A principios de este año, Burger King anunció el lanzamiento de Patty, un chatbot de IA integrado en los auriculares que controla si los cajeros se olvidan de decir “por favor” y “gracias”, y avisa cuando se está acabando el refresco de la máquina.
Los avances en inteligencia artificial, cámaras, sensores y software de seguimiento han otorgado a los empleadores un poder sin precedentes para vigilar a sus empleados. Ahora observan la ubicación física de los trabajadores, la duración y el contenido de las llamadas telefónicas, las pulsaciones de teclado por minuto e incluso el tono y el timbre de las conversaciones con los clientes.
Ahora, mientras las empresas buscan nuevas formas de vigilar a sus empleados, los investigadores analizan detenidamente las consecuencias de la vigilancia constante.

La vigilancia de los empleados se ha convertido en una práctica habitual en múltiples sectores y lugares de trabajo. Los repartidores de paquetes o pizzas están cada vez más vigilados por sistemas de vigilancia basados en inteligencia artificial. A muchos empleados de los almacenes de Amazon se les realiza un seguimiento continuo mediante escáneres de mano, lectores de tarjetas de identificación y software de las estaciones de trabajo.
Las tecnologías que controlan a los empleados resultan muy atractivas para los directivos de las empresas, afirma Cornelius König, investigador en psicología de la Universidad del Sarre, en Alemania. Los directivos pueden creer que una vigilancia estrecha ayuda a identificar a los empleados con mejor rendimiento, a aumentar la eficiencia o a mejorar la seguridad, explica.
Sin embargo, en la práctica, esos beneficios son difíciles de alcanzar. Cuando König revisó los estudios sobre la vigilancia de los empleados en el Annual Review of Organizational Psychology and Organizational Behavior de 2025, encontró pocos indicios de que la vigilancia electrónica mejorara el rendimiento. “Mi conclusión general es que [la vigilancia] no va a tener tanta importancia como suponen los empleadores”, afirma.
A pesar de la falta de pruebas, se prevé que el mercado mundial de la tecnología de vigilancia de los empleados supere los 4.000 millones de dólares en 2026, en gran parte gracias a las grandes empresas de Norteamérica. Una investigación del New York Times en 2022 reveló que ocho de los diez mayores empleadores privados de EE. UU., entre ellos United Parcel Service, Amazon y UnitedHealth Group, realizaban un seguimiento de los indicadores de productividad de cada trabajador, a menudo en tiempo real.
Amazon Web Services vende miles y miles de programas de software para la vigilancia de los empleados, afirma Michele Molè, investigador en derecho laboral de la Universidad de Groninga, en los Países Bajos. Incorporar una aplicación de vigilancia al lugar de trabajo puede ser tan fácil como descargar Spotify, explica. Pero en lugar de música, las empresas obtienen un flujo de datos sobre cómo se comporta cada empleado en cada minuto de su jornada.

Las empresas que esperan aumentar el rendimiento de su plantilla mediante la vigilancia se enfrentan a un obstáculo fundamental en la naturaleza humana, afirma König. Los trabajadores pueden mejorar su rendimiento momentáneamente, pero tienden a volver a sus rutinas habituales. “Se acostumbran”, afirma. En su análisis, señaló la creciente evidencia de que ni siquiera las cámaras corporales que llevan los policías —un ejemplo de vigilancia especialmente notorio y de gran repercusión— cambian de forma significativa el comportamiento ni de la policía ni del público a largo plazo.
Cuando los trabajadores sí responden a la vigilancia, pueden producirse consecuencias no deseadas. Un estudio de 2020 reveló que los conductores de camiones sometidos a vigilancia electrónica eran menos propensos a superar los límites diarios de horas de conducción, pero también tenían más probabilidades de sufrir accidentes.
König no es el único escéptico.
“En realidad hay muy pocas pruebas de que la mera implantación de la vigilancia de los empleados vaya, por sí sola, a aumentar la productividad o el rendimiento”, afirma Daniel Ravid, investigador en administración de la Universidad de Nuevo México.
Ravid llevó a cabo un metaanálisis en 2022 que combinó los resultados de estudios en los que participaron más de 23.000 sujetos en experimentos de laboratorio y entornos laborales, incluidos trabajadores de centros de atención telefónica y oficinas, así como policías de patrulla. En conjunto, los estudios no encontraron ninguna correlación entre los niveles de vigilancia y el rendimiento de los empleados.
