
Durante décadas, los pingüinos papúa distribuidos por diferentes puntos del océano Austral fueron agrupados bajo una misma especie. Sin embargo, detrás de una apariencia casi idéntica había diferencias que no podían apreciarse con facilidad: algunas de esas poblaciones habían seguido caminos evolutivos separados.
Un estudio publicado este año en la revista científica Communications Biology propone reconocer cuatro especies diferentes de pingüinos papúa, entre ellas una especie nueva para la ciencia: Pygoscelis kerguelensis, propia de las islas Kerguelen, en el sur del océano Índico.
La investigación fue desarrollada por un equipo internacional con participación de instituciones de Chile, la Universidad de California en Berkeley y centros científicos de otros países. Según BBC Discover Wildlife, se trata de la primera nueva especie de pingüino descrita en más de 100 años.
A simple vista, encontrar las diferencias es difícil. P. kerguelensis conserva la apariencia característica de estos pingüinos: cabeza y espalda oscuras, vientre blanco, pico anaranjado con la punta negra y patas entre anaranjadas y rosadas. Su tamaño es intermedio entre algunas de las otras poblaciones estudiadas.
La diferencia apareció con mayor claridad al mirar el genoma, es decir, el conjunto de información genética de estos animales.
Los científicos analizaron genomas de 64 pingüinos procedentes de 10 colonias reproductivas distribuidas por casi toda el área geográfica del grupo. También estudiaron características físicas, condiciones ambientales y las relaciones evolutivas entre las poblaciones.
El análisis permitió distinguir cuatro grandes linajes que los autores proponen reconocer como especies: Pygoscelis papua, en las islas Malvinas/Falkland y Martillo; Pygoscelis ellsworthi, en la región antártica; Pygoscelis taeniata, en islas como Crozet, Marion y Macquarie; y la recién descrita Pygoscelis kerguelensis.
¿Cómo llegaron a separarse tanto si todos son pingüinos capaces de desplazarse por el océano?
Una de las claves está en su comportamiento. Los papúa muestran una fuerte fidelidad a sus lugares de reproducción y una dispersión limitada durante su vida. Esa tendencia reduce el intercambio de genes entre colonias distantes.
A ello se sumó el aislamiento de las islas y la influencia del Frente Polar Antártico, una zona del océano donde cambian características como la temperatura y la salinidad del agua y que puede funcionar como barrera para el movimiento de animales.
Según los investigadores, estas condiciones contribuyeron a que las poblaciones acumularan diferencias durante cientos de miles de años. En un comunicado, UC Berkeley sitúa el proceso de formación de estas especies durante los últimos 300.000 a 500.000 años.
Sus genomas también conservan señales asociadas con ambientes distintos. Los pingüinos del sur presentan cambios relacionados con generación de calor, almacenamiento de grasa y percepción de la luz, mientras que en el linaje oriental aparecen señales vinculadas con el aprovechamiento de energía, transporte de oxígeno y capacidad de buceo.
La distinción tiene consecuencias para su conservación. Actualmente, los pingüinos papúa son evaluados globalmente como una sola especie y clasificados como de preocupación menor. Sin embargo, el estudio encontró que los cuatro grupos tienen poblaciones, ambientes y proyecciones climáticas diferentes.
Los modelos proyectaron pérdidas importantes de hábitat adecuado para tres de los linajes, mientras que el pingüino papúa del sur podría ampliar su distribución.
En declaraciones recogidas por BBC Discover Wildlife, Juliana Vianna, coautora principal del artículo y profesora de la Universidad Andrés Bello, señaló que la mayor preocupación está en las poblaciones subantárticas y pidió que las instituciones de conservación de los distintos países involucrados las reconozcan y adopten medidas específicas.
El estudio tampoco cubrió absolutamente todas las colonias: las islas Sandwich del Sur y Heard y McDonald quedaron fuera del muestreo. Los autores señalan además que varios censos poblacionales disponibles tienen décadas de antigüedad, por lo que consideran necesarios nuevos conteos para conocer la situación de cada especie por separado.
