Arturo Pardo V.. 21 marzo
Foto arhivo LN
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En el 2012, el fenómeno de la natación Michael Phelps le reveló a la prensa que, para él y sus compañeros, orinar en la piscina era algo realmente normal. Lejos de ser poco profesional, esto resultaba casi comprensivo para alguien con su nivel de exigencia atlética.

En sus declaraciones aseguró que, de todas formas, el cloro se encargaba de matar su orina. ¿Es así como funciona?

Bueno, ya en aquel momento el científico estadounidense Stuart Jones salió a corregir al deportista: “La orina es estéril”, le dijo en una aclaración, pues su composición es: sales, agua, un poco de proteínas y unos cuantos ingredientes más, en ínfimas cantidades. Es decir, el cloro, ahí, no tiene nada que matar, sin embargo, sí se asegura de evitar que el derramamiento del líquido genere la propagación de bacterias en la piscina.

Una piscina olímpica puede contener cerca de dos millones de litros de agua y una descarga de orina humana no es suficiente como para cambiar la composición química del espacio.

El año pasado, un equipo de científicos de la Universidad de Alberta, en Edmonton, Canadá, se impuso la tarea de revelar cuánta orina podría haber en una piscina pública. Su prueba ocurrió en una que contenía 830.000 litros y fue por tres semanas que se midió la cantidad de orina que iba apareciendo.

Después de la prueba, se midió la presencia de acesulfamo de potasio, un endulzante artificial, que se obtiene de la comida procesada y pasa por el cuerpo sin alteración alguna. Se determinó que había 75 litros de aquel componente, proveniente de la orina de los nadadores que visitaban la piscina.

La proporción, si bien es pequeña, comparándola con la cantidad total de agua presente en la piscina, sí podría tener relación con noticias negativas para la salud.

La presencia constante de la orina en el agua, al mezclarse con desinfectantes, puede generar nuevos componentes químicos que podrían derivar en irritación de ojos y problemas respiratorios. El principal de ellos es el tricloruro de nitrógeno, conocido también como tricloramina. El sudor de los bañistas, así como la contaminación que provenga de las prendas de baño también pueden contribuir con la producción de este químico.

Es importante tomar esto en cuenta, ya que, según una encuesta realizada en Estados Unidos hace cuatro años, un 20% de los adultos aceptó haber orinado dentro de una piscina al menos una vez en sus vidas.

El experimento realizado en Canadá tenía la intención de lanzar una campaña de educación sanitaria para hacer un llamado a los bañistas para evitar orinar dentro de las piscinas. Se trata de un tema de higiene y salud. Los resultados de esta prueba se publicaron en un ejemplar de Environmental Science & Technology Letters.

Casi como un mito, es común escuchar que hay piscinas que tienen componentes químicos que le dan color al agua cuando esta reacciona con la orina. Si bien, no se conoce la capacidad de algún invento para provocar esto, sí es cierto que el olor que asociamos con las piscinas limpias se debe a la producción de tricloruro de nitrógeno dentro del agua, es decir, la prueba de que alguien orinó adentro.