Esto se debe, en parte, a que algunos empleados encuentran formas de eludir la vigilancia, aunque eso signifique pulsar el teclado de vez en cuando mientras leen un libro durante la hora de comer.
“Las personas son increíblemente creativas y adaptables, y encontrarán formas de reafirmar su libertad cuando esta se vea amenazada o les sea arrebatada”, afirma Ravid.
El metaanálisis de Ravid reveló que cualquier tipo de vigilancia tendía a aumentar el estrés en el lugar de trabajo.
“Creo que cualquier cosa que socave el sentido de la dignidad también va a socavar la actitud de los empleados”, afirma.
Un estudio de 2024 realizado con más de 3.500 trabajadores en Canadá puso de relieve los posibles inconvenientes de la vigilancia: los empleados que percibían que estaban siendo vigilados en el trabajo afirmaron que sentían más presión y estrés, y menos autonomía y privacidad en el ámbito laboral.
En la era de la “datificación”, no es de extrañar que las empresas busquen nuevos indicadores para evaluar a sus empleados, afirma Kirstie Ball, investigadora en administración de la Universidad de St. Andrews, en Escocia.
“La recopilación sistemática de datos sobre las personas y lo que hacen forma parte integrante de la modernidad”, afirma. “La vigilancia se convierte en un medio para conseguir que se hagan las cosas”.
Pero no todas las empresas saben cómo sacar partido a todos esos datos, señala Ball. “Hay muchos escollos en el camino. ¿Estás midiendo lo que crees que estás midiendo? ¿Estás interpretando los datos correctamente de acuerdo con el propósito para el que los recopilaste, o los estás analizando simplemente porque puedes?”
La vigilancia de los empleados sin un plan coherente para utilizar los datos se ha convertido en una práctica habitual en las empresas modernas, señala König. Muchos centros de trabajo acaban recopilando datos simplemente porque disponen de la tecnología, no porque la vigilancia respalde la estrategia empresarial global de la compañía.
“Acaban con terabytes de datos en algún disco duro, pero no saben qué hacer con ellos”.
La vigilancia moderna es, por naturaleza, un proceso electrónico, pero las empresas no pueden limitarse a instalar una aplicación y esperar resultados, afirma Ravid.
“Si los directivos piensan que disponen de una forma perfecta de medir el rendimiento por el mero hecho de contar con tecnologías avanzadas, están equivocados. Siguen necesitando la visión humana y el diálogo para contextualizar esos datos”.
Las leyes que protegen a los empleados de una vigilancia excesivamente invasiva no han seguido, en general, el ritmo de la tecnología, afirma Molè, autor del libro Monitored at Work (Vigilado en el trabajo), publicado en 2026. La Unión Europea cuenta con leyes estrictas en materia de privacidad de los empleados, con protecciones legales adicionales en Italia, España, Francia y Alemania, pero los trabajadores de EE.UU. disponen de muchas menos garantías y son más propensos a ser sometidos a un escrutinio minucioso.
En la letra pequeña que acompaña al software de vigilancia pueden acechar otros problemas legales. Los jefes que descargan aplicaciones de vigilancia que no pueden personalizar están, en esencia, permitiendo que empresas externas tomen el control de los datos de sus empleados sin apenas supervisión ni conocimiento de cómo podrían utilizarse dichos datos. “Necesitamos más leyes laborales dirigidas a los proveedores de tecnologías”, afirma Molè.
El éxito es, sin duda, posible. Las diademas que registran las ondas cerebrales pueden parecer invasivas, pero una empresa minera australiana descubrió que esa tecnología ayudó a reducir casi a cero los accidentes relacionados con la fatiga.
Las nuevas tecnologías seguirán sumándose a las filas de Patty, de Burger King, y otros dispositivos de vigilancia en el mundo laboral moderno. Pero si las empresas no cambian su enfoque básico, es probable que los resultados sean los mismos: recelo y confusión entre los empleados y pocos beneficios tangibles para los empleadores.
Este artículo apareció originalmente en Knowable en español, una publicación sin ánimo de lucro dedicada a poner el conocimiento científico al alcance de todos. Suscríbase al boletín de Knowable en español.