
El ingeniero forestal Alejandro Camporini, residente en Claromecó, Argentina, impulsó durante 25 años un proyecto enfocado en el cultivo del pino piñonero (Pinus pinea). Su objetivo consistía en producir piñones en territorio argentino y abrir la posibilidad de exportar un producto que hasta ahora no tenía una oferta nacional consolidada.
Camporini conoció los piñones desde su infancia. Según relató, solía recolectarlos junto a su familia en los montes de la zona. Más adelante, cuando cursó la carrera de Ingeniería Forestal, decidió orientar su futuro profesional hacia esta especie.
Tras graduarse, comenzó a trabajar en proyectos de forestación en Claromecó. En ese período incorporó ejemplares de Pinus pinea, con la expectativa de que en el futuro produjeran piñas aptas para la obtención de piñones.
Una apuesta de largo plazo
En 2018 participó en un proyecto de reforestación de campos costeros. Allí propuso ampliar la plantación de esta especie con fines productivos.
Durante los primeros años de trabajo conoció a Agustín Nogueras, productor y comercializador catalán especializado en piñones. Ambos intercambiaron conocimientos técnicos y mantuvieron una relación profesional que contribuyó al desarrollo de la iniciativa.
Camporini explicó que el pino piñonero se adapta adecuadamente a las condiciones de la región costera argentina. Sin embargo, identificó dos obstáculos principales.
El primero consiste en la obtención del piñón blanco, que es la parte comestible del fruto. El segundo corresponde a la falta de mano de obra especializada y de maquinaria específica para la cosecha y procesamiento, debido a que esta variedad no forma parte de los cultivos tradicionales del país.
Por ahora, el procesamiento se realiza de manera artesanal debido a los bajos volúmenes de producción.
Un árbol con raíces mediterráneas
El pino piñonero es originario de la región mediterránea. Cerca del 70% de sus bosques se concentra en España, especialmente en la costa mediterránea, la zona central y la provincia de Valladolid.
También existen plantaciones en Portugal, Italia y Turquía. En menor escala aparece en Túnez, Marruecos e Israel. En Sudamérica se encuentra en Chile y Argentina, principalmente en áreas costeras.
Su característica más distintiva es la copa en forma de sombrilla abierta, que lo diferencia de otras especies de pinos.
Por qué el piñón alcanza precios tan elevados
La producción del piñón blanco requiere una gran cantidad de materia prima.
De acuerdo con los datos del proyecto, de cada cinco kilos de piñas se obtiene un kilo de piñón con cáscara. A su vez, de cada cinco kilos de piñón con cáscara se obtiene un kilo de piñón blanco.
Esto significa que se necesitan 100 kilos de piñas para producir apenas cuatro kilos de piñón blanco.
Además del complejo proceso productivo, este fruto seco destaca por su composición nutricional.
Contiene aproximadamente 33% de proteínas, entre 4% y 7% de carbohidratos y cerca de 43% de grasas. También presenta elevados niveles de ácidos grasos insaturados, con alrededor de 36% de ácido oleico y 44% de ácido linoleico.
Un ingrediente asociado a la gastronomía
El piñón es ampliamente conocido por su utilización en el pesto genovés, una de las preparaciones más tradicionales de la cocina italiana.
A diferencia de otros frutos secos, suele emplearse como ingrediente culinario, condimento o elemento decorativo en distintos platos.
En España también forma parte de la industria pastelera. Su consumo aumenta durante celebraciones como la Navidad y otras festividades religiosas. En países islámicos también registra una mayor demanda durante el ramadán.
Así se realiza la cosecha
La cosecha de las piñas comienza a finales de mayo en Argentina y en noviembre en España.
Los trabajadores especializados suben a los árboles con ganchos para desprender las piñas. Luego son recolectadas y almacenadas hasta la llegada del calor.
Cuando las piñas se abren por efecto del sol, pasan por un proceso mecánico que permite obtener el piñón con cáscara. Posteriormente se descascara para producir el piñón blanco listo para el consumo.
Camporini señaló que en España existen sistemas más avanzados que utilizan máquinas vibradoras para desprender las piñas y equipamiento industrial para procesarlas.
Un cultivo que exige paciencia
Los pinos comienzan a producir piñas entre los 9 y 10 años de edad. Durante los primeros años generan pocas cantidades. La producción aumenta conforme el árbol madura.
El ingeniero forestal indicó que los injertos podrían acelerar la aparición de frutos. Sin embargo, esta técnica requiere experiencia especializada y eleva los costos de producción.
Los primeros envíos al exterior
Mientras avanzaba el proyecto, Ariel Saconne, inversor principal de la iniciativa, propuso exportar la producción disponible.
Como resultado, los piñones obtenidos en plantaciones argentinas fueron enviados a Barcelona, donde completaron las etapas finales de procesamiento antes de llegar al mercado.
Actualmente, Camporini busca consolidar una producción local orientada al segmento premium.
También aspira a que los proyectos de reforestación permitan ampliar las exportaciones y posicionar el producto en el mercado argentino. Según explicó, varias plantaciones aún presentan limitaciones productivas debido a la falta de tareas silvícolas como podas y raleos para controlar la densidad de árboles.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
