Lucía Astorga. 30 noviembre, 2019

¿Se ha preguntado qué pasa con los ecosistemas de flora y fauna que se desarrollan en las plantaciones forestales, una vez que llega el momento de la corta de árboles?

En algunos casos lo que ocurre es que el escenario natural queda con “una cicatriz”, la cual puede ser grande o pequeña, depende de la cantidad de árboles que sean retirados del sitio.

“Esa cicatriz, la naturaleza se encarga de curarla, pero usted corta todo el sistema de vida en ese momento”, explicó Carlos Urcuyo, gerente de Cuestamoras Bosques.

La empresa Cuestamoras Bosques quiere emular el proceso natural de recuperación de los bosques, con la siembra de varias especies nativas de distintos tipos de flora, que a su vez con el tiempo atraigan mayor biodiversidad de fauna. Foto: Rafael Pacheco
La empresa Cuestamoras Bosques quiere emular el proceso natural de recuperación de los bosques, con la siembra de varias especies nativas de distintos tipos de flora, que a su vez con el tiempo atraigan mayor biodiversidad de fauna. Foto: Rafael Pacheco
Cambio de sistema

Así es, Cuestamoras Bosques, una división de la empresa multinegocios, más conocida por desarrollar los proyectos urbanísticos Oxígeno y Santa Verde, ambos ubicados en la provincia de Heredia.

Fue por medio de este proyecto de negocios que la compañía se percató de los efectos negativos para el ambiente, que pueden tener prácticas comunes en las plantaciones forestales, como: la siembra de monocultivos y la tala rasa.

De ahí que decidieran aplicar en sus terrenos un modelo productivo diferente, que emula la conformación natural de los bosques, por medio de la siembra de multiespecies, en pequeños segmentos y con diferentes temporalidades.

Con esta nueva forma de ordenar la producción de madera (que se vende principalmente para construcciones) Cuestamoras Bosques procura una mejor adaptación de los ecosistemas, por los cambios generados con la tala.

En la finca emplean búfalos, debido a su fuerza y resistencia, lo que los convierte en una buena alternativa para realizar trabajos en zonas incómodas y causar el menor daño posible. Foto: Rafael Pacheco
En la finca emplean búfalos, debido a su fuerza y resistencia, lo que los convierte en una buena alternativa para realizar trabajos en zonas incómodas y causar el menor daño posible. Foto: Rafael Pacheco

La compañía posee 3.500 hectáreas de tierra ubicadas en: San Carlos, Limón y Osa. El 60% del área total lo componen bosques naturales y el restante 40% se dedica a proyectos de reforestación sostenibles (como las plantaciones para venta de madera); ambos ecosistemas conviven, uno al lado del otro.

Según Urcuyo, un árbol sembrado con fines comerciales puede durar en crecer entre ocho y diez años, periodo durante el cual genera una cobertura boscosa y contribuye a crear un ecosistema, que beneficia a gran variedad de especies de flora y fauna. Ahora, imagine lo que significaría para esos seres vivos perder su hogar de un día para el otro.

Cuestamoras Bosques espera medir los servicios ecosistémicos que los bosques brindan y también demostrar que la conservación puede formar parte del modelo de negocios de las empresas. Foto: Rafael Pacheco
Cuestamoras Bosques espera medir los servicios ecosistémicos que los bosques brindan y también demostrar que la conservación puede formar parte del modelo de negocios de las empresas. Foto: Rafael Pacheco
Rechazo del monocultivo

Para el vocero, la situación se agudiza cuando las plantaciones se componen de monocultivos (una sola especie sembrada).

"Uno de los pecados del monocultivo o de los inconvenientes, es que normalmente se siembra toda el área posible en una sola especie; es más práctico desde el punto de vista operativo y más fácil sembrar una sola especie por el control y seguimiento, estandarización. Así lo hacen en el mundo entero.

“Se siembra en bloques, que pueden ser de 100 hectáreas y hasta más. Pero al ser un cultivo coetáneo (de la misma edad o contemporáneo), su ciclo va a ser también igual al principio y al final, entonces van a estar listos para corta más o menos en el mismo tiempo”, señaló el gerente.

Un considerable claro en la finca Bahía Gracia, ocasionado por la tala de de árboles de una sola especie, evidencia el daño a los ecosistemas que este tipo de prácticas puede ocasionar. Foto: Rafael Pacheco
Un considerable claro en la finca Bahía Gracia, ocasionado por la tala de de árboles de una sola especie, evidencia el daño a los ecosistemas que este tipo de prácticas puede ocasionar. Foto: Rafael Pacheco

El impacto de esa práctica es visible en la finca Bahía Gracia, propiedad de Cuestamoras, según pudo observar un equipo de La Nación durante una visita reciente al terreno, ubicado en Cutris, al margen del río San Carlos.

