
La remota meseta de Lisima, en Angola, reveló nuevos secretos sobre su riqueza natural durante una expedición científica realizada en febrero de 2026. Entre los hallazgos más llamativos figura la araña cangrejo coronada, una especie que ayuda a ilustrar la extraordinaria diversidad biológica de una región que permaneció prácticamente inexplorada durante décadas.
El estudio formó parte del Atlas de la Vida de Cassai, una iniciativa impulsada por The Wilderness Project para documentar la biodiversidad de una zona que alimenta las cabeceras de cuatro de los principales sistemas fluviales de África: Congo, Okavango, Zambeze y Cuanza.
La araña cangrejo coronada sobresale por su apariencia distintiva y por habitar ecosistemas poco alterados. Su presencia confirma el valor ecológico de la meseta de Lisima, un paisaje compuesto por bosques de miombo, humedales, ríos y extensas áreas de vegetación natural.
La expedición reunió a 16 especialistas africanos e internacionales, quienes recorrieron áreas de difícil acceso para registrar especies de plantas, insectos, reptiles, anfibios y mamíferos.
La biodiversidad documentada incluyó ocho especies de libélulas aún no descritas por la ciencia, tres nuevas especies de saltamontes y cerca de 60 especies de polillas y mariposas que podrían representar nuevos registros científicos.
Los insectos también mostraron una diversidad excepcional. El estudio identificó 47 taxones de saltamontes, grillos y grupos relacionados, incluidos tres organismos desconocidos para la ciencia. Los investigadores consideran que la cifra podría aumentar cuando concluyan los análisis de laboratorio de otros ejemplares recolectados.
Entre las mariposas y polillas se contabilizaron más de 1.000 individuos. Los científicos observaron una combinación poco habitual de especies procedentes de ecosistemas tan distintos como los bosques del Congo, los matorrales del Cabo y los bosques de miombo.
Los anfibios y reptiles ocuparon otro lugar destacado en la investigación. El equipo registró 47 taxones, distribuidos entre 24 anfibios y 23 reptiles, durante una única campaña desarrollada en la temporada lluviosa.
Entre los hallazgos sobresalen registros de la víbora de Gabón, la víbora arbustiva variable, la cobra de Anchieta y la culebra de Oates. Los investigadores también identificaron una amplia diversidad de ranas asociadas a humedales y bosques pantanosos.
En las cuevas de la región, los científicos documentaron poblaciones de murciélagos de hoja redonda de Sundevall y murciélagos de herradura de Rüppell, junto con diversos parásitos asociados a estas especies.
La flora también mostró una notable riqueza. Los botánicos realizaron más de 320 recolecciones en bosques de miombo, humedales, márgenes de ríos y arroyos rocosos. Los resultados reflejan la diversidad de ecosistemas concentrados en una superficie relativamente reducida.
Según los investigadores, muchos de los insectos recolectados podrían ser endémicos de la región, lo que aumentaría el valor biológico de la meseta de Lisima.
El aislamiento geográfico de Lisima permitió la conservación de numerosos hábitats. Durante décadas, la guerra civil angoleña, la presencia de minas terrestres y las dificultades de acceso limitaron la actividad humana y las investigaciones científicas.
Ese aislamiento convirtió a la región en uno de los territorios menos estudiados de África desde el punto de vista biológico.
Las amenazas ambientales aumentan conforme avanzan los procesos de desminado y la apertura de nuevas vías de acceso. Los científicos alertaron sobre el crecimiento de actividades como la extracción de diamantes, la tala y la expansión agrícola, factores que podrían afectar ecosistemas que albergan especies únicas.
Los investigadores consideran que el conocimiento generado por esta expedición será clave para impulsar estrategias de conservación en una de las principales fuentes de agua dulce del sur de África.