Cada mes, miles de mujeres en Costa Rica deben volver al estante de productos menstruales para comprar lo necesario para atender una necesidad que las acompaña durante buena parte de sus vidas. Lo que parece, entonces, un gasto pequeño puede convertirse en una suma de varios miles de colones al año.
La elección, además, ya no se limita a las tradicionales toallas sanitarias y tampones. En los últimos años han ganado espacio alternativas como las copas y discos menstruales, la ropa interior absorbente y los anillos menstruales, con diferencias en precio, duración y frecuencia de uso que terminan marcando cuánto se gasta a lo largo del año.
Andrés Calderón, ginecólogo y obstetra de la Clínica Hikma, explicó a La Nación que la menstruación dura entre cuatro y cinco días en promedio, de acuerdo con el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos (ACOG, por sus siglas en inglés).
Durante ese periodo, una mujer que utilice toallas sanitarias o tampones y los cambie cada cuatro a ocho horas podría requerir entre tres y seis productos al día. No obstante, Calderón aclaró que esta cantidad puede ser considerablemente mayor en casos de flujo abundante.
Los resultados mostraron que las toallas y los tampones implican un gasto recurrente mayor, con desembolsos anuales de hasta ¢46.800 y ¢51.540, respectivamente, mientras que una copa menstrual puede adquirirse por hasta ¢25.000 y utilizarse durante varios años.

Ejercicio comparativo
Para estimar el costo anual de algunas de estas alternativas, La Nación realizó un ejercicio comparativo a partir de los precios de tres productos menstruales disponibles en cuatro cadenas de supermercados con presencia nacional.
Los datos fueron recopilados el 5 de setiembre en las páginas web de Auto Mercado, Masxmenos, Walmart y MaxiPalí. El análisis se concentró en tampones, toallas sanitarias y copas menstruales, por ser algunas de las opciones de uso más frecuente.
Para hacer el ejercicio de cálculo, se tomó como referencia la indicación del doctor Calderón de cambiar la toalla sanitaria o el tampón cada cuatro a ocho horas. Así, para un periodo de cuatro a cinco días, el consumo podría oscilar entre 12 y 30 productos por menstruación, dependiendo de la frecuencia de cambio.
En ese sentido, para estimar el gasto mensual se consideraron los paquetes disponibles en el mercado que permitieran cubrir ese rango de consumo, según la cantidad de unidades que contiene cada presentación.

Toallas sanitarias: el mejor costo en productos desechables
Los precios recopilados muestran que las toallas sanitarias son, en términos generales, la alternativa de menor costo inicial entre los productos analizados. Las presentaciones consultadas registraron precios de entre ¢2.025 y ¢3.900, para paquetes que contienen desde 12 o 14 unidades hasta 32 toallas.
En el caso de los tampones, los precios fueron ligeramente superiores. Las presentaciones consultadas registraron valores de entre ¢2.300 y ¢4.295, para paquetes que contienen desde 8 o 10 unidades hasta 18. Las diferencias responden tanto al establecimiento como a la cantidad incluida en cada presentación.
La copa menstrual, por su parte, implica un desembolso inicial considerablemente mayor: los precios encontrados estuvieron entre ¢12.730 y ¢25.000. Sin embargo, su costo no puede compararse directamente con el de las alternativas desechables, debido a que se trata de un producto reutilizable que puede utilizarse durante un periodo prolongado.
De acuerdo con Calderón, una copa menstrual puede tener una vida útil de entre cinco y diez años, siempre que se utilice y mantenga de manera adecuada e higiénica.
El desembolso anual por producto
El cálculo anual evidencia una diferencia importante entre las alternativas desechables y la copa menstrual. Mantener el uso de toallas durante un año implicaría un desembolso de entre ¢24.300 y ¢46.800, mientras que en el caso de los tampones la suma ascendería a entre ¢27.600 y ¢51.540.
La diferencia resulta más evidente al comparar esos montos con el precio de una copa menstrual, cuyo costo inicial se ubica entre ¢12.730 y ¢25.000. Es decir, incluso en el extremo superior, adquirir una copa puede representar un desembolso menor que lo que se destinaría durante un año a la compra de toallas o tampones.
Aunque la copa requiere una inversión inicial mayor que una sola compra de productos desechables, su carácter reutilizable cambia por completo el cálculo a largo plazo.
En términos económicos, esto significa que el mayor costo inicial de la copa puede compensarse en poco tiempo. Mientras una persona que utiliza toallas o tampones debe repetir el desembolso mes tras mes, quien opta por una copa puede distribuir su costo a lo largo de varios años, lo que potencialmente genera un ahorro considerable.
Por ejemplo, en un periodo de cinco años, el uso de toallas sanitarias podría representar un desembolso de hasta ¢234.000, mientras que optar por tampones supondría un gasto de hasta ¢257.700.
En cambio, una copa menstrual implicaría un único pago de aproximadamente ¢25.000, siempre que se mantenga en condiciones adecuadas durante ese periodo.

¿Existe una opción más segura que otra?
De acuerdo con el doctor Calderón, los productos de higiene menstrual pueden ser opciones seguras cuando se utilizan correctamente. No obstante, señaló que no existe evidencia suficiente para afirmar que alguno sea universalmente “el más seguro”.
En ese sentido, la elección dependerá de factores como la comodidad, cantidad de sangrado, preferencias, acceso a agua, higiene, costo y condiciones particulares de cada persona.
Calderón explicó que la mayoría de quienes menstrúan pueden utilizar cualquiera de estas alternativas, aunque algunas pueden resultar más adecuadas según sus necesidades. Por ello, destacó la importancia de individualizar la recomendación para cada paciente.
“(Todos los productos) pueden ser seguros si se utilizan correctamente. Lo más importante es respetar los tiempos de cambio, mantener una adecuada higiene, utilizar la capacidad de absorción apropiada y elegir el producto que resulte cómodo para cada persona”, aseguró Calderón.
