Jairo Villegas S.. 20 enero
Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados vienen cada año y medio a Costa Rica. Aquí en Sarajevo.
Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados vienen cada año y medio a Costa Rica. Aquí en Sarajevo.

Rafael Moya Rojas siempre tuvo una vocación de ayudar a los demás. Este cartaginés dejó atrás a su familia y la tierra que lo vio nacer con tal de cumplir ese llamado.

Con 39 años de edad, Rafael vive con su esposa Priscila en Sarajevo, la muy golpeada capital de Bosnia Herzegovina. Ellos se casaron hace tres años y cuatro meses.

Hasta hace poco, y durante un año, residió en la hermosa ciudad de Bihac, al noroeste del país.

El 11 de mayo se cumplen nueve años de que Rafael se trasladara a esa nación, que aún guarda los lamentables recuerdos de una cruel guerra; por eso, si visita esa ciudad es posible que logre ver edificios que todavía tienen tatuados los impactos de bala, como si pareciera un mensaje al mundo entero de lo que no debe volver a ocurrir.

En Costa Rica, Rafael trabajó como supervisor de servicio al cliente de diferentes empresas, durante varios años, hasta que tomó la decisión de cumplir su anhelo de ayudar en Bosnia Herzegovina.

“Me desempeño como director de Operación Movilización en Bosnia y Herzegovina, una organización cristiana internacional que ha estado presente en el país desde 1998. Desde entonces hemos desarrollado diferentes proyectos holísticos de ayuda humanitaria, asistencia emocional y espiritual inspirados en principios cristianos de compasión, misericordia y amor al prójimo”.

“Trabajamos tanto con los grupos locales menos favorecidos y vulnerables, así como con grupos de refugiados y migrantes que desde 2017 empezaron a utilizar a el país como ruta para llegar a la Unión Europea”, explica Rafael sobre su trabajo en esa nación de los Balcanes, que fue el corazón de la antigua Yugoslavia..

Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados en Bosnia Herzegovina.
Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados en Bosnia Herzegovina.

Priscila también es parte de dicha organización, asegura su esposo.

Quizás usted tenga curiosidad de cómo es Bosnia Herzegovina para vivir.

Rafael empieza diciendo que el país aún es inestable en el campo socioeconómico.

Enumera algunos factores que provocan esta situación.

“Primero, el fresco recuerdo de la guerra el cual mantiene aún muchas heridas abiertas entre las diferentes etnicidades, lo que afecta la convivencia; también el complejo y disfuncional sistema político heredado de los acuerdos de Dayton, el cual precisa una reforma urgente; así como un alto índice de corrupción, tanto a nivel público como privado; alto nivel de desempleo y poca o casi nula inversión extranjera debido al riesgo que esto significa”.

Esta dura situación tiene una impactante consecuencia. Como la sensación que existe es que el país está estancado, Rafael dice que miles de jóvenes abandonan Bosnia Herzegovina cada año, porque persiguen el sueño de tener un mejor futuro.

“Aun así, el costo de vida del país es mucho más bajo si se compara con la actualidad de Costa Rica, pero en general los salarios son menores de los que se pagan en nuestro país”, comenta Rafael.

Rafael Moya Rojas y su esposa Priscila García Granados vivieron un año en Bihac, también en Bosnia Herzegovina.
Rafael Moya Rojas y su esposa Priscila García Granados vivieron un año en Bihac, también en Bosnia Herzegovina.

Este compatriota está encantado con la gente de Bosnia Herzegovina, pues los califica como hospitalarios, solidarios, cálidos y amigables.

No duda en resaltar que siempre están dispuestos a compartir una comida, un café, una barra de chocolate o cualquier otro regalo.

“Son amigos para toda la vida, desprendidos, leales y no les importa darte de lo poco que tienen con tal de ser tu amigo y mostrar su aprecio y calidez”.

De la ciudad de Sarajevo alaba que tiene mucha riqueza cultural e histórica. Además, es común que durante todo el año tenga opciones artísticas como festivales de cine, conciertos, obras de teatro, ferias gastronómicas y exhibiciones en museos, muchas veces de forma gratuita.

No todo es perfecto.

“Lo que menos nos gusta es la pasividad, apatía y resignación con que la gente vive y que se refleja en la poca exigencia que el pueblo tiene para con sus gobernantes, lo que hace casi imposible un cambio significativo y beneficioso para la población en general”, lamenta.

Rafael Moya Rojas y su esposa Priscila García Granados en Sarajevo, la capital de Bosnia Herzegovina.
Rafael Moya Rojas y su esposa Priscila García Granados en Sarajevo, la capital de Bosnia Herzegovina.

¿Qué extraña de Costa Rica?

La pregunta posiblemente lo hace trasladar sus pensamientos hacia el país donde están la mayoría de sus seres queridos, sus recuerdos de infancia, la comida exquisita incomparable y un ambiente cálido con la gente.

“Sin duda lo que más extrañamos es nuestra familia y amigos. Gracias a la tecnología, hoy en día podemos estar a un click de distancia de ellos, pero por supuesto nunca es lo mismo.

El clima de Costa Rica, en especial el de Cartago, es otra de las cosas que más extrañamos. Bosnia tiene un invierno muy largo y frío, así como un verano muy caluroso”.

