
Durante años, los hisopos o también conocidos como bastoncillos de algodón y cotonetes, integraron la rutina de higiene de millones de personas. Su uso en los oídos se volvió automático. Sin embargo, médicos y especialistas desaconsejan esta práctica porque no limpia el canal auditivo y puede causar daños.
Aunque su presencia en el botiquín resulta habitual, estos productos no se diseñaron para limpiar el oído interno. Su función original fue otra y todavía se mantiene vigente según expertos y fabricantes.
No se inventaron para limpiar el oído
El hisopo moderno surgió a inicios del siglo XX. Su creador fue Leo Gerstenzang, un inventor polaco-estadounidense. La idea nació al observar cómo su esposa colocaba algodón en palillos para limpiar zonas delicadas de su bebé.
Desde su origen, el producto se destinó al cuidado infantil y la higiene externa. Nunca se pensó para introducirlo en el conducto auditivo. Con el tiempo, su uso cambió y se asoció al cerumen, pese a que esa función no figuró en su diseño.
Incluso marcas reconocidas como Q-tips indicaron que sus bastoncillos sirven para limpieza externa y tareas de precisión, no para el oído interno.
Por qué los especialistas desaconsejan su uso en el oído
Especialistas citados por el medio BBC explicaron que el bastoncillo no extrae la cera. En la mayoría de los casos, la empuja hacia el interior del oído. Este efecto provoca compactación del cerumen contra el tímpano.
Esa práctica genera tapones, sensación de oído taponado y pérdida temporal de audición. También aumenta el riesgo de lesiones si se introduce con fuerza.
El cerumen cumple una función protectora. Atrapa polvo, lubrica el conducto auditivo y actúa como barrera frente a bacterias. El oído posee un sistema de limpieza natural que expulsa el exceso de cera hacia el exterior de forma progresiva.
Para qué sí sirven los bastoncillos de algodón
Lejos del oído, los bastoncillos resultan útiles y seguros. Su diseño responde a tareas que requieren precisión y suavidad, tal como se pensó desde su creación.
Entre sus usos más comunes figuran:
- Limpiar ranuras de teclados y recovecos pequeños.
- Retirar polvo de rejillas de ventilación y dispositivos electrónicos.
- Aplicar o corregir maquillaje con detalle.
- Retocar esmalte de uñas sin dañar la manicura.
- Limpiar puertos de carga y lentes con cuidado.
- Aplicar pegamento o pintura en trabajos manuales.
En estos casos, el bastoncillo funciona como un aplicador de precisión, que corresponde a su finalidad original.
Cómo debe realizarse la higiene del oído
Los especialistas recomiendan no introducir ningún objeto en el oído. La limpieza debe limitarse a la parte externa. Basta pasar una toalla o gasa con suavidad después de la ducha.
Ante acumulación de cerumen o molestias persistentes, lo indicado consiste en:
- Usar soluciones específicas recomendadas por profesionales.
- Evitar remedios caseros invasivos.
- Consultar a un especialista para una limpieza segura.
El mensaje médico resulta claro. Si un objeto cabe en el oído, probablemente no debería estar ahí. Los bastoncillos tienen utilidad, pero no en el lugar donde la mayoría aprendió a usarlos.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de una agencia de noticias y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
