
Una expedición de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) encontró un contenedor con lavadoras, refrigeradores y congeladores a unos 1,5 kilómetros de profundidad en el Golfo de México.
El hallazgo ocurrió en 2017 durante una misión a bordo del buque Okeanos Explorer. La exploración adquirió repercusión pública a finales de agosto de este año tras la divulgación de imágenes.
La misión, liderada por la bióloga marina Diva Amon y el especialista en equinodermos Charles Messing, tenía como objetivo mapear e investigar el fondo del Golfo de México.
El sonar de la embarcación detectó una estructura de grandes dimensiones rodeada por objetos más pequeños. La disposición llevó al equipo a considerar inicialmente que se trataba de un barco hundido con restos dispersos a su alrededor.
Los investigadores enviaron un vehículo operado de forma remota (ROV) para observar el sitio. Las imágenes mostraron una planicie arenosa con estructuras blancas y oxidadas. Algunas estaban rotas y tenían sus componentes internos expuestos.
Los científicos también identificaron una placa metálica con instrucciones parcialmente legibles. Entre los fragmentos conservados aparecían indicaciones equivalentes a “Para operar”, “Para seguridad personal” y “Solución de problemas”.
La exploración permitió determinar que la estructura detectada por el sonar no era un barco hundido. El vehículo encontró un contenedor rojo, abollado y rodeado por electrodomésticos.
Los objetos que inicialmente parecían restos de una embarcación eran lavadoras, refrigeradores y congeladores.
Marcas permitieron obtener datos sobre el contenedor
Los investigadores registraron el número de identificación ITLU733016 [0] y otras marcas presentes en el contenedor para intentar determinar su procedencia.
La carga incluía productos de diferentes marcas, entre ellas RCA y GE. Los aparatos no tenían embalajes, por lo que el equipo consideró la posibilidad de que fueran transportados para reciclaje.
Una etiqueta localizada en uno de los equipos también indicaba una posible relación con Louisville, en el estado de Kentucky, Estados Unidos.
El análisis de los números de serie determinó que las lavadoras habían sido fabricadas por última vez en 2002. Con ese dato, los investigadores estimaron que el contenedor cayó al océano alrededor del cambio de milenio.
El equipo planteó como hipótesis que el contenedor pudo caer de un barco durante una tormenta. Las circunstancias exactas no fueron confirmadas.
Según datos del Consejo Mundial de Navegación citados en el material, entre varios cientos y más de 1.000 contenedores terminan anualmente en el océano, de aproximadamente 280 millones transportados. Las condiciones climáticas severas y el mar agitado figuran entre los factores relacionados con estas pérdidas.
Animales utilizaron las estructuras
Durante la exploración, los investigadores observaron corales e hidrozoarios adheridos a las estructuras metálicas. También identificaron un pez que utilizaba la sombra del contenedor como refugio.
Según el equipo, estos organismos pueden aportar información sobre la edad de la fauna que habita estructuras sumergidas y sobre su velocidad de crecimiento.
Uno de los integrantes de la expedición señaló que investigaciones sugieren que los contenedores perdidos pueden tardar cientos de años o más en degradarse completamente en las profundidades del océano.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
