
La posibilidad de vivir bien hasta los 120 años dejó de ser una expresión simbólica y pasó a convertirse en un objetivo científico. La genetista Mayana Zatz, coordinadora general del Genoma USP, lidera una de las investigaciones más ambiciosas sobre longevidad extrema en el mundo. Su trabajo se centra en brasileños con más de un siglo de vida y en los factores genéticos que explican esa condición excepcional.
Nacida en Israel y criada en Brasil desde los 8 años, Zatz impulsó un proyecto que ya recopiló muestras genéticas de 160 centenarios, entre ellos 15 supercentenarios, personas que superan los 110 años. Según la investigadora, este grupo resulta extremadamente raro y ofrece información clave para comprender el envejecimiento saludable.
Un estudio publicado el 7 de enero en la revista Genomic Psychiatry, elaborado por Zatz y el equipo del Centro de Investigación del Genoma Humano y Células Madre de la Universidad de São Paulo, detalla por qué Brasil posee uno de los patrimonios genéticos más valiosos para estudiar la longevidad humana. La diversidad genética del país permitió identificar variantes únicas de inmunidad que no aparecen en otras poblaciones.
La investigación señala que alcanzar los 90 o 100 años se relaciona principalmente con hábitos conocidos como alimentación saludable y actividad física regular. Sin embargo, superar el siglo de vida depende en gran medida de la genética. En estos casos, el entorno pierde peso y el ADN adquiere un papel determinante.
Los estudios del Genoma USP identificaron centenarios expuestos a la covid-19 que se recuperaron sin complicaciones o permanecieron asintomáticos. También se documentaron casos de atletas centenarios, incluidos campeones de natación con un desempeño muscular y cognitivo fuera de lo común. Estos hallazgos reforzaron la hipótesis de la existencia de genes de resistencia.
El equipo científico analiza no solo el genoma, sino también el funcionamiento de neuronas y músculos en estos individuos. Las técnicas actuales permiten crear tejidos humanos a partir de muestras de sangre, lo que facilita el estudio detallado de células neuronales, musculares, cardíacas y pulmonares sin procedimientos invasivos.
El objetivo final de estas investigaciones apunta a beneficiar a personas sin una genética privilegiada. Zatz plantea que la edición genética permitirá transformar genes comunes en genes de resistencia, corregir mutaciones y prevenir enfermedades hereditarias. Aunque estas tecnologías aún presentan riesgos, los avances redujeron los errores y ampliaron sus posibilidades futuras.
La edición genética también abre la puerta a trasplantes de órganos antes incompatibles. La modificación genética en cerdos, cuyos órganos se asemejan a los humanos, permitió reducir el rechazo inmunológico. En Estados Unidos, el FDA aprobó estudios clínicos con trasplantes renales de origen porcino, con resultados iniciales positivos.
En paralelo, la bioingeniería de órganos avanza hacia la creación de tejidos personalizados mediante impresión 3D, utilizando células del propio paciente. Este enfoque elimina el riesgo de rechazo y promete transformar los tratamientos de insuficiencia orgánica.
Zatz también destaca el impacto de la inteligencia artificial (IA) en la medicina. Sistemas basados en IA ya analizan genomas y exámenes clínicos con márgenes de error inferiores al 1%, lo que supera a muchos centros de diagnóstico tradicionales. Estas herramientas ajustan tratamientos según el metabolismo de cada paciente y aceleran decisiones médicas.
A pesar de los avances científicos, la genetista advierte sobre las dificultades para investigar en Brasil. La falta de insumos y los retrasos logísticos afectan el trabajo en laboratorio y provocan la salida de jóvenes científicos hacia el exterior, donde las condiciones resultan más favorables.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
