Los consumidores en Costa Rica enfrentarían precios más altos en los próximos meses debido al encarecimiento de los combustibles, que elevaría los costos de transporte y de producción, explicó Róger Madrigal, presidente del Banco Central de Costa Rica (BCCR).
Madrigal advirtió de que el efecto del encarecimiento de los hidrocarburos todavía no impacta al país.
“La historia de los combustibles no la hemos terminado de ver (...) La película no ha terminado, el fenómeno no ha terminado de manifestarse”, dijo a La Nación.
La alerta del jerarca llega en un momento en que, por primera vez en tres años y ocho meses, el diésel cuesta más que las gasolinas en Costa Rica. Actualmente, el litro se vende a ¢785, frente a ¢764 de la gasolina súper y ¢719 de la regular. Sin embargo, estas tarifas se encaminan a subir.
El pasado 9 de octubre, la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope) solicitó a la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep) nuevos aumentos en los precios de los combustibles. De aprobarse el ajuste, el litro de diésel subiría a ¢816, mientras que la gasolina súper alcanzaría los ¢806 y la regular, los ¢808.
Karla Montero, presidenta de Recope, explicó en ese momento que las tensiones internacionales y los riesgos que enfrenta el suministro mundial se reflejan en los precios que paga Costa Rica por los hidrocarburos.
El 15 de octubre, el barril de petróleo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) subió y se ubicó en $97,97. En contraste, el Brent del mar del Norte, referente internacional, registró una leve baja y cerró en $105,92.
El efecto en los precios
El incremento del precio internacional del petróleo eleva el costo de importación de los combustibles y esto se refleja en el alza de los precios internos.
El presidente del Banco Central advirtió, durante la sesión de la Junta Directiva del Banco Central del pasado 23 de setiembre, que la subida en el costo del diésel podría trasladarse a los precios finales.
Sin embargo, señaló que ese efecto no necesariamente se reflejaría “tan directamente” en el índice de precios al consumidor (IPC), que mide la variación de los precios de 293 bienes y servicios del consumo de los hogares.
“Hay un incremento significativo en el precio del diésel y la pregunta para nosotros es ¿cuándo lo vamos a ver en precios? No lo vamos a ver tan directamente en el IPC por el peso tan pequeño que tiene, pero lo veremos, probablemente, en el índice de precios al productor y más adelante, unos meses adelante, dos, tres meses, depende de cuánto tiempo, lo vamos a ver en precios (a los consumidores)“, señaló Madrigal, según consta en el acta de la sesión 6344-2026.
“La mayor parte del consumo de diésel sí es para uso comercial y el IPC lo que trata de capturar es el consumo de los hogares”.
— Róger Madrigal, presidente del Banco Central
Según datos del ente emisor, los consumidores destinan alrededor del 5,7% de su gasto de consumo a adquirir combustibles.
“La gente de su gasto total lo que compra (de combustibles) es para viajar, transporte, y eso está está medido”, dijo Madrigal a La Nación, luego de anunciar que la tasa de política monetaria (TPM) se mantendría en un 3% anual.

Sin embargo, apuntó que el impacto más importante del encarecimiento de los combustibles podría manifestarse por otra vía: el aumento de los costos de transporte y producción, que eventualmente se trasladaría a los precios pagados por los consumidores.
“El verdadero impacto, el impacto mayoritario, es en el transporte y los costos de producción. Eso tarda más en llegar a los precios finales. Entonces puede ser que haya un efecto rezagado y no lo hemos visto”, dijo Madrigal a La Nación.
El antecedente del 2022
Las nuevas alzas solicitadas se producen en un contexto internacional que vuelve a presionar el costo de los hidrocarburos. Esta situación es similar a lo que ocurrió en el 2022, cuando el diésel y las gasolinas superaron los ¢1.000 por litro.
En junio de ese año, el diésel alcanzó los ¢1.012 por litro, su máximo histórico. La gasolina súper llegó a ¢1.062 y la regular a ¢1.024; ambas alcanzaron sus máximos en agosto del 2022.
En aquel momento, la Aresep atribuyó los aumentos a las alzas en los mercados internacionales, en medio de la invasión de Rusia a Ucrania.
Según el análisis técnico de la entidad, el conflicto dificultó la disponibilidad de buques petroleros dispuestos a hacer escalas en puertos rusos, lo que repercutió en la oferta mundial de petróleo y sus derivados.
A esa presión internacional se sumó el aumento del tipo de cambio en Costa Rica, que en junio del 2022 se acercó a los ¢700 por dólar. Esta variable también incide en el costo local de los combustibles, pues el país debe pagar esas compras en moneda estadounidense.
