
En la bahía de Bristol, en Alaska, una población aislada de ballenas beluga llamó la atención de la comunidad científica. Un estudio determinó que estos cetáceos adoptan un sistema reproductivo con múltiples parejas a lo largo de la vida, una conducta que mejora sus posibilidades de supervivencia en un ambiente frío, remoto y con escaso intercambio genético.
La investigación se basó en más de 13 años de datos genéticos recopilados por el Instituto Oceanográfico Harbor Branch de la Universidad Atlántica de la Florida, en conjunto con autoridades de manejo de vida silvestre de Alaska. Los resultados se publicaron el martes 20 en la revista científica Frontiers in Marine Science.
Las ballenas que habitan regiones árticas y subárticas viven en aguas turbias y gélidas. Esta condición dificulta la observación directa y limitó durante décadas el conocimiento sobre su comportamiento reproductivo.
La población de la bahía de Bristol, estimada en cerca de 2.000 individuos, permanece aislada de otros grupos, con poca o ninguna entrada de nuevos genes. Esta situación convirtió a la zona en un laboratorio natural para estudiar reproducción, parentesco y diversidad genética.
Durante el estudio, los investigadores analizaron muestras genéticas de 623 ballenas. También recopilaron información sobre edad, vínculos familiares y organización social, con el fin de identificar quién se reproduce con quién y cuáles son las consecuencias evolutivas.
Antes del análisis, la hipótesis dominante apuntaba a un modelo poligínico, en el cual pocos machos grandes y dominantes concentran la reproducción con varias hembras. Este patrón resulta común en especies con diferencias marcadas de tamaño entre sexos.
Los datos genéticos mostraron un escenario distinto. Machos y hembras mantienen múltiples parejas en distintas temporadas reproductivas. Este sistema, conocido como promiscuidad, genera una red de parentesco con muchos medio hermanos y pocos hermanos completos dentro de la población.
Los autores vincularon este comportamiento con la longevidad de las ballenas, que pueden vivir varias décadas. En lugar de concentrar la competencia reproductiva en una sola temporada, los machos distribuyen sus oportunidades a lo largo del tiempo, lo que reduce enfrentamientos intensos y evita que pocos individuos concentren la paternidad.
Este patrón produce una variación moderada en el éxito reproductivo. La mayoría de los adultos tiene pocos descendientes por período, lo que favorece el equilibrio genético de la población.
Las hembras también cumplen un rol activo. Al cambiar de pareja entre temporadas, aumentan la diversidad genética de sus crías y disminuyen el riesgo de reproducirse con individuos de baja calidad genética.
El análisis no evidenció grandes diferencias entre ballenas jóvenes y adultas en la cantidad de crías nacidas por temporada. Sin embargo, las hembras de mayor edad registraron más descendientes sobrevivientes, lo que sugiere un impacto positivo de la experiencia y la condición física.
Aportes clave para la conservación
En poblaciones pequeñas y aisladas, la endogamia y la pérdida de diversidad genética representan amenazas serias. El sistema reproductivo observado permite distribuir los genes de forma más uniforme y mantener un tamaño efectivo de población más alto.
Si pocos machos concentraran la reproducción, la diversidad genética disminuiría con rapidez. La rotación frecuente de parejas limita ese riesgo y fortalece la capacidad de adaptación frente a cambios ambientales.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
