Fabrice Le Lous. 30 abril
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Le he hecho la pregunta al menos a 10 personas cercanas, y todas me han dicho que sí.

“El otro día me compré un producto de belleza en la tarde, y por la noche me salían anuncios en redes sociales del mismo producto y de productos de maquillaje complementarios”.

“Un día, una amiga me trató de convencer de que viera la serie Games of Thrones y me hizo un resumen, y en la noche me salió publicidad de un videojuego móvil de Games of Thrones. Yo ni siquiera juego en el cel”.

Estos son ejemplos de frases que me han dicho en la última semana.

Desde luego, este tema no es nuevo, pero es interesante e importante, aunque claramente demuestra cuán permisibles somos con las nuevas tecnologías: no sabemos si realmente nos escucha y espía nuestro teléfono móvil, pero no dejaremos de usarlo. Ni nos quejaremos mucho más que eso. Después de todo, no somos terroristas, y es poco probable que un agente de la CIA esté pendiente de nuestras conversaciones privadas. Quienes sí podrían estar pendientes son los algoritmos de redes sociales y Google. Y todos los interesados en vendernos cosas. Lo que sea.

Yo mismo he experimentado este fenómeno: hablé de algo con alguien y luego vi un anuncio relacionado con el tema de conversación en mi teléfono. Aunque, para ser franco, no recuerdo con exactitud cuál producto era, pero sé que me ha pasado más de una vez.

Veamos qué dicen la ciencia y los expertos sobre este tema.

¿Realmente nos escuchan nuestros teléfonos?

En sencillo: aunque parezca increíble, la respuesta más probable es no.

Sobre todo por un tecnicismo que no podemos ignorar: para que esto sea cierto, nuestros teléfonos inteligentes tendrían que estar escuchándonos todo el tiempo. A cada segundo. Y esto resulta inviable por el peso en datos que representan las grabaciones de audio al ser enviadas por Internet. Además, un sistema que esté siempre alerta al audio ambiente de nuestro micrófono gastaría mucho la batería de nuestros dispositivos, que están la mayoría del tiempo desconectados del tomacorriente.

En no sencillo: el resto de esta lectura.

Antonio García Martínez, quien fue gerente de productos y publicidad de Facebook durante los años fundacionales de la “máquina de crear millones”, como él mismo llama a la tecnología de anuncios de la red social ha escrito esto sobre Facebook:

“Para que esto suceda (que la red social nos escuche y ponga anuncios acorde), Facebook necesitaría registrar todo lo que tu teléfono escucha mientras está encendido. Esto es equivalente a una llamada telefónica permanente tuya con Facebook. Tu llamada promedio de voz a través de Internet toma algo así como 24 kbps (kilobytes por segundo) en un solo sentido, lo que equivale a aproximadamente 3 kB de datos por segundo. Supongamos que llevas tu teléfono la mitad del día, eso es aproximadamente 130 MB por día, por usuario. Hay alrededor de 150 millones de usuarios activos diarios en los Estados Unidos. O sea que son aproximadamente 20 petabytes por día (20.000 terabytes), solo en Estados Unidos”.

“Para poner eso en perspectiva, todo el almacenamiento de datos de Facebook es de ‘solamente’ unos 300 petabytes, con una tasa de ingesta diaria de alrededor de 600 terabytes. Dicho de otra manera, la vigilancia de audio constante produciría aproximadamente 33 veces más datos diarios de los que Facebook consume actualmente. Además, tal espionaje sería eminentemente detectable, registrando cantidades notables de datos en tu teléfono inteligente, ya que Facebook mantuvo tu llamada con Zuckerberg la mitad del día. ¿Alguna vez buscaste algo en tu teléfono mientras realizabas una llamada? ¿Notas cómo se ralentiza el celular? Tu teléfono estaría así todo el tiempo si Facebook estuviera escuchando”.

Es decir: nos daríamos cuenta por la lentitud de nuestra conexión de que algo anda mal.

Es decir 2.0: es muy complejo técnicamente que nuestro aparato nos esté escuchando todo. el. santo. día.

Otro punto a tener en cuenta, y por eso el ejemplo de Facebook es relevante, es que en la mayoría de los casos, quienes afirmamos que nuestros teléfonos nos escucharon para luego ponernos publicidad, estamos hablando de redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter o YouTube; donde apareció el anuncio.

O sea que Apple, Samsung, Huawei, Sony o sea cual sea la marca de nuestros teléfonos celulares, tendrían que permitir que las aplicaciones de redes sociales puedan acceder al micrófono sin avisarnos, y escudriñar entre lo que decimos para detectar palabras clave. Esto sería ilegal, y no aparece en los códigos de programación de las aplicaciones, como explica aquí Jake Moore, matemático especialista en seguridad para la compañía de antivirus Eset.

