Medio Ambiente

Iniciativa BioAlfa motiva a los costarricenses a convertirse en ‘investigadores de las especies’

El proyecto BioAlfa pretende utilizar código de barras para crear un inventario de la biodiversidad de Costa Rica

Realizar un inventario de la biodiversidad costarricense para poder identificarla con un código de barras según su ADN: ese es el propósito del proyecto BioAlfa, una iniciativa de los biólogos estadounidenses Daniel Janzen y Winnie Hallwacks y apoyada por el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (Sinac).

Desde hace décadas, esta pareja pasa gran parte del año en los bosques del Área de Conservación Guanacaste (ACG) y por ello las diferentes zonas de este lugar fueron el punto de partida para arrancar el inventario.

“El proyecto pretende inventariar por medio de códigos de barras de la vida, toda la biodiversidad silvestre multicelular de Costa Rica, sea en áreas silvestres o del agropaisaje o del paisaje urbano”, explicó Janzen.

“La idea es que los costarricenses tengan un método para conocer su propia biodiversidad, descubrirla y documentarla y así poder protegerla mejor”, agregó el conservacionista.

Esto ayudará a las autoridades a hacer un diagnóstico de la situación de las diferentes regiones y a tomar decisiones.

“Con BioAlfa en plena marcha, Costa Rica será capaz de identificar correctamente sus polinizadores y agentes de biocontrol de la salud y movimientos de ellos. Se pueden conocer y detectar en el manejo integrado de plagas agrícolas y vectores de enfermedades con la confianza y certeza de identificación”, resalta el documento oficial de BioAlfa.

¿Cómo funciona?

Alejandro Masís Cuevillas, director de la ACG, indica que un proceso que puede de primera entrada ser muy complejo y sonar muy técnico, puede ser utilizado como parte de la bioalfabetización para cualquier persona.

“Usa un gen mitocondrial que existe básicamente en todos los animales y que varía muy poco a través del tiempo. Si hay una variación quiere decir que ya ha transcurrido el suficiente tiempo como para que haya una diferencia entre una especie A y una especie B, aunque se vean igual”, expresó Masís.

“A eso se le suma otra información, como historia natural. Por ejemplo, si es una mariposa, cuál planta come la oruga de esa mariposa, dónde está. Digamos que esa es la especie A. Y cuando vemos la especie B, vemos que la morfología es un poco diferente, que la larva es diferente, que come otro tipo de planta y está ubicada en otro lugar, aunque los adultos se vean igual”, añadió.

De acuerdo con el jerarca, hubo especies que durante más de 200 años se creyó que eran una misma, pero en realidad resultan ser 10. “Empezamos a hallar especies escondidas”, respondió.

Para Janzen, esto da armas para comprender mejor lo que sucede a nuestro alrededor.

“Es crear una especie de enciclopedia para Costa Rica, con su propio biolenguaje, un vocabulario, un diccionario. Es un proceso que se alimenta conforme pasa el tiempo y hay más información”, puntualizó el biólogo estadounidense.

Utilidad

Esto ayuda al país a saber la situación de las diferentes especies en el país, saber cómo inciden en sus ecosistemas como los bosques, los cultivos. También es un insumo para una toma de decisiones más fundamentadas.

“En el contexto del cambio climático estos aportes son muy importantes para el monitoreo. Por ejemplo, con una trampa para insectos voladores, puede capturar cientos o miles de insectos y esta tecnología molecular nos ayuda a identificar a la especie o si es algo nuevo”, destacó.

El primer paso es crear una base de datos con este inventario, aunque todavía no tengan nombre de todas.

“Lo bueno es que esto permitirá a las personas también acercarse y, en un futuro, con mayor tecnología, cualquier persona pueda, con un aparatito, conocer y tener información de las especies que encuentra en un lugar”, agregó Masís.

Para Janzen, esto también ayuda a aumentar el conocimiento de la población en general. Al principio solo documentarán lo visto, posteriormente construirán nuevas tecnologías y afinarán los procesos.

“La idea es que de esto participen todo tipo de personas: estudiantes de colegio, guardaparques, médicos, transportistas y choferes, guías turísticos, agricultores, pescadores, y personas aficionadas a la ecología”, afirma el conservacionista.

“Es como aprender a leer, y, con el tiempo a escribir, se comienzan por cosas más sencillas y luego cada uno se especializa en cosas más complejas, algunas personas escriben poesía, otras, novelas, otros documentos legales, y otros, publicaciones científicas, pero todos escribimos con ese motivo de aumentar el conocimiento”, concluyó.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.

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