
Taylor Swift no solo ha dejado su nombre en la música. Ahora también aparece en la clasificación científica de insectos australianos, después de que dos investigadoras describieran 12 nuevas especies y cinco nuevos géneros.
Uno de esos géneros recibió el nombre de Swiftiephylus, en referencia a los “Swifties”, como se conoce a los seguidores de la cantante. Dentro de él, las investigadoras describieron cuatro especies cuyos nombres homenajean directamente a Swift y a algunos de sus álbumes.
Swiftiephylus taylorae toma su nombre de la propia cantante. Las otras tres especies hacen referencia a los álbumes Lover, Fearless y The Tortured Poets Department: Swiftiephylus amator, Swiftiephylus intrepidus y Swiftiephylus poetorum, respectivamente.
Detrás de estos nombres hay ejemplares recolectados en Australia entre 1995 y 2004 que permanecían en colecciones de museos sin una descripción científica formal. Sarah Schroeder y Christiane Weirauch, de la Universidad de California en Riverside, examinaron 593 especímenes para determinar cuáles correspondían a especies que todavía no habían sido descritas.
El trabajo, publicado en la revista Insect Systematics & Evolution, permitió identificar 12 nuevas especies distribuidas en cinco géneros también nuevos. Los insectos pertenecen a Phylinae, una subfamilia de Miridae, la familia más grande de los llamados “chinches verdaderos”, con más de 11.000 especies descritas en el mundo.
Las nuevas especies tienen además algo en común: fueron recolectadas en árboles y arbustos australianos conocidos como sheoaks, pertenecientes a la familia Casuarinaceae.
Es allí donde su apariencia se vuelve científicamente interesante. Varias presentan una combinación de tonos crema con franjas o manchas rojizas. Las plantas sobre las que viven también producen estructuras reproductivas de colores rojos o anaranjados.
Esta coincidencia llevó a las investigadoras a plantear que los colores podrían funcionar como coloración críptica: una apariencia que ayuda a los insectos a confundirse visualmente con las plantas sobre las cuales viven.
El parecido resulta todavía más llamativo porque no aparece únicamente entre parientes cercanos. El análisis ubica a las nuevas especies en tres grupos evolutivos distintos. Otros insectos lejanamente relacionados que viven sobre Casuarinaceae también presentan combinaciones semejantes de crema y rojo.
Las autoras plantean por eso una posible evolución convergente. Este proceso ocurre cuando organismos de diferentes linajes desarrollan de manera independiente características similares. En este caso, los patrones de color asociados con estas plantas habrían aparecido al menos tres veces dentro de los Phylinae australianos.
El artículo, sin embargo, no prueba experimentalmente que esos colores funcionen como camuflaje. La semejanza entre los insectos y las plantas permite plantear esa posible función.
Para establecer cuáles ejemplares representaban especies diferentes, Schroeder y Weirauch compararon su anatomía. Midieron distintas partes del cuerpo, estudiaron estructuras genitales y utilizaron microscopía electrónica para observar características difíciles de distinguir a simple vista.
También tomaron en cuenta análisis moleculares sobre las relaciones evolutivas de estos insectos para determinar dónde debían ubicarse 11 de las 12 nuevas especies dentro de su clasificación.
