
Un conjunto de fósiles excavado hace más de un siglo en Nuevo México recibió una nueva clasificación científica. La revisión determinó que los restos no pertenecían al dinosaurio al que se habían asociado durante décadas. La investigación identificó una especie inédita de hadrosaurio llamada Ahshislesaurus wimani, un herbívoro que vivió hace cerca de 75 millones de años, en el final del Cretáceo.
El estudio apareció en el Boletín del Museo de Historia Natural y Ciencia de Nuevo México. El equipo analizó fragmentos de cráneo, mandíbula inferior y vértebras. Esos restos se hallaron en 1916 en la Formación Kirtland y permanecían resguardados en el Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian.
Los primeros registros atribuyeron el material al género Kritosaurus. La nueva evaluación determinó diferencias anatómicas claras. Esa evidencia respaldó la creación de un género y una especie distintos.
Un gigante apodado la ‘vaca del Cretáceo’
Los hadrosaurios recibían en ocasiones el apodo coloquial de “vacas del Cretáceo”. Investigadores explicaron que el grupo probablemente se desplazaba en manadas y ocupaba amplias zonas del norte de Nuevo México.
El Ahshislesaurus wimani alcanzaba cerca de 12 metros de longitud. La especie presentaba un cráneo aplanado y una crista ósea en la parte inferior del hocico. El animal vivía en bandadas y figuraba entre los herbívoros más visibles del paisaje cretácico de la región.
Los cráneos revelan la historia
La identificación del nuevo dinosaurio surgió de la comparación detallada del cráneo. El análisis mostró que su forma y proporciones no coincidían con las del Kritosaurus, aunque ambos pertenecían a grupos cercanos. Los resultados indicaron que las dos líneas evolutivas se separaron en una etapa tardía dentro de los hadrosaurios.
Revisiones de este tipo son frecuentes. Nuevas técnicas y hallazgos permiten reinterpretar materiales antiguos. Muchas colecciones de museos conservaron durante años fósiles que, al reexaminarse, revelan especies que habían pasado inadvertidas.
Diversidad mayor de la prevista en el final del Cretáceo
El reconocimiento del Ahshislesaurus wimani reforzó la idea de una alta diversidad de hadrosaurios en el tramo final del Cretáceo. Varias especies relacionadas compartían los mismos ambientes. Esa coexistencia planteó dudas sobre su organización ecológica. Las diferencias pudieron presentarse en la dieta, en el comportamiento o en el uso del espacio.
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