
La presencia de residuos de cocaína en cuerpos de agua ya no es solo un problema químico. Un estudio publicado en Current Biology documentó que estos contaminantes pueden modificar el comportamiento de peces en libertad, específicamente el movimiento y uso del espacio del salmón del Atlántico.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, analizó cómo el benzoylecgonine, principal metabolito de la cocaína, afecta a juveniles de salmón en el lago Vättern, en Suecia.
La cocaína y sus derivados se detectan cada vez más en ambientes acuáticos. Estas sustancias llegan a ríos y lagos a través de aguas residuales, donde no siempre son eliminadas por completo. En esos entornos, incluso en concentraciones bajas, pueden interactuar con el sistema nervioso de los organismos.
Para observar estos efectos fuera del laboratorio, los científicos trabajaron con salmones jóvenes criados en cautiverio. A cada grupo se le implantaron dispositivos de liberación lenta con cocaína, benzoylecgonine o sin sustancia (grupo control). Luego, los peces fueron liberados en el lago y monitoreados mediante un sistema de rastreo acústico.
Los resultados mostraron un cambio claro en el comportamiento. Los peces expuestos al metabolito aumentaron su movimiento semanal, llegando a nadar hasta 1,9 veces más distancia que los peces no expuestos. Además, estos individuos se desplazaron más lejos dentro del lago, con una dispersión adicional de hasta 12,3 kilómetros.
Este aumento en el desplazamiento indica una alteración en la forma en que los peces utilizan su entorno. El estudio describe este fenómeno como un cambio en la ecología espacial, es decir, en cómo los animales se mueven, exploran y ocupan su hábitat.
A lo largo del experimento, todos los peces redujeron su actividad con el tiempo. Sin embargo, los expuestos a las sustancias mantuvieron niveles de movimiento más altos en comparación con el grupo control durante las primeras semanas.
En cuanto a la supervivencia, no se registraron diferencias claras entre los grupos. Aunque los peces expuestos mostraron una ligera tendencia a sobrevivir más tiempo, los datos presentaron incertidumbre y no permitieron establecer conclusiones firmes en este aspecto.
El estudio también vincula estos cambios de comportamiento con procesos biológicos conocidos. La cocaína puede acumularse en el cerebro y afectar sistemas relacionados con neurotransmisores como la dopamina, que influyen en la actividad y el movimiento. Estos efectos ya se habían observado en laboratorio, pero esta investigación los documenta en condiciones naturales.
Los autores señalan que estos cambios podrían tener consecuencias más amplias, como alteraciones en el uso de hábitat, las interacciones con otras especies y los patrones de dispersión de las poblaciones.
Como limitación, el estudio se centró en un periodo de ocho semanas, que corresponde al tiempo en que los peces mantenían niveles detectables de las sustancias en el organismo.
