
El cometa interestelar 3I/ATLAS, que ha sido objeto de seguimiento mundial desde su descubrimiento en 2025, sigue revelando detalles sobre su origen fuera del sistema solar. Ahora, observaciones realizadas con el telescopio espacial James Webb permitieron detectar por primera vez metano de forma directa en este visitante interestelar, además de confirmar una composición química diferente a la observada en la mayoría de los cometas conocidos.
El hallazgo fue publicado en The Astrophysical Journal Letters por un equipo encabezado por investigadores del Instituto Tecnológico de California (Caltech), que utilizó el instrumento MIRI del Webb para analizar la luz infrarroja emitida por los gases presentes alrededor del cometa.
Las observaciones se realizaron entre el 15 y el 27 de diciembre de 2025, cuando 3I/ATLAS ya se alejaba del Sol después de completar su paso por el interior del sistema solar.
Los científicos identificaron señales de vapor de agua, dióxido de carbono, metano y níquel atómico en la coma, la nube de gas y polvo que rodea el núcleo del cometa. Entre todos los compuestos detectados, el metano fue el más llamativo debido a que nunca antes había sido observado directamente en un objeto interestelar.
El estudio encontró que la producción de metano aumentó con respecto al agua durante las observaciones. Según los autores, esto indica que parte del metano de las capas superficiales pudo haberse perdido anteriormente, mientras que el gas detectado por Webb habría emergido desde material ubicado bajo la superficie del cometa.
Un comunicado de la Agencia Espacial Europea (ESA) explica que el metano solo apareció después del acercamiento de 3I/ATLAS al Sol. De acuerdo con la agencia, el calor alcanzó capas más profundas del objeto y permitió liberar reservas de gas que permanecían protegidas dentro de la cubierta helada del cometa.
Las mediciones también confirmaron otra característica que ya había llamado la atención de los astrónomos: la abundancia de dióxido de carbono. Los investigadores determinaron que 3I/ATLAS libera mucho más dióxido de carbono en relación con el agua que la mayoría de los cometas del sistema solar. Además, la proporción de metano respecto al agua también resulta elevada.
Para identificar estos compuestos, Webb utilizó un espectrómetro capaz de descomponer la luz infrarroja en distintas longitudes de onda. Cada molécula absorbe y emite energía de una forma característica, lo que permite reconocer qué gases están presentes alrededor del núcleo. Según la ESA, esta técnica también permitió visualizar dónde se concentraba cada compuesto.
Las imágenes mostraron que el vapor de agua se extendía mucho más allá del núcleo porque parte de ese material provenía de pequeños granos de hielo dispersos en la coma. En contraste, el dióxido de carbono y el metano permanecían concentrados en las regiones más cercanas al núcleo del cometa.
Los autores concluyen que la combinación de abundante dióxido de carbono y metano refuerza la idea de que 3I/ATLAS se formó en un entorno químico diferente al que dio origen a la mayoría de los cometas del sistema solar.
