
La búsqueda de vida fuera de la Tierra podría ampliarse hacia regiones oscuras del universo. Un estudio científico indicó que ciertas lunas que orbitan planetas errantes podrían mantener océanos de agua líquida durante hasta 4.300 millones de años.
La investigación se publicó el 11 de marzo en la revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society. El trabajo lo realizaron científicos del Cluster de Excelencia ORIGINS de la Universidad Ludwig Maximilian de Múnich (LMU) y del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE) en Alemania.
Los modelos científicos sugieren que estas lunas podrían conservar agua líquida por un periodo comparable con la edad de la Tierra. Ese lapso teóricamente permitiría el desarrollo de formas complejas de vida.
Planetas errantes y sus lunas
Los planetas errantes son cuerpos celestes que no orbitan una estrella. Estos planetas se originan en sistemas planetarios jóvenes. En esas etapas ocurren fuertes interacciones gravitacionales. Ese proceso puede expulsar algunos planetas hacia el espacio interestelar.
Investigaciones anteriores señalaron que los gigantes gaseosos expulsados pueden conservar parte de sus lunas. Cuando ocurre esa expulsión las órbitas de las lunas suelen volverse altamente elípticas.
Esa forma orbital provoca variaciones constantes en la distancia entre la luna y el planeta. La consecuencia es la aparición de fuertes fuerzas de marea.
El calor que podría mantener océanos
Las fuerzas de marea deforman periódicamente el interior de las lunas. Esa deformación comprime sus capas internas. El proceso genera calor por fricción, fenómeno conocido como calentamiento de marea.
Ese calor interno podría mantener océanos líquidos bajo condiciones extremadamente frías. El espacio interestelar carece de luz estelar que caliente la superficie. Aun así, la energía generada por la marea podría compensar esa ausencia.
El papel clave de la atmósfera
La investigación también analizó el papel de la atmósfera de las lunas. En la Tierra el dióxido de carbono actúa como gas de efecto invernadero. Sin embargo, en ambientes muy fríos el CO₂ se condensa y pierde eficacia para retener calor.
Por ese motivo los científicos evaluaron un escenario con atmósferas ricas en hidrógeno. En condiciones de alta presión el hidrógeno puede retener calor mediante un proceso llamado absorción inducida por colisión.
Durante ese proceso las moléculas de hidrógeno chocan entre sí. Ese choque temporal forma complejos capaces de absorber radiación térmica. El resultado es un efecto invernadero estable que podría mantener temperaturas adecuadas durante miles de millones de años.
Posibles pistas sobre el origen de la vida
El estudio también estableció vínculos con la Tierra primitiva. Los investigadores indicaron que altas concentraciones de hidrógeno generadas por impactos de asteroides pudieron crear condiciones favorables para el origen de la vida.
Los científicos señalaron que las fuerzas de marea en estas lunas podrían generar ciclos naturales de humedad y sequedad. La deformación del terreno favorecería la evaporación y posterior condensación del agua.
Esos ciclos son importantes para la formación de moléculas orgánicas complejas, paso considerado esencial para el surgimiento de vida.
Más lugares potencialmente habitables
El estudio sugiere que los planetas errantes podrían ser tan numerosos como las estrellas de la Vía Láctea. Esa posibilidad amplía de forma significativa el número de ambientes potencialmente habitables en el universo.
Las conclusiones plantean que la aparición de vida no necesariamente depende de la presencia de un sol. Incluso en regiones oscuras de la galaxia podrían existir lunas con océanos líquidos.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
