
Un estudio de la Escuela del Clima de Columbia en Estados Unidos plantea que los árboles podrían almacenar menos carbono del que estiman algunos modelos climáticos. La investigación determinó que los robles continúan realizando fotosíntesis durante varios meses después de que su crecimiento se detiene.
Los resultados se publicaron en la revista científica Science Advances. El trabajo identificó una desconexión entre la fotosíntesis y el crecimiento de los árboles. Este hallazgo podría obligar a revisar algunas proyecciones sobre la capacidad de los bosques para capturar carbono en un planeta con mayores concentraciones de dióxido de carbono (CO2).
Gran parte del almacenamiento de carbono a largo plazo depende de que los árboles transformen el carbono absorbido mediante la fotosíntesis en madera nueva. Durante años, diversos investigadores plantearon que el aumento del CO2 en la atmósfera impulsaría la fotosíntesis y favorecería el crecimiento de los árboles.
Sin embargo, los resultados del nuevo estudio sugieren que una mayor absorción de carbono no necesariamente produce más madera. Parte de ese carbono puede destinarse a la formación de hojas o a procesos metabólicos de corta duración. Eso reduce la cantidad de carbono que permanece almacenada durante largos periodos en los bosques.
El autor principal de la investigación, Mukund Palat Rao, ecoclimatólogo del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty de la Escuela del Clima de Columbia, indicó que muchos modelos climáticos asumen que la fotosíntesis y el crecimiento ocurren de forma simultánea. Los datos recopilados mostraron que esa relación no siempre se cumple.
Cómo almacenan carbono los árboles
Durante la fotosíntesis, las plantas absorben CO2 del aire y utilizan la energía solar para transformar el dióxido de carbono y el agua en azúcares. El oxígeno regresa a la atmósfera y el carbono permanece dentro de la planta.
En los árboles, una parte de ese carbono se incorpora a la biomasa leñosa del tronco, las ramas y las raíces. Otra porción se distribuye en hojas y frutos. También puede almacenarse temporalmente como almidón o convertirse en compuestos que pasan al suelo para alimentar microorganismos, facilitar la absorción de nutrientes y contribuir a la protección frente a patógenos.
El carbono que queda atrapado en la biomasa leñosa puede tardar décadas, siglos o incluso milenios en volver a la atmósfera. Por esa razón, los bosques funcionan como un importante sumidero de carbono.
Datos obtenidos en Estados Unidos
Para analizar la relación entre fotosíntesis y crecimiento, los investigadores utilizaron imágenes satelitales en 137 sitios del este de Estados Unidos y California.
El equipo también incorporó mediciones horarias de CO2 en las copas de los árboles. Además, instaló sensores en los troncos para registrar variaciones mínimas en el tamaño de los ejemplares en tiempo real.
Los científicos complementaron la información con registros de anillos de crecimiento y datos de temperatura desde 1950 hasta la actualidad.
El análisis permitió generar registros diarios de fotosíntesis, absorción de carbono y crecimiento.
El crecimiento se detuvo antes que la fotosíntesis
En los sitios del este de Estados Unidos, los robles crecieron generalmente entre mayo y julio. No obstante, la fotosíntesis continuó hasta octubre.
Los investigadores determinaron que cerca del 36% de toda la asimilación de carbono mediante fotosíntesis ocurrió después de que el crecimiento se detuvo al final del verano.
En California, los robles crecieron entre diciembre y abril. El crecimiento disminuyó a mediados del verano y cesó en agosto. A pesar de ello, la fotosíntesis siguió activa.
En esos árboles, aproximadamente el 26% de la absorción anual de carbono se produjo después del final del crecimiento.
El papel de la sequía y el calor
Los investigadores explicaron que las condiciones secas y cálidas afectan la presión interna de agua que los árboles necesitan para crecer.
Según Rao, cuando aparecen condiciones de sequía y altas temperaturas, el crecimiento se detiene casi de inmediato. La fotosíntesis, en cambio, continúa aunque a un ritmo menor.
Parte del carbono absorbido durante ese periodo se utiliza para impulsar el crecimiento del año siguiente. Otra fracción se destina a nuevas hojas y raíces o al mantenimiento de las células durante el invierno.
La proporción exacta que termina almacenada a largo plazo en la biomasa leñosa todavía no está clara.
Un fenómeno que podría intensificarse
El estudio también detectó que la desconexión entre fotosíntesis y crecimiento fue más evidente en años con mayor variabilidad climática local. En esos periodos se registraron alternancias entre condiciones extremas de sequía y humedad.
Los investigadores prevén que este patrón podría volverse más frecuente conforme avance el cambio climático.
El equipo ahora analiza si esta misma relación ocurre en otras especies de árboles, distintos ecosistemas y diferentes regiones del mundo. La expectativa es que la intensidad del fenómeno varíe según el tipo de bosque y las condiciones climáticas.
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