
El comandante de Artemis II, Reid Wiseman, reconoció que la experiencia de viajar alrededor de la Luna aún escapa a su comprensión plena, incluso días después de haber regresado a la Tierra.
“Es muy difícil comprender del todo lo que acabamos de vivir”, afirmó durante la primera conferencia posterior a la misión, realizada el 16 de abril en el Centro Espacial Johnson de la NASA. La declaración condensó el tono de una intervención marcada por el impacto emocional del viaje.
La frase surgió en respuesta a una pregunta de Kristen Fischer, del medio The Endless Void, sobre si la misión había provocado un cambio en la conciencia de la tripulación. Wiseman respondió con una anécdota personal ocurrida tras el amerizaje.
Relató que, al llegar al barco de la Marina, sintió la necesidad de hablar con un sacerdote, pese a no considerarse una persona religiosa. “Nunca lo había visto en mi vida, pero vi la cruz en su cuello y me eché a llorar”, dijo. Para el astronauta, la reacción reflejó la imposibilidad inmediata de procesar la experiencia.
Esa dificultad se extiende a lo vivido en órbita. Wiseman recordó un momento específico: el eclipse del Sol detrás de la Luna. En ese instante, le dijo a su compañero Victor Glover que la humanidad aún no está preparada para entender lo que observaban. “No creo que hayamos evolucionado hasta el punto de poder comprenderlo”, señaló.
Parte de esa desconexión se explica por lo reciente del regreso. El comandante indicó que la tripulación no ha tenido tiempo para asimilar la experiencia. En la semana posterior al aterrizaje, han estado sometidos a pruebas médicas, evaluaciones físicas y recopilación de datos científicos. “No hemos tenido ese tiempo de reflexión”, explicó. Incluso describió esos días como un periodo de aislamiento deliberado, “viviendo en un pequeño agujero”, alejado de redes sociales y noticias.
La dimensión emocional también atravesó la vida a bordo. Wiseman destacó que uno de los momentos más intensos fueron las breves comunicaciones con sus familias. “Ninguno de nosotros pasó por eso sin llorar”, dijo al recordar las llamadas de 15 minutos durante la misión. Esas interacciones, afirmó, se convirtieron en uno de los impactos más duraderos del viaje.
Para mantenerse anclado a la Tierra, llevó consigo una pulsera hecha por su hija. El objeto, que observaba cada noche antes de dormir, funcionó como un vínculo constante con su familia. “Era esa conexión con casa”, explicó.
El componente humano también se reflejó en la dinámica del equipo. Wiseman resumió la experiencia colectiva con una frase que repitió al abrir la conferencia: “Lanzamos como amigos y regresamos como mejores amigos”. La convivencia durante los 10 días de misión consolidó ese vínculo.
En paralelo, el comandante ofreció un balance técnico del regreso. Ante una consulta de Marcia Dunn, de Associated Press, describió la reentrada a la atmósfera como un “viaje muy suave”. Añadió que, al inspeccionar la nave Orion tras el rescate, el escudo térmico “se veía maravilloso”, sin daños significativos a simple vista.
La misión Artemis II marcó el retorno de vuelos tripulados al espacio profundo, un paso clave en los planes de exploración lunar y futura llegada a Marte.
