Lucía Astorga. 6 enero
Los peces se caracterizan por la elongación de su nariz, donde se forman dientes, que dan la apariencia de una sierra. Esto también representa una vulnerabilidad, ya que pueden quedar atrapados en las redes de pesca. Foto: Suministrada por Mario Espinoza
Los peces se caracterizan por la elongación de su nariz, donde se forman dientes, que dan la apariencia de una sierra. Esto también representa una vulnerabilidad, ya que pueden quedar atrapados en las redes de pesca. Foto: Suministrada por Mario Espinoza

Aunque la relación política entre Costa Rica y Nicaragua no siempre ha sido la mejor, ambas naciones están unidas por un importante potencial en sus territorios, para la sobrevivencia del pez sierra, uno de los peces más amenazados del mundo.

Por lo menos así lo asegura una investigación hecha por científicos del Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar), de la Universidad de Costa Rica (UCR), que encontró en suelo tico y en aguas nicaragüenses, dos importantes hotspots (puntos calientes o áreas donde hay una especial concentración de biodiversidad, en este caso, del pez sierra).

Estos sitios de relevancia son: el Humedal Nacional Térraba Sierpe, en el Pacífico sur, y la cuenca hidrográfica del río San Juan, en la región norte.

“Cuando comencé en el estudio no tenía tanta esperanza de que íbamos a encontrar tantos reportes del pez sierra, pensaba que su situación iba a estar peor que en otros lugares, pero afortunadamente pudimos encontrar lugares claves, en el Pacífico y zona norte.

“Nos llena de esperanza, de emoción. Nos dice que aún no está perdida la batalla con la conservación de esta especie, que hay que enfocar los esfuerzos de conservación, las acciones de manejo localmente, sobre todo en la zona del Térraba Sierpe y en los ríos que desembocan en el San Juan, es una zona muy importante y que está expuesta a diferentes amenazas socioeconómicas”, expresó el biólogo Mario Espinoza, quien junto con Jorge Valerio, realizó el estudio.

Cinco especies

Si bien se habla en singular, lo cierto es que cuando se habla del pez sierra, en realidad a lo que se hace referencia es a un grupo de especies de peces cartilaginosos (o sea, que están relacionados con los tiburones y las rayas). Históricamente han habitado los ríos, humedales, manglares, y aguas costeras de Costa Rica, sin embargo, sus números han declinado significativamente en el país, siguiendo la tendencia global.

Los niveles han descendido a tal punto, que las cinco especies de este grupo, están catalogadas como en peligro crítico de extinción o en peligro, según la ‘Lista Roja’ de la Unión Internacional para la Naturaleza (UICN).

Por ello, desde el 2017, el Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca), estableció una veda permanente para la captura de las dos especies de este grupo, que se encuentran en Costa Rica: Pristis pristis y Pristis pectinata. Asimismo, el acuerdo AJDIP/366-2017 solo permite su pesca con fines de investigación científica.

Metodología

¿Conoce al pez sierra?

Existen cinco especies y todas ellas están catalogadas en peligro crítico de extinción o en peligro, según la 'Lista Roja' de la UICN.

¿Pero, cómo los investigadores lograron identificar los dos ‘puntos calientes? Aplicando 275 entrevistas, entre marzo del 2016 y octubre del 2017, en comunidades costeras y ribereñas en todo el país.

“Cuando comenzamos no teníamos una noción de cuál era la situación, adonde se encontraba el pez. Por reportes históricos se sabía que estaba en ciertos lugares del país, sin embargo, pensamos que los pescadores y las comunidades costeras, desde su experiencia, podrían generar mayor información acerca de la especie”, indicó Espinoza, sobre por qué decidieron implementar esta metodología.

La selección de pueblos pesqueros para realizar entrevistas, se basó en registros históricos y la proximidad de estos lugares, a los ecosistemas adecuados para el pez sierra, como manglares, grandes ríos y otros hábitats costeros clave.

De tal forma que los cuestionarios se aplicaron en el golfo de Nicoya, el Humedal Nacional Térraba Sierpe, el golfo Dulce, Boca San Carlos , Boca Cureña, barra del Colorado, Gandoca, Manzanillo y Sixaola.

Las preguntas formuladas a los entrevistas, de acuerdo con Espinoza, son de gran aporte porque “ayudan a aclarar mejor aspectos de la distribución, de la situación del pez sierra, de las amenazas y es básicamente la información que necesitábamos para arrancar el estudio”.

Cambios en distribución

Futuro del pez sierra

Investigadores identificaron dos sitios importantes para la recuperación del pez sierra en Costa Rica.

Por ejemplo, según los testimonios obtenidos, hace más de 20 años el número más alto de reportes sobre la presencia del pez sierra se registraba en el golfo de Nicoya (41 de 89), en segundo lugar aparecía la cuenca hidrográfica del río San Juan (con 22) y en tercer sitio el Humedal Nacional Térraba Sierpe (con nueve).

Empero, ahora las cifras son diferentes; en los últimos cinco años, la mayor cantidad de reportes se originaron en las cercanías del río San Juan (10 de 24), seguido por el Humedal Nacional Térraba Sierpe (con cinco). El golfo de Nicoya fue desplazado al tercer lugar, con la misma cantidad de registros que el el Pacífico sur (tres).

"La variación podría deberse a que el golfo de Nicoya, "ha sido sometido a una intensiva extracción de recursos marinos y se considera que ha sido sobrepescado desde la década de 1990, (periodo) que coincide con el tiempo marco de la mayoría de las capturas en este estuario.

“(...) Según los pescadores, algunos peces sierra capturados en este golfo durante la temporada de lluvias eran hembras embarazadas y, en algunos casos, abortaron sus fetos cuando fueron capturadas. Esto sugiere que el golfo de Nicoya y posiblemente el río Tempisque eran un terreno de cría de pez sierra”, indica el estudio, publicado en la revista Endangered Species Research.

Mientras que la cuenca hidrográfica del río San Juan, que representa una frontera natural entre Costa Rica y Nicaragua, luego que las poblaciones del pez sierra disminuyeran en la década de los 70′, las autoridades del país implementaron en 1981, una moratoria de dos años para su captura y un estado indefinido de protección desde 2002, lo cual podría explicar su recuperación.

Por otro lado, el Humedal Nacional Térraba Sierpe, posee uno de los bosques de manglares más grandes de América Central; comprende 17.737 hectáreas de área protegida de manglares o el 43% de todos los manglares en Costa Rica. Según los investigadores, la zona cuenta con medidas de protección, como el hecho de solo permitir la agricultura de subsistencia a pequeña escala y prohibir los desarrollos turísticos o comerciales a gran escala.

Existen regulaciones que han preservado los hábitats de peces sierra dentro del humedal, al reducir las amenazas como la contaminación y los efectos sinérgicos de los cambios en el uso de la tierra debido a la deforestación para el pastoreo de ganado y los cultivos extensivos (por ejemplo, piña y plátanos).

Para los investigadores, los resultados del estudio podrían ayudar a las negociaciones internacionales entre Costa Rica y Nicaragua, para incrementar las medidas de cooperación, dado que ambas naciones ya implementan acciones para proteger estas especies amenazadas de peces.