El Mercurio/ GDA. 12 noviembre, 2019
Un programa de reforestación debe estudiarse y tomarse con mucha prudencia, dicen los científicos. Foto con fines ilustrativos Foto de Jorge Castillo
Un programa de reforestación debe estudiarse y tomarse con mucha prudencia, dicen los científicos. Foto con fines ilustrativos Foto de Jorge Castillo

Santiago, Chile. La plantación masiva de árboles como solución al cambio climático es una propuesta con mucha lógica al considerar el impacto que los bosques tienen como pulmones verdes del planeta. Sin embargo, es una idea que debe tomarse con “máxima prudencia”.

Así al menos lo estima un grupo internacional de 50 científicos, para quienes la reforestación es una excelente idea, pero es necesario saber dónde y cómo implementarla, ya que involucra múltiples parámetros y variables.

“Plantar árboles puede ser una buena opción en algunas áreas deforestadas; pero hacerlo en pastizales naturales impactaría negativamente en el hábitat de las plantas y los animales nativos; además, el secuestro de dióxido de carbono no sería suficiente como para compensar las emisiones de combustibles fósiles”, plantea el doctor Joseph Veldman, investigador de la Universidad de Texas (EE. UU.) y coordinador del grupo que publicó una carta en la revista Science.

La nota fue en respuesta a un estudio que salió en la misma revista hace dos meses. Allí, el ecólogo Jean-François Bastin, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (Suiza), planteó la reforestación masiva como “la solución más eficaz para afrontar los cambios climáticos”.

A través de imágenes satelitales, Bastin y sus colaboradores estimaron que reforestar 900 millones de hectáreas -el equivalente a la superficie de EE. UU.-, en distintas regiones del planeta, podría capturar 205 gigatoneladas de carbono. Su propuesta tuvo desde entonces una gran repercusión. Y también cuestionamientos.

Seleccionar especies

“Existe consenso internacional en que una de las mejores formas de combatir el cambio climático es el bosque nativo. El debate está en cómo fomentar eso para que cumpla su función de absorber CO {-2} y generar oxígeno”, dice el doctor Claudio Soto-Azat, director del Centro de Investigación para la Sustentabilidad de la Universidad Andrés Bello, de Chile.

Ahí es donde se han generado “suspicacias”, agrega el investigador. “El sector forestal promueve plantaciones de monocultivo (como pino y eucaliptos), que son de rápido crecimiento, pero no tan eficientes en el proceso de secuestrar CO {-2} como el bosque nativo. No son útiles como estrategia”, agregó.

Bastin sugiere que, a nivel global, “una plantación masiva de árboles podría capturar el equivalente a una tercera parte del dióxido de carbono emitido desde la Revolución Industrial”.

Pero Veldman y sus colegas dicen que “la realidad es que el potencial de las plantaciones en mitigar el cambio climático es cinco veces menor”.

Según los firmantes de la carta, el estudio del equipo suizo cometió “errores extremadamente básicos”. Por ejemplo, omitió el hecho de que los bosques de coníferas en regiones boreales y de alta montaña absorben más energía solar y emiten más calor que áreas sin árboles y, por tanto, favorecen el calentamiento global en vez de mitigarlo.

Además, una plantación masiva en pastizales y sabanas, aparte de los problemas para la biodiversidad, generaría paisajes muy homogéneos e inflamables, “que tarde o temprano acabarían siendo pasto de grandes incendios”.

“El plan de Bastin se basa en cálculos defectuosos y propone la plantación de bosques en casi todas las áreas de pastizales y sabanas tropicales y subtropicales en el mundo. Eso es una amenaza para las sabanas y los recursos hídricos del planeta”, dice Giselda Durigan, investigadora de Ecología e Hidrología del Instituto Forestal del Estado de São Paulo (Brasil).

Además, agrega, la ciencia ha demostrado que un aumento en la biomasa arbórea perjudica la producción de agua en las cuencas de los ríos, porque la lluvia es retenida en gran medida por las copas de los árboles, los que también consumen grandes cantidades de agua.

“Muchas áreas que alguna vez tuvieron bosques y ahora están degradadas podrían reforestarse con resultados muy positivos -dice Durigan-, pero esto requiere una selección de especies y lugares mucho más juiciosa”.

Absorber energía

Hay muchas áreas en las que un plan de reforestación reduciría el albedo y aumentaría la temperatura.

El albedo es la cantidad de energía solar reflejada por la superficie terrestre: cuanto más oscura es la superficie, menos luz solar refleja y más energía absorbe (que se convierte en calor). Por eso, si un área se transforma en bosque, absorbe más energía y puede contribuir al calentamiento global. GDA/El Mercurio/Chile