
Un aumento del dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera ya muestra señales en el cuerpo humano. Un estudio científico publicado el 26 de febrero en la revista Air Quality, Atmosphere & Health señaló que este gas puede influir en la química de la sangre.
Los investigadores advirtieron que, si las emisiones continúan al ritmo actual, un marcador sanguíneo clave llamado bicarbonato sérico podría acercarse al límite superior considerado saludable alrededor del año 2076.
El fenómeno preocupa especialmente en niños y adolescentes. Sus organismos aún están en desarrollo. La exposición acumulativa al CO2 atmosférico podría generar cambios progresivos en la composición química de la sangre.
Qué reveló la investigación
El estudio analizó datos de bioquímica sanguínea de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES). Este programa recolectó muestras de unas 7.000 personas cada dos años entre 1999 y 2020.
Los científicos evaluaron cambios en los niveles de bicarbonato en sangre en la población. El objetivo fue detectar si existía una relación con el aumento del CO2 en la atmósfera.
Alexandre Larcombe, investigador de la Universidad de Australia Occidental, explicó que el análisis buscó identificar una modificación gradual en la química sanguínea vinculada con la concentración atmosférica de este gas.
La modelación del estudio indicó que, si continúan las tendencias actuales, los niveles promedio de bicarbonato podrían acercarse al límite superior del rango saludable en unos 50 años.
Cambios detectados en la sangre
Durante los 21 años de análisis, la concentración media de bicarbonato en sangre aumentó de 23,8 a 25,3 miliequivalentes por litro.
Esto representó un incremento cercano al 7%, equivalente a un aumento promedio anual de 0,34%.
Los investigadores indicaron que esta variación siguió una tendencia similar al incremento del CO2 en la atmósfera durante el mismo periodo.
El estudio también examinó otros compuestos del organismo. El calcio (Ca) registró una reducción de 2%. El fósforo (P) disminuyó 7%.
Los científicos señalaron que esta tendencia sugiere un posible riesgo. Ambos elementos podrían aproximarse al límite inferior de los niveles saludables aún dentro de este siglo.
Cómo reacciona el cuerpo al CO2
En el organismo humano, el CO2 se transforma en bicarbonato. Este electrolito cumple una función clave en el equilibrio ácido-base del cuerpo.
Cuando la concentración de CO2 aumenta, los riñones retienen más bicarbonato para estabilizar el pH de la sangre.
Los huesos también pueden participar en ese proceso. El organismo intercambia minerales como calcio y fósforo para neutralizar el exceso de ácido.
Los investigadores indicaron que estos mecanismos funcionan como compensación. Sin embargo, períodos prolongados podrían generar consecuencias fisiológicas.
El aumento del CO2 en la atmósfera
Entre los años 2000 y 2026, la concentración de CO2 atmosférico pasó de 369 partes por millón (ppm) a más de 420 ppm.
Durante la última década, el incremento promedio fue de 2,5 ppm por año.
En 2024 se registró un aumento de 3,5 ppm, uno de los más altos. Ese año también figuró entre los más cálidos registrados en la historia moderna.
Los investigadores plantearon que el bicarbonato sanguíneo podría funcionar como un marcador biológico de los niveles de CO2 en el ambiente.
Phil Bierwirth, de la Universidad Nacional Australiana, sostuvo que el cuerpo humano podría no adaptarse con rapidez al aumento de este gas.
Implicaciones para la salud pública
El estudio plantea una dimensión adicional del riesgo climático para la salud humana.
Los científicos indicaron que el impacto del cambio climático no se limita a olas de calor, eventos extremos o aumento del nivel del mar.
El incremento del CO2 también podría generar cambios fisiológicos graduales en la población.
Los investigadores señalaron que, por ahora, las variaciones detectadas siguen dentro de rangos tolerables para el organismo.
Aun así, recomendaron integrar el monitoreo de biomarcadores humanos con los indicadores climáticos. Esta estrategia permitiría comprender mejor la relación entre la composición atmosférica y la salud pública.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
