La plata semilabrada y el platino también muestran un aumento en las importaciones.
La plata semilabrada pasó de $4,6 millones a $7,3 millones en el último año, mientras que las compras de platino aumentaron de $5,5 millones a $9 millones. Esto representa incrementos de 58,6% y 63,6%, respectivamente.
El aumento en el valor de las importaciones de joyería está relacionado, en parte, con el fuerte incremento que han experimentado los precios de metales como el oro y la plata, explicó la economista Adriana Rodríguez.
El precio del oro se cotizaba este 25 de setiembre en $4.278 por onza troy, de acuerdo con datos del Banco Central de Costa Rica (BCCR). Esto representa un aumento del 17% frente a los $3.633 registrados en la misma fecha de 2025.
El metal dorado ha superado la barrera de los $5.000 durante el primer trimestre de este año.
La plata, por su parte, se ubicaba en $63,93 por onza troy, frente a los $41,43 de un año antes, un incremento cercano al 54%.
“No necesariamente significa que las familias estén comprando muchas más joyas; una parte importante puede explicarse por el mayor valor de la materia prima”, apuntó la analista en mercados financieros.
Además, Rodríguez considera que las joyas pueden verse como una oportunidad para adquirir bienes que son reservas con valor intrínseco, cuya demanda ha aumentado en los últimos años, en un contexto en el que el colón se ha apreciado significativamente frente al dólar.
La economista plantea que una joya puede funcionar cada vez más como una forma de preservar valor: es un activo relativamente fácil de transportar y, eventualmente, convertir en liquidez, y como una inversión vinculada al precio del oro y de la plata.
Para el economista Vidal Villalobos, las joyas pueden servir como una forma de diversificación y, en determinados casos, como reserva de valor, particularmente cuando contienen metales preciosos.
“Las joyas pueden constituir un activo patrimonial para las familias, pero es importante entender que su valor de transacción no necesariamente coincide con el precio que se pagó originalmente por ellas”, destacó Villalobos.
Las nuevas generaciones también muestran una perspectiva diferente sobre el uso de las joyas como activo de respaldo.
Guillermo Cavallini, propietario de una joyería con 135 años en el mercado, explicó que algunos jóvenes prefieren no utilizar oro y optan por venderlo. A su criterio, consideran que las joyas representan dinero inmovilizado y prefieren convertirlas en efectivo para comprar otros artículos o cubrir necesidades.
‘Hay demanda’
Andrea Pérez, propietaria de Joyería Maracuyá, incursionó en el mundo de la bisutería hace 12 años y relanzó la marca después de la pandemia de covid-19. Actualmente distribuye sus productos en más de 30 puntos de venta mediante negocios aliados.
La empresaria considera que hay bastante demanda de artículos de joyería y bisutería, aunque también reconoce que existe una fuerte competencia.
Las mujeres de entre 25 y 45 años constituyen el principal grupo de clientes de la marca.
Pérez recomienda para las personas que buscan vender sus joyas como fuente de ingreso, a que analicen varias opciones a la vez que consideró que el sector de joyería está saturado.
Negocio centenario
En Costa Rica todavía operan joyerías con más de un siglo de historia. Una de ellas es Joyería José Luis Cavallini, que abrió sus puertas como relojería hace 135 años, en 1891.
Guillermo Cavallini recuerda que el negocio comenzó de la mano de su abuelo, Filippo, quien llegó de Italia.
Posteriormente, su abuelo cedió la administración a su hijo José Luis, padre de Guillermo. Ahora, él dirige el negocio junto con sus tres hijas. Cavallini lleva 58 años dedicado a esta actividad.
El establecimiento tiene a la venta de una variedad de artículos de joyería, incluidos relojes. También se especializa en la reparación de joyas, que actualmente constituye una de sus principales actividades.
“Estamos viviendo prácticamente de lo que es reparación. En tiempos atrás que el oro tenía otro precio y el dólar tenía otro precio iban de la mano y era muy favorable para todo mundo. Los sueldos eran otra cosa, era muy estable”, aseguró Cavallini.
Ante el aumento en el precio del oro y la plata, el joyero ofrece descuentos para mantener las ventas. Actualmente, los artículos de plata tienen mayor demanda.
“En este momento estando el oro y plata caros yo tengo que ofrecer descuento del 10% por una sencilla razón: Yo necesito subsistir”, aseguró, al tiempo que destacó que mantiene la calidad garantizada.
En cuanto a la fabricación de joyas, Cavallini explicó que la demanda está muy relacionada con los diseños que los clientes encuentran en internet. El negocio puede reproducirlos y atender pedidos mediante tecnología 3D.
