
Los cambios recientes en el lago del volcán Chichón, en el estado de Chiapas, México, así como el aumento de la actividad sísmica en sus laderas, han llevado a especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a insistir en la necesidad de reforzar el monitoreo geoquímico y sísmico del coloso.
De acuerdo con la investigadora Patricia Jácome Paz, del Departamento de Recursos Naturales del Instituto de Geofísica de la UNAM, las variaciones físico-químicas observadas en el lago del cráter son indicios claros de que se trata de un sistema volcánico activo, según explicó durante una conferencia del Seminario de Vulcanología de esa institución, citada por la Dirección General de Comunicación Social de la UNAM.
El lago se formó tras la erupción de gran magnitud ocurrida en 1982, dentro de un cráter de aproximadamente un kilómetro de diámetro y 200 metros de profundidad. Según detalló la académica, se trata de un lago hidrotermal de color turquesa, con aguas sulfurosas que alcanzan temperaturas cercanas a los 100 grados Celsius, de acuerdo con información divulgada por la Gaceta UNAM.
Jácome Paz indicó que desde hace más de 20 años se toman muestras del lago, lo que ha permitido detectar cambios recientes en los flujos de solutos de todo el sistema hidrotermal. Según la investigadora, el lago pasó de estar dominado por algas a presentar una composición rica en sulfatos y sílice, una característica que confirma su actividad volcánica.
Otro de los hallazgos relevantes es la presencia de esferas huecas de azufre nativo en el agua. De acuerdo con la especialista, estas se forman por el burbujeo de gases a través de una poza de azufre líquido en el fondo del lago. Las esferas flotan por un tiempo limitado antes de romperse y evidencian temperaturas que pueden alcanzar hasta los 118 grados Celsius en el subsuelo del cráter.
La actividad del volcán no se limita a los cambios geoquímicos. Según datos del Instituto de Geofísica de la UNAM, entre 2021 y 2025 se han registrado más de 3.100 sismos de baja magnitud en las laderas del Chichón, con valores de hasta 3,8. Esto equivale a un promedio de entre seis y siete temblores diarios, aunque en algunas jornadas se han contabilizado más de 140 eventos.
La investigadora explicó que estos enjambres sísmicos son monitoreados de manera conjunta por especialistas del Instituto de Geofísica, el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred) y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, quienes emiten reportes periódicos sobre el comportamiento del volcán.
Además, del fondo del lago se registra una emisión constante de gases hacia la superficie. Según advirtió Jácome Paz, estas emanaciones pueden provocar afectaciones a la salud humana, un riesgo que se incrementa debido a la actividad turística en la zona, pese a las advertencias oficiales sobre los peligros que implica el acercamiento al cráter.
La académica recomendó fortalecer la colaboración entre vulcanólogos, especialistas en gestión del riesgo, equipos de monitoreo comunitario y expertos en comunicación social, con el fin de interpretar los datos de manera integral y emitir alertas oportunas a la población.