
Un grupo internacional de científicos determinó que el este de África atraviesa un proceso geológico profundo que, con el paso de millones de años, podría dividir el continente y dar origen a un nuevo océano. El fenómeno se relaciona con pulsos de calor que ascienden desde el interior de la Tierra y empujan las placas tectónicas de forma constante.
La investigación se publicó en junio en la revista Nature Geoscience. El estudio explicó cómo el manto terrestre, una capa caliente ubicada bajo la corteza, ejerce presión cíclica sobre la región de Afar, en el noreste de Etiopía. Los científicos compararon este comportamiento con latidos regulares, similares a los de un corazón geológico.
Esta zona resulta clave porque allí convergen tres grandes sistemas de fracturas: el Rifte de África Oriental, el Rifte del mar Rojo y el Rifte del golfo de Adén. En este punto de encuentro, las placas tectónicas se separan de forma lenta y continua.
Los investigadores ya conocían que el calor del manto empujaba la corteza y expandía el terreno. Sin embargo, el nuevo estudio permitió entender cómo ocurre este proceso y por qué no se da de manera uniforme.
Según los autores, las placas que cubren la región influyen directamente en el camino y la intensidad del calor que asciende desde el interior del planeta. Esta interacción explica por qué el suelo africano se abre justo en esta zona y genera grietas de varios kilómetros, visibles incluso en imágenes satelitales.
Los científicos señalaron que nuevas fisuras aparecen cada año, conforme el terreno se estira de manera progresiva. Algunas fracturas alcanzan dimensiones significativas y evidencian un proceso activo.
La geóloga Emma Watts, investigadora de la Universidad de Swansea, lideró el estudio. El equipo determinó que el manto bajo Afar no es uniforme ni estático. Sus pulsos presentan firmas químicas distintas, lo que confirma un movimiento repetitivo desde las profundidades.
Estos movimientos funcionan como una respiración de la Tierra. El calor asciende, el suelo se expande y, con el tiempo, el continente comienza a separarse. Esta misma fuerza interna explica la presencia de volcanes y terremotos en la región.
El equipo analizó más de 130 muestras de rocas volcánicas recolectadas en el noreste de África. Los datos se combinaron con modelos estadísticos avanzados. Los resultados mostraron la existencia de una pluma mantélica, un gran reservorio de material caliente que asciende desde el interior del planeta.
Esta pluma presenta una forma asimétrica y contiene bandas químicas que se repiten como códigos de barras geológicos. El profesor Tom Gernon, coautor del estudio, explicó que este comportamiento recuerda al flujo de sangre en el cuerpo humano.
En regiones donde las placas se separan con mayor rapidez, como el mar Rojo, estas pulsaciones viajan de forma más eficiente y regular. En zonas donde la separación es menor, el movimiento resulta más disperso.
Los científicos subrayaron que este proceso es natural y extremadamente lento. La formación de un nuevo océano podría tardar decenas de millones de años. En la actualidad, no representa un riesgo inmediato.
El seguimiento de lo que ocurre en el Cuerno de África permite comprender cómo se formaron otros océanos del planeta. El océano Atlántico, por ejemplo, surgió tras la fragmentación de Pangea hace unos 150 millones de años, debido al mismo tipo de movimiento tectónico.
Ese antiguo quiebre continúa expandiéndose y aumenta cada año la distancia entre continentes. Los investigadores indicaron que las próximas etapas del estudio buscarán precisar cómo y a qué velocidad fluye el manto bajo las placas tectónicas.
*La creación de este contenido contó con la asistencia de inteligencia artificial. La fuente de esta información es de un medio del Grupo de Diarios América (GDA) y revisada por un editor para asegurar su precisión. El contenido no se generó automáticamente.
