Arturo Pardo V.. 11 marzo
En las góndolas encontramos alimentos con una variedad de presentaciones y de contenido de ingredientes. Siempre es bueno comparar y buscar los menos procesados. Foto: Shutterstock
En las góndolas encontramos alimentos con una variedad de presentaciones y de contenido de ingredientes. Siempre es bueno comparar y buscar los menos procesados. Foto: Shutterstock

Cuando compramos una bolsa de tomates en la feria, sabemos que lo que estamos comprando es claro: tomates. Sin embargo, si vamos al supermercado y lo que llevamos es una salsa de tomate arreglada y apta para almacenar por algunas semanas, entonces no tenemos tanta certeza de lo que llevamos, puesto que ya no es completamente natural, ya que contiene ingredientes cuyo objetivo es que perdure un tiempo prolongado, antes o después de abrir el recipiente.

Las etiquetas con la información nutricional, y la lista de ingredientes, por lo general están presentes en los alimentos procesados; es decir, aquellos que sufrieron alguna modificación o tuvieron algún agregado antes de llegar a nuestras mesas.

De hecho, por reglamento, tal información debería contener los datos completos de lo que viene dentro del empaque y, por un tema de comprensión, es indispensable que vengan en español.

Los edulcorantes, colorantes y preservantes son de los recurrentes en esas listas de ingredientes nuevos que podemos encontrar en alimentos procesados como cereales, galletas, salsas, embutidos, bebidas, dulces y hasta en lácteos.

Lo otro que suele pasar, desde la perspectiva del consumidor promedio, es que, entre más ingredientes tenga un alimento empacado, más complicado resulta entender de qué se trata.

Butilhidroxianisol (BHA), sulfato de amonio, Glicol de propileno, TBHQ, castóreo, dióxido de silicio… ¿Con qué se come todo esto? Estos nombres corresponden a ingredientes reales y, definitivamente, no suelen ser de la comprensión de cualquier comensal. La sumatoria de todos los añadidos cambia el resultado final de un producto, a veces para que dure más, otras para que se vea más rico…

Ahora, teniendo presente todo esto, hay una máxima que se cumple para entender cuáles es el grado de procesamiento por el que una comida pasó: “En una etiqueta nutricional, entre más ingredientes tenga el producto, más procesado es”, explica la nutricionista Verónica Rojas.

Una gran parte de los adheridos son para preservar los alimentos, otros potencian el sabor o le dan fuerza a un color atractivo. “Muchos alimentos entran por los ojos; así hasta se sienten más gustosos, por eso les agregan ingredientes para realzar las características organolépticas (olor y sabor)”, dice Rojas.

Algunos invitados frecuentes

Entre los procesados, es poco común que un alimento diga que tiene azúcar. Así, a secas. En su lugar, probablemente dirá que contiene fructosa, dextrosa, glucosa, lactosa, galactosa o dextrosa. También puede ser maltodextrina, melaza, jarabe de maíz o jarabe de maíz de alta, solo para citar algunos ejemplos. Y bueno, todo esto es azúcar, o se convierte en ella.

Leer los ingredientes de los alimentos es un hábito que debemos tomar como compradores. Foto Shutterstock
Leer los ingredientes de los alimentos es un hábito que debemos tomar como compradores. Foto Shutterstock

“Son diferentes azúcares que, si bien parecen concentrados, en realidad son cadenas a nivel químico”, explica Rojas.

El sodio es importante controlarlo en las etiquetas. “Una persona normal no debería exceder en una cucharadita de sal de mesa (4 o 5 mg al día). En exceso, el sodio puede provocar problemas de hipertensión, descontrol en el intercambio de electrolitos, así como problemas renales.

Una buena recomendación para comprender mejor qué nos estamos llevando a la boca es entender que la lista de ingredientes presentes en las etiquetas significa su relevancia en el contenido. Es decir, el que aparece en primer lugar es el que está en mayor proporción y así consecutivamente…

Así, una bebida que en primer lugar tenga agua, seguido de jugo de fruta y en tercero ácido ascórbico (usado como preservante), sin lugar a dudas tiene menos azúcar que otro cuyo primer ingrediente es concentrado de jugo, seguido por azúcar y que hasta en tercer lugar tenga el agua.

Otro factor a tomar en cuenta es no dejarse llevar por la historia de que un alimento está “fortificado” con algún nutriente. A veces el agregado no garantiza mayor salud y, por el contrario, puede convertir un alimento naturalmente saludable en una comida repleta de azúcar bajo diferentes nombres.

Hay quienes son alérgicos o intolerantes a colorantes que podrían estar presentes en alguna comida procesada. Por esto y por otros motivos, aplica bien la recomendación compartida por la especialista de tomar el hábito de leer al menos la lista de ingredientes en una etiqueta. “Es vital revisarlas para ser más consciente de lo que estamos comprando, hagamos una alarma de los aditivos que contienen y pensemos que, entre menos entendamos, más dañinos pueden ser estos productos”.