Patrimonio

Esferas de piedra del Diquís entran a ‘cirugía mayor’ para su preservación

Especialistas en Arqueología y conservación del Museo Nacional junto con expertos mexicanos buscan salvar obras patrimoniales

Luego de cientos de años de estar expuestas a cambios de temperatura, lluvias, inundaciones, hongos y bacterias, así como a la intervención humana, las esferas precolombinas de la zona sur del país entran a cirugía.

Desde el 14 de marzo, especialistas en Arqueología y Conservación del Museo Nacional de Costa Rica (MNCR) viajaron a Finca 6, en Palmar Sur de Osa, con la misión de restaurar dos de estas valiosas esferas de piedra, las cuales presentan un deterioro evidente.

Expediciones anteriores habían detectado grietas, hundimientos, pedazos caídos, así como cambios físicos, químicos y biológicos.

“A veces hace un calor muy fuerte por la mañana y poco tiempo después viene un aguacero, así han estado por años de años. También se ha tenido al menos una inundación grande por década; la última la tuvimos con la tormenta Nate. Todo esto llevó a tener un terreno muy arcilloso que se fue acumulando por años hasta dejarlas semienterradas”, expresó el arqueólogo Javier Fallas, coordinador del equipo.

Producto de estos cambios climatológicos, estas esferas ubicadas en el Parque Arqueológico de Finca 6 estuvieron semienterradas, solo una porción de unos 30 a 50 centímetros se veía por encima de la superficie del suelo. La primera misión para realizar el diagnóstico y ver su estado de conservación consistió en desenterrarlas.

“El primer paso fue ver, por así decirlo cuáles enfermedades tenían las esferas”, ejemplificó el arqueólogo.

Posteriormente, se comenzó a intervenir para evitar un mayor deterioro y restaurar donde había grietas, fisuras y desprendimientos de material. Este proceso comenzó en 2018 y avanza paulatinamente.

Este año, los especialistas se dedican de lleno a dos esferas conocidas como B y D. La primera tiene un diámetro de 1,9 metros, y la segunda de 1,8, ambas son las más grandes de su alineamiento.

“En el parque hay dos alineamientos, es decir, esferas que están alineadas viendo hacia un eje, en este caso, relacionado con la puesta del sol. Un alineamiento tiene tres esferas y uno dos. Estamos interviniendo una de cada uno”, explicó Fallas.

El equipo, anteriormente había trabajado con las esferas A y E, con tres de las vistas en el centro arqueológico en Batambal y con la esfera más grande del país, ubicada en el sitio arqueológico El Silencio, a pocos kilómetros del lugar.

En este proceso ha sido invaluable la guía y acompañamiento de especialistas de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del Instituto Nacional de Antropologías e Historia de México (ENCRyM-INAH).

El proceso es una suerte de “cirugía mayor” que enfrentarán estas dos esferas antes de ser re-enterradas para que nuevamente solo se observe su “corona” o parte superior. Fallas explicó que hay dos técnicas: una busca atender las mayores lesiones y la otra restaurar el color y la textura de cada monumento con pigmentos acrílicos.

Hay deterioros que no comprometen la estabilidad de la roca, pero otros, como grietas grandes y profundas o faltantes, sí lo hacen. Para los primeros se usa una técnica llamada ribetes, que se colocan en áreas con delaminaciones, mientras que en las partes más graves se hace el resane, donde se intervienen y se rellenan con un mortero o pasta formado con una mezcla de arena y cal.

“La cal y la arena tienen condiciones similares a las de la piedra con la que fueron hechas las esferas y además podían resistir las condiciones climáticas de la zona”, puntualizó Fallas.

El reto fue definir la proporción de cada material, por lo que se hicieron pruebas en piedras de río.

“Por las características climáticas de la zona debe irse de forma muy paulatina. Si se pone todo el mortero de un solo, se revienta”, aseveró.

Posteriormente viene un proceso de secado que dura unos dos días. Luego, viene la rectificación con color, para lo que se usan pinturas acrílicas, aunque la intervención debe observarse como algo que no es parte de la roca original, para dar una muestra de honestidad que refleja el paso del tiempo.

El proceso de restauración no acaba con la intervención, pues el principal reto es que estos trabajos se mantengan en el tiempo. Para garantizar una mejor preservación, el equipo reenterrará las esferas y nuevamente solo se verán de 30 a 50 centímetros.

“Es necesario re-enterrarlas, pues dejarlas completamente expuestas podría acelerar los procesos de alteración que las dañarían de forma irreversible”, advirtió Isabel Medina-González, especialista del ENCRyM-INAH.

Otra de las ventajas es que hay otros tres sitios arqueológicos cerca, en El Silencio y Batambal, donde las personas también pueden observar esferas que están completamente expuestas.

“Muestran diferentes características de los recursos arqueológicos”, aseguró el arqueológico.

La tierra que circunda al monumento se mezclará con un depósito de arena. Esto permite que la temperatura de la roca y el suelo tengan las mismas características. También evita el crecimiento de raíces y que puedan romper grietas en las esferas.

“La tierra de este lugar es un relleno de arcilla producto de las inundaciones de años, entonces lo que hacemos es conservación preventiva, para prevenir o reducir el impacto de deterioro”, subrayó Fallas.

Esto hace que quienes visiten el parque no puedan ver la gran mayoría de la esfera y no se logra proyectar su gran tamaño. No obstante, la tecnología cuenta con otras formas, como fotografías y diagramas para que el público sepa qué tiene debajo de sus pies.

En Palmar Sur y toda la zona del Diquís, en el sur costarricense, fue un amplio asentamiento indígena, visitado desde la década de 1940 por arqueólogos como Doris Stone, Samuel Lothrop y Claude Baudez. Ellos registraron la presencia de otras esferas, estructuras de piedra y material fragmentario, en una amplia extensión.

Posteriormente, estas esferas registradas fueron removidas, perdiendo así la información asociada a ellas. Esto dejó de hacerse años después, al comprenderse que la mejor forma de preservarlas y estudiarlas dentro de su entorno.

Los cálculos de quienes han investigado la región hablan de al menos unas 300 esferas de piedra de diferentes tamaños. En junio de 2014, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) las declaró patrimonio de la humanidad.

Para Medina-González, este tipo de trabajos son necesarios para mantener ese patrimonio de la humanidad.

“Mucho de la identidad de los pueblos está de alguna manera inscrito en sus patrimonios, nos muestran lo que tenemos en común, pero también lo que nos distingue”, concluyó la especialista.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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