En vez de que nos escuchen las redes sociales a través del micrófono de nuestros teléfonos, Moore se plantea la pregunta sobre cuán privados son nuestros chats. Es decir, los mensajes en Instagram y WhatsApp le pertenecen a Facebook, dueña de esas dos redes. Quizás no permiten que gobiernos o empresas accedan a las conversaciones, pero sí les sirve a sus algoritmos para saber más sobre nosotros y hacernos llegar los anuncios que crean convenientes.

Por otra parte, Simon Pitt, jefe de productos digitales en BBC Reino Unido y desarrollador de aplicaciones móviles, escribe:

“Cuando un desarrollador escribe una aplicación para iOS, se ejecuta en el sistema operativo controlado por Apple. Facebook no puede simplemente acceder al micrófono y comenzar a grabar. La aplicación tiene que pasar por un código escrito por Apple. Cuando Facebook solicita un audio, Apple le pregunta al usuario si quiere que Facebook acceda al micrófono. Si el usuario acepta, envía una transmisión de audio a Facebook. Si no acepta no”.

García Martínez, exjefe en Facebook, menciona que hay formas más inteligentes para que las empresa de la Big Tech nos escuchen y nos tiren publicidad a través de lo que decimos: el Amazon Echo, con la asistente de voz Alexa, o el Google Home, con el asistente de voz de Google. De hecho, ya ha habido controversias en el pasado con estas dos marcas.

También con un televisor Samsung, en 2015, que la compañía admitió que podía escuchar conversaciones privadas.

Pero aquí caemos en otro tema: los asistentes de voz, algo muy distinto a simplemente usar tu teléfono para poner el Waze o sencillamente llevarlo en el bolsillo.

Los asistentes de voz tienen que encenderse en los teléfonos con palabras disparadoras como “Ok, Google” u “Hola, Siri”. En las últimas versiones de iOS, cuando el micrófono está encendido, aparece un puntito de luz naranja en la parte superior de la pantalla. Y cuando el micrófono se desactiva desaparece. Si solamente navegamos por Twitter, Facebook o Instagram, esa luz no está activada. Si enviamos un mensaje de voz por WhatsApp, sí se activa.

César Bravo, costarricense máster en ciberseguridad e inventor líder del Comité Latinoamericano de Patentes, ahonda en la diferencia entre el hecho de que sea nuestro teléfono el que nos está escuchando, contra el hecho de que que nos esté escuchando un dispositivo asistente de voz, como el Amazon Echo o Amazon Dot.

“Hay una diferencia. Los asistentes de voz de la casa están siempre conectados a la corriente, están con una conexión a Internet más estable que permite más procesamiento de datos. Al estar siempre conectados se puede procesar y exfiltrar más data, mientras que en teléfonos , por términos de batería y procesamiento, esa exfiltración es mínima. De hecho, en teléfonos esa exfiltración se hace por lo general después de que el asistente de voz se despierta (con la palabra disparadora)”.

Estos asistentes pueden apagarse para siempre, en algunos casos.

En iOS basta con apagar todas las funciones de Siri en Opciones. En Android se puede apagar el asistente de voz de Google. Ya que estamos aquí, puede ser útil también revisar cuáles aplicaciones de nuestros teléfonos tienen permisos de usar la cámara. Es ideal restringir a un mínimo de “apps” que realmente usamos.

Conclusión: Según expertos, la creencia de que nuestros teléfonos nos andan escuchando todo el día para luego ofrecernos productos es más un mito que otra cosa. Los aspectos técnicos para que esto sea real son muy complicados y nos daríamos cuenta. Además de que sería una práctica ilegal.

Ojo: tanto las aplicaciones como Facebook, Twitter o los mismos sistemas operativos de nuestros teléfonos sí nos estudian, crean perfiles de nosotros y los usan para ofrecernos productos, entre muchas otras cosas. García Martínez dice que cuando se fue de Facebook, la máquina de anuncios de esa compañía tenía un sistema automatizado de detección y procesamiento de más de un millón de palabras diferentes (escritas).

En el siguiente video de YouTube, una pareja hace la prueba para ver si el teléfono capta las palabras “comida para gatos” y les lanza un anuncio acorde. Según los que publicaron el material, un anuncio de alimento para mininos apareció dos días después en la red social (la audiencia no tiene cómo comprobarlo porque el video está editado).

Aunque a muchos nos ha pasado algo similar --en menos tiempo que dos días--, lo más probable es que haya sucedido por lo que escribimos en nuestros chats, notas de recordatorio --en el teléfono en general-- o lo que buscamos en Google.

Jake Moore, especialista en seguridad de Eset, quien no cree que nuestros teléfonos nos pasan escuchando día y noche, escribió: “Sea lo que sea lo que esté sucediendo, los algoritmos de las redes sociales son impresionantes y nadie realmente sabe cómo funcionan o lo que saben sobre nosotros aparte de una cosa: capturan un montón de datos clave personalizados que son relevantes y que les valen millones de dólares”.