“La comida es otra cosa que extrañamos: Un buen gallo pinto, los tamales en diciembre, el plátano maduro o una buena olla de carne, que son cosas que es casi imposible hacer aquí”.

“Finalmente, algo que quizás les sorprenda pero que extrañamos, es ese gran servicio al cliente que el costarricense da en general. No te das cuenta de eso hasta que vas a otro país”.

No es nada barato salir de Sarajevo, pues no es uno de esas ciudades populares de Europa. Por eso, Rafael y Priscila procuran visitar a los suyos en Costa Rica cada año y medio.

Los costarricenses Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados viven en Bosnia Herzegovina desde mayo del 2011.
Los costarricenses Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados viven en Bosnia Herzegovina desde mayo del 2011.

¿Cómo le va con la comida? ¿Qué es lo que más le gusta?

“La comida en Bosnia es deliciosa y por supuesto tiene mucha influencia de la gastronomía turco debido a su pasado otomano. Eso sí, hay que tener cuidado pues casi todos los platos principales son carnes y se acompañan de pan”.

“Entre los platos favoritos y más populares están: el ćevapi (dedos de carne en pan plano con cebolla picada y un tipo de queso crema), la pljeskavica (torta de hamburguesa), el burek (pastel de carne), la zeljanica (pastel de espinaca), la sarma (rollitos de carne y arroz envueltos en hojas de parra), la dolma (cebolla rellena de carne y arroz) y la punjena paprika (chile relleno)”.

“También es muy común la carne de ternero y de cordero, y en invierno la famosa sopa espesa de pollo con verduras llamada Begova Čorba. Igual son muy dulceros, por lo que tienen postres famosos como la baklava, la hurmašica, y la tulumba, entre otros”, resalta Rafael.

Bosnia Herzegovina no le solicita visa a los costarricenses. Es un buen lugar para iniciar un hermoso paseo por los países Balcánicos, recorriendo hermosos rincones, hermosas playas, fiordos y montañas espectaculares.

Sarajevo es la hermosa capital de Bosnia Herzegovina. Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados viven en ese país desde el 2011.
Sarajevo es la hermosa capital de Bosnia Herzegovina. Rafael Moya Rojas y Priscila García Granados viven en ese país desde el 2011.

Si usted se anima a ir, estos consejos de Rafael le pueden ser de mucha utilidad.

“Sarajevo es una ciudad multicultural y multirreligiosa con una historia increíble, pero a la vez muy dolorosa. Arquitectónicamente es muy fácil diferenciar los tres grandes periodos de su historia: el otomano, el austro-húngaro y la Yugoslavia socialista de Tito”.

“Además, es un punto de encuentro entre Oriente y Occidente, también conocida como la Jerusalén de Europa, ya que convergen las tres grandes religiones monoteístas: Islam, Cristianismo -romano y ortodoxo- y hasta la Segunda Guerra Mundial, el judaísmo”..

“Imperdible ir a Baščaršija (casco viejo), comer un delicioso ćevapi, tomar un café bosnio, un té turco o un salep”.

“También el túnel de guerra en Sarajevo es una visita fuerte, pero necesaria, ya que significó la única vía de comunicación y comercio con el mundo cuando la ciudad fue sitiada, entre 1992 y finales de 1995”.

“Por otro lado, la ciudad vieja de Mostar con su emblemático e histórico puente otomano es otra parada obligatoria y el trayecto de dos horas desde Sarajevo (sea en tren o en auto), tiene uno de los paisajes más espectaculares de los Balcanes”.

Rafael Moya Rojas y su esposa Priscila García Granados trabajan con migrantes en Sarajevo, capital de Bosnia Herzegovina.
Rafael Moya Rojas y su esposa Priscila García Granados trabajan con migrantes en Sarajevo, capital de Bosnia Herzegovina.

Rafael va más allá, y agrega estos consejos para hacer turismo en Bosnia Herzegovina.

“Para los que no toleran las temperaturas extremas, los mejores meses para visitar el país son entre abril y junio o bien setiembre y octubre”.

“Aquí la gente fuma muchísimo y es difícil encontrar restaurantes o cafés con zona de no fumado. En exteriores no hay restricción alguna para los fumadores”.

“Pocos comercios de comida aceptan tarjetas como medio de pago. Procuren cambiar dólares o euros por el la moneda nacional (el marco convertible). Las casas de cambio son confiables”.

“Comer afuera es bastante barato”.

“El centro de la ciudad es pequeño y fácil de caminar”.

“Caminar en la noche es seguro, incluso para las mujeres”.

“Eviten tomar los taxis del aeropuerto. Mejor pregunten por el bus Aeropuerto-Centro (pasaje cuesta 2,5 euros)”.

Mapa de Bosnia Herzegovina.
Mapa de Bosnia Herzegovina.
Datos de Bosnia Herzegovina

Capital: Sarajevo

Población: 3,5 millones de habitantes (1,5 millones menos que Costa Rica)

Extensión territorial: 51.197 kilómetros cuadrados, casi igual que Costa Rica

Moneda: Marco bosnioherzegovino (1 marco bosnioherzegovino equivale a ¢320)

Idioma: Croata, serbio y bosnio

Visa: No exige visado a los costarricenses.

Esta es la sexagésima sexta historia sobre costarricenses que dejaron su país por diferentes circunstancias, se adaptaron a otra tierra, pero guardan el cariño por sus raíces.