
La piel de la tambatinga, un pez amazónico cultivado en Brasil, puede convertirse en una materia prima valiosa para la industria del empaque. Así lo demuestra un estudio científico que logró transformar residuos del procesamiento de este pez en películas biodegradables de gelatina, con propiedades mecánicas y ópticas adecuadas para aplicaciones en alimentos .
La investigación, publicada en la revista Foods, se centró en el aprovechamiento de la piel de la tambatinga —un híbrido entre Colossoma macropomum y Piaractus brachypomus—, un subproducto que suele descartarse durante el fileteado. Según el artículo, estos residuos pueden representar hasta el 50% del peso total del animal.
El equipo científico extrajo gelatina mediante un proceso de limpieza, tratamiento alcalino y ácido, seguido de calentamiento en agua. A partir de esa gelatina se elaboraron películas usando soluciones con 2 g de gelatina por cada 100 g, a las que se añadió glicerol como plastificante en dos concentraciones distintas.
Los resultados mostraron que la gelatina obtenida tiene un alto contenido de prolina e hidroxiprolina, aminoácidos clave para la estabilidad estructural. La fuerza del gel alcanzó un valor Bloom de 263,9 g, un indicador que confirma su aptitud para formar películas resistentes.
Las películas producidas fueron transparentes, flexibles y de superficie uniforme. Al aumentar la cantidad de glicerol, la resistencia a la tracción disminuyó, pero la capacidad de elongación aumentó, lo que permitió ajustar la flexibilidad del material según la formulación. El estudio también documentó cambios en el comportamiento térmico de las películas asociados a estas variaciones.
Uno de los hallazgos destacados fue la capacidad de bloqueo de radiación ultravioleta por debajo de los 300 nanómetros, así como una menor permeabilidad al vapor de agua en comparación con otras películas de gelatina reportadas en la literatura científica. Estas características son relevantes para la protección de alimentos sensibles a la luz y la humedad.
Los autores señalan que la valorización de la piel de tambatinga contribuye a reducir el impacto ambiental del sector acuícola y se alinea con los principios de la economía circular, al convertir un desecho industrial en un material de mayor valor agregado.