
Un vómito fosilizado de 290 millones de años permitió a un grupo de científicos reconstruir la dieta de un depredador que vivió mucho antes de los dinosaurios. El hallazgo se publicó a finales de enero en la revista Scientific Reports y corresponde al regurgitalito terrestre más antiguo identificado hasta ahora.
El fósil data del Pérmico Inferior y se localizó en el yacimiento de Bromacker, en el centro de Alemania. En esa época, la zona formaba parte de un valle montañoso ubicado en la región central del supercontinente Pangea.
Un retrato directo de la cadena alimentaria
El material contiene 41 fragmentos óseos parcialmente digeridos y bien conservados. Los restos pertenecen al menos a dos pequeños reptiles similares a lagartos y a un anfibio. También se identificó un hueso de la extremidad de un herbívoro de mayor tamaño.
Según explicó Arnaud Rebillard, del Museo de Historia Natural de Berlín, el hallazgo funciona como una imagen precisa de un momento del pasado. Indicó a Science News que el fósil ofrece información directa sobre el animal que habitaba ese ecosistema.
El regurgitalito aporta nuevas evidencias sobre las cadenas alimentarias terrestres previas a los dinosaurios. Además, amplía el conocimiento sobre la organización de los ecosistemas continentales en ese periodo.
Tecnología 3D para analizar cada hueso
Paleontólogos descubrieron los fósiles en 2021. Desde entonces realizaron un análisis detallado mediante digitalización 3D con microtomografía de rayos X.
Los modelos digitales mostraron huesos de distintos animales agrupados en un mismo conjunto. Esa disposición confirmó que los restos provenían del sistema digestivo de un solo depredador.
Los análisis químicos detectaron una matriz que rodeaba los huesos. El material resultó pobre en fósforo. Esa característica descartó que se tratara de heces fosilizadas. Un excremento presenta mayores concentraciones de ese mineral.
¿Reptil o antepasado de mamíferos?
El depredador que expulsó los huesos no se identificó con certeza. Los investigadores consideran que pudo tratarse de un animal similar a los actuales lagartos monitores o al dragón de Komodo.
Entre las hipótesis más probables figuran Dimetrodon o Tambacarnifex. Ambas especies tenían apariencia reptiliana. Sin embargo, pertenecían al grupo de los sinápsidos.
Los sinápsidos incluyen a los mamíferos y a sus parientes extintos. El hallazgo refuerza el vínculo evolutivo entre estos animales.
Varios depredadores actuales regurgitan huesos y partes difíciles de digerir tras alimentarse. Aunque no existe confirmación absoluta sobre el motivo del fósil, los científicos consideran esta explicación como la más plausible.
Una escena precisa en el tiempo
Los expertos determinaron que los tres animales identificados en el vómito fueron devorados por un mismo depredador. Rebillard señaló que esos animales vivieron en el mismo lugar y en un periodo muy cercano. La diferencia pudo ser de una semana o incluso de un día.
El sitio de Bromacker conserva un registro excepcional de un ecosistema terrestre primitivo. Los primeros depredadores capaces de moverse en tierra firme solían habitar ambientes semiacuáticos. Su dieta se limitaba a crustáceos y peces.
Por esa razón, los fósiles de heces y vómitos son mucho más raros en ambientes continentales que en acuáticos. Estos restos constituyen pistas valiosas para estudiar la fauna terrestre antigua y sus redes alimentarias.
El científico subrayó que se trata de ecosistemas con casi 300 millones de años. Añadió que contar con una referencia temporal tan precisa sobre animales que coexistieron en el mismo espacio resulta especialmente relevante para la paleontología.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
