
Happy, una elefanta asiática que ayudó a demostrar la capacidad de su especie para reconocerse en un espejo, murió este martes 26 de mayo a los 55 años. El Zoológico del Bronx, en Nueva York, informó que el animal fue sometido a eutanasia tras un periodo de cuidados paliativos debido a problemas de salud asociados con su avanzada edad.
La institución explicó que la decisión se tomó luego de evaluaciones constantes sobre su condición física y su calidad de vida. Según el zoológico, la elefanta murió de forma tranquila acompañada por sus cuidadores, curadores y veterinarios. Algunos de ellos trabajaron con ella durante más de tres décadas.
Ella superó la expectativa de vida promedio de las elefantas asiáticas que viven en zoológicos de América del Norte. De acuerdo con el recinto, esa expectativa ronda los 45 años.
La agencia Associated Press informó que la elefanta mostraba señales de deterioro en las funciones renales y hepáticas. Una necropsia detectó artritis y grandes tumores uterinos que no podían operarse. Además, esos tumores resultaban imposibles de diagnosticar mediante exámenes o estudios por imágenes en elefantes.
La elefanta que marcó un hito científico
Nacida en estado silvestre en Asia, Happy llegó a Estados Unidos cuando tenía apenas un año. Su nombre surgió a partir de Feliz, uno de los personajes de la película Blancanieves y los siete enanitos. Posteriormente ingresó al Zoológico del Bronx en 1977.
Su mayor aporte a la ciencia ocurrió en 2005. En ese momento participó en una investigación que demostró que los elefantes pueden reconocerse en un espejo.
Durante la prueba, ella observó su reflejo y utilizó repetidamente la trompa para tocar una marca en forma de X que los investigadores habían pintado sobre uno de sus ojos. Ese comportamiento fue interpretado como una señal de autoconciencia, una capacidad documentada únicamente en un número reducido de especies.
Keith Lovett, director de programas para animales del zoológico, indicó que la elefanta respondía con facilidad a estímulos relacionados con sus alimentos favoritos. Entre ellos figuraban la sandía y las fresas. También señaló que en ocasiones escondía comida detrás de una oreja para consumirla después.
La institución afirmó que la elefanta se convirtió en una importante embajadora de su especie y despertó el interés de millones de visitantes por la conservación de los elefantes asiáticos.
Años de controversias y demandas
La vida de Happy también estuvo marcada por el debate sobre el bienestar de los elefantes en zoológicos.
Durante décadas, activistas cuestionaron el tamaño de los recintos destinados a estos animales. Algunos zoológicos optaron por cerrar sus exhibiciones y trasladar ejemplares a santuarios. Otros defendieron su permanencia al considerar que ayudan a sensibilizar al público sobre la conservación de la vida silvestre.
En 2018, la organización Nonhuman Rights Project presentó una demanda contra el Zoológico del Bronx. El grupo solicitó que ella fuera reconocida legalmente como una persona y trasladada a un santuario para animales de gran tamaño.
Sin embargo, el máximo tribunal del estado de Nueva York rechazó esa petición por una votación de cinco magistrados contra dos.
Los responsables del zoológico sostuvieron que la elefanta recibía cuidados especializados. También afirmaron que contaba con espacios para nadar, buscar alimento y realizar comportamientos naturales. Según la institución, un traslado después de tantos años podía afectar su bienestar.
Sus últimos días y el futuro de Patty
Craig Piper, director interino del Zoológico del Bronx, informó que Happy pasó sus últimas semanas en un establo y un patio ubicados fuera del área de visitantes. Esa permanencia ocurrió por decisión propia dentro de su recinto.
Los cuidados paliativos incluyeron hidratación, alimentación y manejo del dolor.
A lo largo de su vida, Happy convivió con varios compañeros. El último murió en 2006. Por precaución, permanecía separada de otras dos elefantas asiáticas llamadas Patty y Maxine, aunque podía olerlas y tocarlas a través de una división.
Maxine murió a los 18 años. Patty permanece con vida y tiene 57 años.
La Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre señaló en 2006 que el último elefante del zoológico podría ser trasladado a otra institución. Piper afirmó que el Zoológico del Bronx analizará con mucho cuidado cualquier posibilidad de mover a Patty del lugar donde ha vivido durante más de cinco décadas.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
