Medio Ambiente

Guía turístico trilingüe trabajó la tierra para subsistir a la caída de visitantes en La Fortuna

Luis Briceño se quedó sin su fuente de sustento debido a la pandemia, ante lo cual optó por laborar en cultivos de yuca y camote, pero en agosto pasado pudo regresar a lo suyo

Antes de que la covid-19 llegara a Costa Rica, Luis Briceño tenía una carrera consolidada como guía de turismo trilingüe, dado su dominio del inglés y del francés. Este último idioma es particularmente rentable en La Fortuna de San Carlos, sitio donde vive y trabaja, pues el turismo francófono es muy común en este sitio.

Cuando llegaron los primeros casos de la pandemia, se cancelaron los vuelos internacionales y él se quedó sin sustento: “Para un 23 de marzo (de 2020) tuve que parar. Tenía una actividad que era propia, me iba muy bien. Los clientes franceses me iban recomendando. Yo esperaba que para 2022 iba a tener una buseta propia, además de mis proyectos personales con la casa y todo se frenó de un momento a otro”.

Briceño tiene un hijo de dos años y medio y él y su esposa necesitaban llevar sustento a la casa. Lo primero que hicieron, mientras buscaban en qué ganarse la vida, fue solicitar el bono Proteger, con el cual compraron comida y la congelaron para que durara más tiempo.

El tiempo comenzó a pasar y Briceño vio en las zonas agrícolas del cantón una oportunidad para obtener su sustento: “Fueron cerca de siete meses sin algo fijo. Como la zona es agrícola me dedicaba a sacar camote, a empacar yuca, a podar cercas, a arreglar cercas eléctricas. De todo iba aprendiendo”.

Los ingresos no eran los mismos: “Le debía al ferretero, al pulpero, tenía que ver cómo me organizaba porque nunca habíamos pasado por una situación así. A veces hacíamos un desayuno-almuerzo o un almuerzo-cena, pero nunca nos faltó qué comer”.

En plantaciones de camote y empacadoras de yuca

Él relató que su primer trabajo fue en un cultivo de camotes que tenía un conocido y lo invitó a trabajar con otra persona: “Me pidió que sacara el camote. Yo nunca había hecho eso. Yo veía que el otro peón trabajaba y no se ensuciaba. Yo terminaba muy sucio y duraba una eternidad para sacar el camote. Yo no sabía ni cómo hacerlo. Él agarraba el camote donde era, yo más bien desbarataba todo. Él se reía pero también me ayudó mucho”.

Posteriormente, en enero lo contactaron de una empacadora de yuca. Al principio dudaron de si darle el trabajo, porque él estaba sobrecalificado, pero al final lo consiguió. Allí estuvo de operario, poniendo yuca en bolsas, una habilidad que también tuvo que aprender.

“A uno le pagan por semana y así tiene que acomodarse, muchas veces la plata no da ni para los pases de bus en medio de todos los gastos, la gente llega en bicicleta. Yo por dicha podía llegar caminando porque me quedaba cerca de la casa”, rememoró.

Después de tres meses, contó el muchacho, inició un proyecto para hacer una peladora de yuca.

“Yo no sabía de yuca, pero aporté mis ideas. Más bien comencé a montar tablas en excel. Me iba muy bien, estaba creciendo, aunque tenía que montar las tablas de excel desde mi teléfono. Me dedicaba a hacer reportes, a hacer controles, pero eran 13 horas al día y no tan bien pagadas”, manifestó.

Sin embargo, aprendió a hacer algo muy diferente que le gustó y hoy agradece, pues le enseñó de cómo administrar un negocio de otra índole.

De vuelta al turismo

Un 14 de agosto de este 2021 todo cambió. Lo contactaron de un parque turístico que estaba volviendo a organizarse poco a poco después de la pandemia y andaban en busca de un guía que dominara el francés.

Solicitó permiso en su trabajo para dicha entrevista. El 16 de agosto ya estaba en el nuevo trabajo. Comenzó con horas específicas por servicios profesionales pero con el tiempo comenzaron a crecer y crecer y a tener volúmenes de trabajo mayores.

“Es un buen salario. No gano como cuando estaba con mi proyecto antes de la pandemia, pero es algo estable en lo que más me gusta hacer”, afirmó.

No obstante, agradece lo vivido durante más de un año, porque le enseñó de muchos aspectos de la vida: “Me quedó el aprendizaje de vivir con lo mínimo, de salir exageradamente tallado o haciendo maromas. Subsistí como operario, como peón, con la yuca y el camote y aprendí mucho, pero estoy feliz de volver a lo mío”.

“Estoy muy feliz”, reiteró. “Ya retomé los proyectos personas que tenía con mi esposa para nuestra casa y ya podemos comer sin preocuparnos del día siguiente. Es un alivió”, concluyó.

Irene Rodríguez

Irene Rodríguez

Periodista en la sección El País. Máster en Salud Pública con Énfasis en Gerencia de la Salud en la Universidad de Costa Rica. Ganó el Premio Nacional de Periodismo Científico del Conicit 2013-2014, el premio Health Systems Global 2018 y la mención honorífica al Premio Nacional de Periodismo de Ciencia, Tecnología e Innovación 2017-2018.