La inteligencia artificial (IA) avanza a un ritmo acelerado y plantea constantes interrogantes sobre sus efectos en el empleo, la productividad y el crecimiento económico. Sus posibles consecuencias son objeto de debate recurrente en los foros, informes e investigaciones de organismos internacionales.
Esta transformación tecnológica ocurre, además, en un contexto de desaceleración de la economía mundial, influida por el conflicto en Medio Oriente y otras perturbaciones que amenazan las perspectivas de crecimiento, como el fenómeno de El Niño.
En este contexto, Stefano Scarpetta, economista jefe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), conversó con La Nación en el marco de la Conferencia Anual 2026 del Foro Global de Productividad del organismo, que tuvo entre sus temas centrales las implicaciones de esta tecnología.
El alto funcionario de la OCDE remarcó que no podía referirse a Costa Rica, debido a que la organización está en proceso de redacción de un informe sobre el país. A continuación, un extracto de la entrevista, realizada el pasado lunes 5 de octubre:
— Ha crecido la preocupación por la pérdida de empleos debido a la IA. ¿Podría esto generalizarse en las economías de la OCDE y ejercer presión sobre los mercados laborales de todo el mundo?
— Está por verse. La evidencia que tenemos hasta ahora sugiere que las empresas que adoptan la IA no han experimentado efectos negativos netos sobre el empleo. Hemos realizado varias encuestas a empresas, una en 2022 y otra en 2024; en todas encontramos que las compañías que utilizan IA no redujeron, en promedio, sus plantillas.
“Esto no significa que no pueda producirse pérdida de empleo en determinadas ocupaciones o en actividades específicas. Sin embargo, al mismo tiempo, los sectores más expuestos a la IA están creciendo más rápidamente en términos de empleo.
“Todavía no observamos un efecto masivo de destrucción de empleo. Por supuesto, esto podría cambiar en el futuro, porque las capacidades de la IA están mejorando a un ritmo muy acelerado. Esta tecnología puede realizar con gran rapidez una serie de actividades o tareas que antes solían desempeñar las personas”.
— ¿Cuáles ocupaciones están más expuestas a los efectos de la IA?
— Hay varios sectores involucrados, pero, en lugar de centrarnos en sectores o en puestos de trabajo, analizamos las tareas que se realizan dentro de cada ocupación. La exposición a la que me refiero se basa en lo que hacen las personas en sus empleos y lo que puede hacer la IA por ellos. Algunas ocupaciones están más expuestas porque una proporción importante de sus tareas puede realizarse con IA, al menos hasta cierto punto.
“El problema es que resulta muy difícil imaginar que la IA sustituya por completo un puesto de trabajo. Puede ejecutar determinadas tareas, pero, al menos por ahora, las personas deben revisar lo que hace la IA, verificar sus resultados y evitar errores.
“Los datos ya muestran un cambio en la demanda de habilidades. Hace apenas unos años, la programación era una competencia muy solicitada. Ahora, la demanda de esta habilidad está disminuyendo considerablemente, porque la IA puede realizar muchas de estas tareas o, al menos, ayudar a las personas a llevarlas a cabo.
“Lo que vemos aumentar significativamente es la demanda de habilidades más humanas, como la innovación, el pensamiento crítico y el trabajo en equipo; es decir, capacidades en las que, todavía hoy, las personas somos mejores que la IA”.
— ¿Las economías más grandes tienen mayores posibilidades de aprovechar los beneficios de la IA?
— No sé si depende del tamaño de la economía o de su organización y estructura. Por supuesto, algunos sectores tienen más posibilidades de utilizar la IA, como los servicios y determinadas ramas de la industria manufacturera. Por ello, países como Estados Unidos y el Reino Unido podrían beneficiarse más, dada la estructura de sus economías.
“Sin embargo, considero que todos los países, independientemente de su nivel de desarrollo, pueden beneficiarse del uso de la IA. Esto no se limita al sector privado; también se aplica al sector público.
“Pensemos en el ámbito de la salud: la IA tiene un enorme potencial para reducir las tareas administrativas que deben realizar los médicos y para servir como herramienta de apoyo a los profesionales y especialistas. También puede contribuir a la investigación y el desarrollo, donde ya se utiliza ampliamente para reducir el tiempo necesario para desarrollar y comercializar nuevos medicamentos”.
— ¿La IA complementará el trabajo de las personas o terminará por sustituirlas?
