
Cocinar es una de las principales fuentes de contaminación del aire dentro de las viviendas. Cada vez que se fríe, saltea o se cocina a altas temperaturas, se liberan compuestos orgánicos volátiles (VOC), óxidos de nitrógeno (NOx) y partículas ultrafinas, sustancias que influyen en la calidad del aire interior. Un estudio reciente analizó qué ocurre cuando esa cocción se hace con freidoras de aire, un electrodoméstico cada vez más común en los hogares.
La investigación, publicada en la revista ACS ES&T Air, cuantificó las emisiones generadas por freidoras de aire domésticas y las comparó con otros métodos de cocinado. El resultado central es contundente: las freidoras de aire pueden emitir hasta 100 veces menos VOC que técnicas tradicionales como freír en sartén o saltear con aceite, cuando los datos se extrapolan al volumen de una cocina pequeña.
El estudio fue realizado por un equipo de la Universidad de Birmingham, en el Reino Unido. Para evitar la dilución que ocurre en cocinas reales con ventilación, los experimentos se llevaron a cabo en una cámara cerrada de aproximadamente 0,15 metros cúbicos, equipada con instrumentos de alta precisión. Dentro de ese espacio se colocó una freidora de aire comercial y se cocinaron 12 alimentos distintos, clasificados como bajos en grasa, altos en grasa y productos congelados.
Durante cada preparación, los investigadores midieron de forma continua las concentraciones de VOC, NOx y partículas ultrafinas. También registraron la temperatura, la humedad y la tasa de renovación del aire, con el fin de calcular las tasas reales de emisión asociadas a cada alimento.
Los resultados muestran que las emisiones varían de forma marcada según el tipo de comida. Los alimentos con alto contenido de grasa generaron más partículas ultrafinas, en algunos casos comparables a las de la fritura profunda. En cambio, los alimentos bajos en grasa produjeron concentraciones considerablemente menores. Según el estudio, estas diferencias se explican por procesos como la reacción de Maillard y la descomposición térmica de los lípidos, que se intensifican cuando hay más grasa disponible.
En cuanto a los óxidos de nitrógeno, los investigadores no detectaron emisiones cuando la freidora funcionó vacía. El NOx solo apareció durante la cocción de ciertos alimentos, lo que indica que su presencia depende del proceso químico asociado al alimento y no del aparato en sí.
El estudio también identificó un factor adicional: la acumulación de residuos dentro de la freidora. Tras más de 70 usos, el equipo observó aumentos del 23% en las concentraciones de VOC y del 236% en partículas ultrafinas, incluso sin cocinar alimentos. Este hallazgo está vinculado a restos de grasa acumulados en zonas difíciles de limpiar.
Los autores señalan que, aunque las concentraciones medidas dentro de la cámara fueron elevadas, al escalar los datos a una cocina real las emisiones resultan sustancialmente menores que las de métodos tradicionales. No obstante, aclaran que los resultados dependen del alimento, su contenido graso y el estado de limpieza del aparato, y que el estudio se centró en condiciones controladas de laboratorio.