El encarecimiento de los combustibles y de otros bienes contribuyó a que la inflación siguiera su tendencia al alza. En junio del 2022, la variación interanual del índice de precios al consumidor (IPC) ya se encontraba en dos dígitos y alcanzó un máximo de 12,13% en agosto de ese año.
El contexto local actual, sin embargo, es distinto al del 2022. El tipo de cambio hoy se ubica por debajo de ¢460 por dólar y la inflación interanual volvió a terreno positivo, tras permanecer 16 meses consecutivos en negativo.
Ahora bien, los precios internacionales del petróleo siguen presionando el costo de las importaciones de combustibles, esta vez en medio de las tensiones en Oriente Medio, los riesgos en las rutas petroleras y la reducción de las reservas mundiales.
A esa incertidumbre se sumó el anuncio del gobierno del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que preparaba un plan para prohibir durante 90 días las exportaciones de diésel. Sin embargo, a inicios de octubre del 2026 lo descartó.
La situación es relevante para Costa Rica, que depende de las importaciones para abastecer su consumo de combustibles y está expuesta a las variaciones de los precios internacionales y a posibles cambios en las condiciones de suministro.
“Costa Rica no está al margen de la realidad. Importamos el 100% de los combustibles que consumimos, por lo que las variaciones en la oferta, la demanda y los costos internacionales de compra se reflejan en las tarifas nacionales”, detalló la presidenta de Recope, el pasado 9 de octubre.
Recope confirmó a La Nación que el 100% del diésel importado proviene de Estados Unidos.
La entidad señaló que, ante eventuales cambios en las condiciones de suministro, valoraría otras alternativas, pues existen más países que comercializan ese combustible. Esa evaluación tomaría en cuenta las condiciones de compra y la disponibilidad del producto.
A setiembre del 2026, Costa Rica importó un total de 19.848.222 barriles de combustibles, un 5,5% más que los 18.806.527 barriles importados en el mismo periodo del 2025, de acuerdo con los datos de la Refinadora.
Presión inflacionaria
Karol Fernández, economista de Mercado de Valores, resumió que el precio de los combustibles ya tiene varios meses en niveles elevados y, de acuerdo con la evolución del conflicto en Medio Oriente, no se esperaría una baja importante en los próximos meses.
“Más bien, la Agencia de Energía de Estados Unidos proyecta que el WTI se ubique alrededor de los $80 por barril en gran parte del 2027. Esto, evidentemente, representa un riesgo inflacionario que va más allá del precio de las gasolinas, y comienza a trasladarse de forma más persistente hacia otros bienes y servicios”, agregó Fernández.
De acuerdo con la economista, esto cobra especial relevancia en un contexto donde la inflación ha venido normalizándose desde niveles históricamente bajos. Por ello consideró que aumentos persistentes en los precios internacionales del petróleo podrían acelerar ese proceso de convergencia hacia el rango de tolerancia del Banco Central, que es de ±1 punto porcentual alrededor de la meta del 3%.
Por su parte, Daniel Ortiz, socio director de la firma Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), mencionó que mayores precios de combustibles, impactan al sector empresarial, principalmente del lado de los costos de producción.
“Del petróleo se desprenden no solo combustibles, se desprenden empaques, se desprenden algunas medicinas, algunos productos de higiene personal, algunos productos de la construcción y por eso se genera un efecto cascada en los precios”, dijo Ortiz.
Más dólares para combustibles
Además de incidir en los precios internos, el encarecimiento internacional de los combustibles aumenta el monto que Costa Rica debe pagar por sus importaciones.
De acuerdo con datos de Recope, a setiembre del 2026 la factura petrolera ascendió a $2.267 millones, un 44,77% más que los $1.566 millones registrados en el mismo periodo del 2025. El monto acumulado a setiembre también supera en 13% la factura petrolera de todo el 2025.
Una factura más elevada implica un mayor requerimiento de divisas para pagar las importaciones de combustibles.
“El país sí ha tenido que pagar más dólares, se han demandado en el Monex (Mercado de Monedas Extranjeras). Dado que hay un superávit, se ha podido hacer frente a eso, sino el superávit hubiera sido mayor”, dijo el jerarca del Central a este diario.
Durante la sesión de la Junta Directiva del BCCR del pasado 16 de setiembre, Jorge Guardia, miembro del órgano, comentó que será necesario observar cómo reacciona el mercado costarricense, particularmente el cambiario, ante nuevos aumentos en los precios del petróleo.
“La vez pasada no reaccionó, cuando subieron los precios del petróleo, ahora tenemos que esperar a ver qué pasa”, aseveró.
Por su parte, la economista de Mercado de Valores advirtió que un mayor costo de la factura petrolera podría generar presiones al alza sobre el tipo de cambio, debido a la mayor demanda de divisas por parte de Recope.