— Depende de nosotros. La IA puede realizar muchas tareas en determinados empleos, por lo que, llegados a cierto punto, la contribución humana podría volverse más limitada. Todavía no observamos esa situación, pero podría ocurrir.
“La respuesta también depende de nosotros y, concretamente, de cómo utilicemos esta tecnología. Un principio fundamental es que el uso de la IA debe estar centrado en las personas. Siempre debemos situar al ser humano en el centro de su utilización, en lugar de permitir que la tecnología haga todo lo que potencialmente es capaz de hacer”.
— La inversión en IA e infraestructura tecnológica impulsa la actividad económica, pero también genera preocupación por sus efectos sobre el empleo. ¿Qué impacto podría tener esta tecnología en la productividad?
— El impacto de la IA en la productividad es algo que todavía estamos simulando; todavía estamos analizando sus posibles efectos. La adopción de la IA generativa, en particular, es muy reciente, por lo que su impacto en la productividad se observará a más largo plazo.
“Según nuestras simulaciones, el uso generalizado de IA podría tener un efecto significativo en el crecimiento de la productividad, de entre 0,5 y 1 punto porcentual al año. Se trata de un impacto considerable que todavía no se ha materializado, pero que tiene potencial para concretarse.
“Dicho esto, mucho depende de la adopción de esta tecnología y de la capacidad de las empresas para utilizarla. Un aspecto importante es que los trabajadores cuenten con las habilidades adecuadas para trabajar con la IA.
“Una de las barreras para su adopción es la falta de personal con las habilidades necesarias, que no tienen que ser necesariamente conocimientos avanzados de tecnología digital o de IA”.
— ¿Los países necesitan desarrollar políticas específicas para gestionar los efectos económicos de la IA? ¿Cuáles?
— Así lo creo. Esta tecnología tiene un enorme potencial y sus capacidades están mejorando considerablemente. En cierta medida, aprovecharla requiere políticas adecuadas que establezcan límites y salvaguardas sobre la forma en que se utiliza.
“Esto puede hacerse de distintas maneras, mediante directrices o regulaciones, pero también eliminando los obstáculos que dificultan la adopción de la IA. Su desarrollo no necesariamente generará los resultados deseados por sí solo.
“Si queremos que la IA crezca junto con el empleo, y no en detrimento de este, necesitamos invertir en habilidades, capital humano e infraestructura, incluidos los centros de datos y los microchips. También hay otras inversiones complementarias muy importantes, como las relacionadas con la banda ancha y las conexiones de alta velocidad.
— ¿Los gobiernos deberían asumir un papel más activo en relación con la IA?
— Muchos países están desarrollando lo que se conoce como estrategias de IA. Estas permiten adoptar una visión integral de las distintas políticas necesarias para promover la incorporación de esta tecnología y, al mismo tiempo, aprovechar al máximo sus beneficios para las personas.
— ¿Están las economías de la OCDE a las puertas de una transformación económica impulsada por la IA?
— Deben estarlo. Es un gran desafío, porque la tecnología avanza muy rápido, mientras que las políticas públicas suelen tardar más en implementarse. Existe un problema relacionado con la velocidad de los cambios políticos frente a la IA y con la capacidad de las políticas públicas para adaptarse a estas transformaciones y garantizar que aprovechemos al máximo su potencial.
“No es fácil. Por eso considero importantes las estrategias de IA: permiten analizar de manera integral las distintas dimensiones que deben tomarse en cuenta. El desafío radica en que las grandes revoluciones tecnológicas anteriores tardaron en desarrollarse y utilizarse a gran escala, mientras que la IA está avanzando a una velocidad extraordinaria.
“Sus capacidades han mejorado drásticamente. Se trata de una gran oportunidad para impulsar la productividad y mejorar los niveles de vida, pero requiere respuestas de política pública muy rápidas y, además, capacidad de adaptación. Dado que la tecnología evoluciona con tanta rapidez, debemos ser ágiles para ajustar las políticas y garantizar que funcionen”.
— ¿Qué tan difícil es investigar los impactos de una tecnología que cambia tan rápidamente?
— Es muy difícil. Nuestro trabajo se basa en datos, cuya recopilación requiere tiempo, mientras que la tecnología evoluciona en cuestión de meses y, en ocasiones, incluso de días. Por eso necesitamos realizar encuestas periódicas en la OCDE para dar seguimiento efectivo al desarrollo de esta tecnología.