Salud

Zika y chikunguña: de miles de casos por año a solo unas pocas decenas ¿qué sucedió?

Ambas enfermedades son transmitidas por el mismo mosquito del dengue, pero diferencias entre estos virus hacen a uno prevalecer mucho más que los otros

Una enfermedad cuyo nombre es difícil de pronunciar, chikunguña o chikungunya, fue la que vino a enseñar en Costa Rica que el zancudo Aedes aegypti no solo transmitía el ya conocido dengue.

Aunque menos mortal que el dengue, la chikunguña puede dejar como consecuencia dolores articulares muy fuertes que restan calidad de vida. Aquí comenzó a asomarse en el 2014.

Dos años después conocimos a otra, el zika, transmitida por el mismo zancudo. Esta es aún menos letal que las otras dos, pero con un síndrome congénito que puede afectar a los bebés en gestación y causarles malformaciones.

En los primeros años ambas enfermedades afectaron a miles de personas. La chikunguña dejó 4.912 pacientes en 2015 y 3.612 en 2016. El zika afectó a 1.649 en 2016.

Sin embargo, a partir de 2018 el primer virus comenzó a bajar de forma importante, un año después lo hizo el segundo. El año pasado, hubo 34 casos de chinkunguña y 56 de zika. Para el 2022, la baja podría ser mayor pues a la semana epidemiológica 23, que iba del 5 al 11 de junio, se registraban 5 y 16 pacientes, respectivamente.

¿A qué se deben estos números? Para la viróloga Eugenia Corrales Aguilar, quien ha estudiado ambos virus, no hay una respuesta definitiva, pero sí varias hipótesis de los factores que, sumados, podrían explicar la reducción de casos. El director del Programa Nacional de Enfermedades Vectoriales del Ministerio de Salud, Rodrigo Marín Rodríguez, es de la misma opinión.

Para Marín, una explicación probable es que las personas solo se contagian una vez, o bien, que la inmunidad que se genera es mucho más prolongada.

La diferencia con el dengue es que de este hay cuatro serotipos y una infección protege contra el mismo serotipo, pero no contra los otros tres. En este momento, en Costa Rica circulan los serotipos uno y dos, por lo que las personas podrían enfermar más de una vez si entran en contacto con serotipos diferentes; en otros momentos se ha tenido circulación de tres e incluso de los cuatro.

“Y no sabemos la inmunidad hasta qué punto llega, cuánto podría durar”, admitió Marín.

Esta sería una de las razones por las cuales el dengue ha estado presente desde 1993, y aunque ya no se ven la cantidad de casos que se veían en años anteriores, en lo que va de 2022 ya suman más de 1.500 enfermos, muy superior a lo visto con zika y chikunguña.

“También estaban compitiendo las tres enfermedades en un momento determinado, ya eso no lo vemos”, recordó.

Para Corrales, hay otra explicación que está relacionada con el vector, el Aedes aegypti. Hay varias publicaciones donde se dice que el mosquito tiene cierta competencia entre los virus que acarrea, que hay un virus más dominante.

“Si el dengue está ahí primero, probablemente siga siendo más dominante en el mosquito”, dijo.

Según la viróloga, en el caso de zika, el 85% de las personas son asintomáticas y las que sí presentan, estos son leves, incluyen cuadros febriles, dolor muscular y dolor de cabeza. Todos estos pueden confundirse con otras enfermedades, por lo que no se sospecha.

La excepción son las embarazadas. A quienes tienen estos síntomas sí se les tamiza por zika para evitar la posibles consecuencias del síndrome congénito provocado por la enfermedad.

Por esa razón, podría existir un subregistro, aún más en los últimos dos años, dado que estos síntomas son similares a los de covid-19. De ahí que los datos deben tomarse con cuidado.

Según Corrales, hay otra hipótesis que se ha discutido con otros tipos de enfermedades transmitidas por vectores, y es que, cuando estos virus llegan a un nicho donde las personas ya tienen cierta inmunidad contra una enfermedad, hay cierta protección cruzada.

“Es decir, en una comunidad donde hay mucho dengue y de repente llega zika entonces las personas tienen cierta protección cruzada, entonces que el virus que llegó después no sobrepase al primero, ni compita”, expuso.

La reducción de chikunguña no solo se ha visto en Costa Rica, sino también en otros países de América Latina. La enfermedad estuvo fuerte durante unos dos o tres años y luego bajó, no logró establecerse.

“En teoría la chikunguña da una vez. Muy probablemente el virus dejó de circular tanto porque hay un nivel de inmunidad”, insistió Marín.

La viróloga coincidió: “Con chikunguña hay una particularidad, que no solo se vio en Costa Rica. En otros países de América Latina se vio que no logró establecerse como se estableció el dengue”.

Otro aspecto a considerar son las consecuencias a largo plazo de la chikunguña en algunos pacientes, las cuales difícilmente pasan desapercibidas. Las lesiones musculares y los dolores articulares violentos obligan a las personas a buscar ayuda. Si la enfermedad tuviera un subregistro significativo estos casos más graves se estarían viendo, pero no es así.

Lo que llama la atención, según Corrales, es que entre dengue y chikunguña no hay una protección cruzada como sí existe entre dengue y zika.

“Los anticuerpos que yo tengo contra dengue no me protegen contra chikunguña, me protegen parcialmente contra zika, pero chikunguña y dengue son de familias aparte y no hay tanta protección cruzada”, recalcó.

Ambos especialistas coinciden en que, aunque sean muy pocos los casos por estas enfermedades, la guardia debe mantenerse alta para minimizar los riesgos de nuevos brotes.

La ventaja es que al ser transmitidas por el mismo zancudo, la forma de protegerse es una sola : eliminar criaderos, es decir aquellos reservorios de agua limpia donde la hembra del mosquito pueda poner sus huevecillos.

Marín recordó la importancia de quitar llantas, botellas y recipientes que acumulen agua de lluvia; no llenar floreros con agua, sino con arena o tierra; mantener limpias las canoas de su casa.

Además, hay oportunidades de diagnóstico para los laboratorios de la seguridad social que ayudarían a tener un mejor monitoreo de estos virus.

“Tal vez ahora, que en los centros de salud se armaron de diagnóstico molecular, pues ya se empiece a cambiar un poco el paradigma de solo diagnosticar aquellas personas que están en riesgo sino también, por ejemplo en una zona donde siempre han habido muchos casos y entonces decir ‘hagámosle examen de zika y chikunguña a quienes presenten ciertos síntomas’”, manifestó Corrales.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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