
El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) enfrenta un nuevo desafío en la era digital. Especialistas en salud mental y tecnología señalan que el uso intensivo de redes sociales y de herramientas de inteligencia artificial puede reforzar obsesiones y compulsiones en personas que viven con este trastorno.
El caso de la argentina Gina De Piccoli, nutricionista de 34 años, refleja esa realidad. Ella convive con pensamientos intrusivos desde hace años. Describe escenas cotidianas que activan temores repentinos. Un simple poste de luz le generó la idea de que podía electrocutarse y morir. Incluso imaginó cómo sus padres recibirían la noticia.
Durante años también evitó usar prendas con tiras. Temía que pudieran provocar un accidente. Señala que vivir con ese tipo de pensamientos resulta agotador. Actualmente mantiene los síntomas bajo control mediante tratamiento. Sin embargo reconoce que siempre convivirá con el TOC.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define este trastorno como una condición mental caracterizada por obsesiones y compulsiones. Las obsesiones aparecen como pensamientos o imágenes intrusivas. Las compulsiones se manifiestan en conductas repetitivas que buscan aliviar la ansiedad. Según el organismo internacional, los síntomas pueden cambiar con el tiempo y empeorar en situaciones de estrés.
En ese contexto, especialistas analizan el impacto de las nuevas tecnologías en la salud mental. El experto en tecnología Agustín Dellepiane advierte que muchas plataformas digitales se diseñan para mantener la atención del usuario y estimular la repetición. Esa lógica coincide con los patrones del TOC.
También explica que algunas personas utilizan herramientas de inteligencia artificial como regulador emocional. Este uso puede aumentar la dependencia y validar pensamientos obsesivos.
La psicóloga Camila Steigmeier, del Centro TOC Argentino, indica que la hiperestimulación digital acelera procesos ya presentes en el trastorno. Entre ellos menciona la verificación constante, la repetición y la urgencia por obtener respuestas. Por esa razón, parte del tratamiento incluye aprender a reducir el tiempo frente a pantallas.
Gina describe un ciclo frecuente en pacientes con TOC. Durante años buscó información en Internet para confirmar o descartar síntomas. Esa búsqueda le generaba alivio momentáneo. Luego la ansiedad regresaba con más intensidad.
Su diagnóstico llegó en 2022 tras más de una década de síntomas. Desde entonces combina medicación con terapia de exposición. Este método implica enfrentar estímulos que antes evitaba, incluso ciertos contenidos.
En adolescentes el fenómeno también aparece con fuerza. Azul, de 16 años, vive con un TOC severo que cambia de forma constante. A veces lo desencadena un pensamiento. En otras ocasiones surge por una imagen o un contenido visto en el celular. Su hermana recuerda que antes del diagnóstico pedía que nadie cerrara la puerta hasta que ella se durmiera.
La madre de la adolescente describe el papel ambivalente de la tecnología. En algunos momentos ayuda a distraerse. En otros casos aparece contenido que provoca angustia.
La psicóloga infantil Pilar Velasco explica que la tecnología no provoca el TOC. Sin embargo puede intensificar los síntomas. Los algoritmos de las plataformas digitales refuerzan patrones de búsqueda repetitiva.
El investigador en neurociencia Fabricio Ballarini aporta una explicación biológica. Las plataformas generan picos de dopamina que producen alivio inmediato. Ese alivio no resuelve la causa de la ansiedad. En pacientes con TOC puede fortalecer circuitos neuronales asociados con la compulsión.
Desde la práctica clínica, la psicóloga Andrea Cuchero observa otro fenómeno reciente. Algunas personas consultan repetidamente a herramientas de inteligencia artificial para tranquilizarse. Comparan síntomas y vuelven a preguntar. Ese comportamiento puede transformarse en un ritual compulsivo.
Aun así, especialistas destacan que la tecnología también puede aportar beneficios cuando se usa dentro de un tratamiento. Algunas aplicaciones ayudan a registrar niveles de ansiedad o a recordar la medicación.
En ciertos casos, las búsquedas en internet o las conversaciones con inteligencia artificial motivan la primera consulta profesional. Sin embargo los expertos advierten que los autodiagnósticos online también pueden generar confusión.
La experiencia de Gina se volvió viral después de publicar un video en TikTok sobre su historia. Cientos de personas le escribieron para decir que vivían situaciones similares. Para muchos fue la primera vez que identificaron sus síntomas.
La odontóloga Natalia Moneta, de 47 años, recibió diagnóstico de TOC cuando tenía siete. Durante décadas no accedió a un tratamiento específico por miedo a contar lo que le ocurría. Durante la pandemia encontró apoyo en grupos de redes sociales y encuentros por Zoom con otras personas que viven con el trastorno.
Hoy coordina espacios digitales de acompañamiento. Señala que estos grupos no sustituyen la terapia, pero ayudan a reducir el aislamiento.
Especialistas concluyen que las nuevas tecnologías funcionan como un arma de doble filo. Pueden intensificar síntomas en algunos casos. También pueden facilitar información, apoyo y acceso a tratamiento cuando se utilizan con supervisión profesional.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
