Irene Rodríguez. 29 junio
Uno de los esfuerzos por conseguir una vacuna contra el covid-19 se hace en Belo Horizonte, Brasil; el primer país de América Latina al que llegó la enfermedad y el que en este momento presenta una mayor cantidad de casos y muertes. Foto: Douglas Magno / AFP
Uno de los esfuerzos por conseguir una vacuna contra el covid-19 se hace en Belo Horizonte, Brasil; el primer país de América Latina al que llegó la enfermedad y el que en este momento presenta una mayor cantidad de casos y muertes. Foto: Douglas Magno / AFP

En seis meses, la pandemia de covid-19, causada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, ya suma más de 10 millones de casos y más de 500.000 muertos en todo el mundo.

Por ello, científicos de todo el planeta lucha con el tiempo para desarrollar una vacuna o un tratamiento para mantener la enfermedad bajo control.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en este momento hay 155 vacunas experimentales o candidatas.

De ellas, una fue aprobada este lunes en China para un uso temporal en personal del Ejército, otras 22 ya se encuentran en fase de ensayos clínicos con seres humanos y 132 más están en estudio preclínico, ya sea en exámenes de laboratorio o en pruebas con animales.

Además, hay 1.178 posibles medicamentos en estudio, de los cuales 644 están en fase de pruebas en pacientes o en reclutamiento de estos. Otros 15 ya terminaron los ensayos clínicos y están en análisis de resultados.

Sin embargo, obtener una vacuna o un tratamiento no es tan fácil, por eso las proyecciones más optimistas hablan de finales de año para lograr tratamientos y de mediados de 2021 para tener una vacuna. Para que un producto como este llegue a las personas deben garantizarse tres cosas:

1- Que sea eficaz: que realmente pueda prevenir la infección o reducir el riesgo de infectarse.

2- Que sea segura: que sus efectos secundarios no sean mayores que sus beneficios.

3- Que pueda producirse en masa de manera que pueda llegar a quienes realmente la necesitan.

Para garantizar esas tres condiciones los ensayos clínicos en seres humanos solo se realizan una vez que una molécula prueba ser eficaz en laboratorio y animales.

Estos ensayos tienen tres fases antes de que se apruebe su uso y una cuarta etapa que monitorea eficacia y seguridad cuando el producto ya está en el mercado.

FUENTE: OMS    || DISEÑO / LA NACIÓN.

En los medicamentos, las pruebas se realizan en personas que tienen la enfermedad para ver cómo reaccionan a este, mientras que las vacunas se prueban en individuos sanos para evaluar si estas evitan que enfermen.

También hay un par de estudios llamados “de sacrificio”, donde, un tiempo después de haber sido vacunada, la persona accede voluntariamente a exponerse al virus bajo condiciones de laboratorio y ver si la vacuna funciona.

Este tipo de ensayos buscan ganar tiempo, pero tienen detractores por consideraciones éticas.

Normalmente, una vacuna tarda de cinco a 15 años de estudios para llegar al mercado, pero en caso de pandemias u otras emergencias en salud se autoriza acelerar el proceso. Por eso se habla de que las primeras estarían listas en año y medio.

“Aunque por la situación de emergencia se estaría haciendo una aprobación rápida para que las personas puedan tener a disposición vacunas, no podemos saltarnos pasos.

“En seguridad y en eficacia no hay atajos. Se puede ir más rápido en el camino, pero no hay atajos”, señaló el pasado miércoles Michael Ryan, director de Emergencias de la OMS en conferencia de prensa.

Para Raúl Sotomayor, de la dirección médica de Bayer, la primera parte es entender al virus y cómo este se comporta en las poblaciones.

“Al entender el mecanismo del virus a nivel corporal se entiende más utilidad clínica, con esto se adelanta camino”, aseveró.

Ruta más rápida para medicamentos

Los medicamentos pueden recorrer un camino más corto y más rápido que una vacuna. Esto se debe a varias razones.

La primera es que es más difícil comprobar que una vacuna sea realmente eficaz y debe esperarse un tiempo para determinar si la inmunidad permanece por, al menos, unos meses.

Otra razón es que dentro de los medicamentos que se estudian hay más de 100 que ya tienen sus usos aprobados para otro tipo de enfermedades, por lo que su seguridad ya está determinada y solo habría que comprobar su eficacia contra el covid-19.

“Al inicio los medicamentos que se buscaban eran para hospitalizados, era lo urgente, pero ya estamos pasando a pensar en los tratamientos específicos para los enfermos más leves que tienen un manejo ambulatorio”, destacó Sotomayor.

La OMS asegura que sigue de cerca cada desarrollo, dado que el obtener un medicamento certero puede significar la diferencia entre la vida y la muerte de la persona.