
En Italia, pedir un café activa un ritual inalterable. El espresso llega en una taza pequeña, sobre un plato blanco y acompañado por un vaso de agua. Nadie lo solicita. Nadie lo discute. Para muchos visitantes, el gesto parece accesorio. Para los italianos, es una regla cultural con un significado preciso.
El vaso de agua no responde a una cortesía moderna. Forma parte de una tradición arraigada en la cultura cafetera italiana, donde cada detalle cumple una función clara. El café se concibe como una experiencia breve pero intensa, que exige respeto desde el primer sorbo.
El agua se toma antes del café
Fuera de Italia circula la idea de que el agua sirve para quitar el sabor amargo del café o aliviar la sed posterior. En la tradición italiana, esa explicación no aplica. Un espresso bien preparado no debe resultar áspero ni dejar sequedad en la boca.
El agua se bebe antes del café. Su propósito consiste en limpiar el paladar y eliminar restos de otros alimentos. Así, las papilas gustativas quedan listas para percibir los aromas y matices del espresso. El gesto busca precisión sensorial, no suavizar la bebida.
Este paso previo también reduce la sequedad bucal y mejora la percepción del sabor. El espresso concentra notas intensas que se aprecian mejor con la boca en condiciones neutras. El café merece atención exclusiva.
Una coreografía cotidiana
En Italia, el café se consume rápido, pero sin descuido. Se toma de pie en la barra y en pocos minutos. El espresso es la base de todo. Se sirve corto, fuerte y cremoso. De él derivan variantes como el ristretto, el lungo o el macchiato, cada una con reglas claras.
El capuchino pertenece a la mañana. Pedirlo después del mediodía rompe un código cultural no escrito. El vaso de agua, en cambio, acompaña cualquier café sin excepción. Su presencia resulta tan natural como la cucharita.

Una costumbre con siglos de historia
La relación de Italia con el café se construyó a lo largo de los siglos. La bebida llegó a Venecia en el siglo XVI como un producto exótico que se vendía en farmacias. Con el tiempo surgieron cafeterías emblemáticas, el espresso y la cafetera moka.
En ese proceso, el vaso de agua quedó integrado como un símbolo de respeto hacia la bebida. No funciona como adorno. Representa una forma de entender el café como parte de la identidad nacional.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