En un sector se aprecia una de las “cicatrices” que Urcuyo menciona; una zona talada, en medio de una rica cobertura boscosa. Este tipo de escenarios puede afectar a animales e insectos, en su movilidad, ya que no se atreverían a cruzar por estos espacios al sentirse vulnerables.

Asimismo, la amplitud de la distancia que deben recorrer de un costado al otro, bajo la inclemencia del sol, podría ser perjudicial para especies más pequeñas, que en otro tiempo, acostumbraban a pasar por ahí.

Un jaguar deja patente su presencia. Foto: Rafael Pacheco
Un jaguar deja patente su presencia. Foto: Rafael Pacheco

Cámaras trampa colocadas en la propiedad han permitido identificar una valiosa presencia de animales como: cauceles, dantas, venados, gallinas de monte, guatusas, tolomuco, entre otros. Incluso, durante la visita que hizo el equipo de La Nación, se pudo observar una huella fresca de lo que sería un jaguar macho, de acuerdo con personal de la finca.

Un nuevo orden

Para evitar que esto vuelva a ocurrir, desde el 2016 la compañía comenzó a implementar una nueva metodología. Sembrar hileras de diferentes especies de interés comercial, de forma ordenada y en pequeños trozos (de uno cuantos metros). Cada segmento con una edad de cosecha diferente, para que el tiempo de corta no coincida.

Las fincas Bahía Gracia y Castelmare se encuentran ubicadas al margen del río San Carlos, rodeadas de propiedades dedicadas al cultivo de piña. Foto: Rafael Pacheco
Las fincas Bahía Gracia y Castelmare se encuentran ubicadas al margen del río San Carlos, rodeadas de propiedades dedicadas al cultivo de piña. Foto: Rafael Pacheco

Lo que esto busca es que el impacto sobre la cobertura boscosa sea menor y, por ende, el impacto sobre la biodiversidad de flora y fauna.

“Se va a afectar, no hay duda, pero va a ser mucho menor y hay forma de paliar eso”, indicó. Una de las medidas es el uso de conectores, que consisten en áreas dentro de las mismas franjas de árboles que quedan intactas y que los animales pueden seguir usando para movilizarse.

Aunque llevan poco tiempo utilizando este sistema, la esperanza es que en el futuro otras compañías emulen estas prácticas. Esperan que los beneficios puedan ser demostrables con datos concretos, por lo que también realizan mediciones de los servicios ecosistémicos que este tipo de espacios brindan, para así demostrar que la conservación puede formar parte del modelo de negocios de las empresas.

Empresas B

Según Urcuyo, el giro dado en sus mecanismos de producción reflejan cómo la empresa asumió en su ADN, que sus objetivos van más allá de la ganancia económica, trascendiendo al aporte social y ambiental.

Carlos Urcuyo, gerente de Cuestamoras Bosques (con sombrero), observa uno de los sectores de la finca Bahía Gracia, en el que se hizo una siembra reciente de varias especies ordenadas de tal forma que cuando se corten se genere el menor daño posible. Foto: Rafael Pacheco
Carlos Urcuyo, gerente de Cuestamoras Bosques (con sombrero), observa uno de los sectores de la finca Bahía Gracia, en el que se hizo una siembra reciente de varias especies ordenadas de tal forma que cuando se corten se genere el menor daño posible. Foto: Rafael Pacheco

Este cambio de paradigma ha llevado a la compañía a convertirse en una de las nueve empresas costarricenses que pertenecen al Sistema B, un nuevo modelo que procura que los negocios midan sus resultados socioambientales con la misma rigurosidad con la que evalúan sus estados financieros.

Las ocho empresas B en Costa Rica son: Aromas para el Alma, Bodhi Surf + Yoga, Cuestamoras Bosques, Florex, Nahua LLC, Treeseed.Org, Yuxta, Pucci Photo y s.e.e.d by EY Central America.

A cargo de la certificación de este sello está la organización B Lab, que reconoció a tres empresas ticas con el premio Best for the world, por estar entre el 10% de todas las empresas con mejor puntaje, en cuanto a sus impactos positivos y mejoras realizadas al momento de certificarse o recertificarse como empresa B.

Las compañías galardonas fueron: Cuestamoras Bosques, Bodhi Surf + Yoga y Pucci Photo.