El Museo de Arte Costarricense inauguró en junio la exposición ‘Memoria topográfica. Revisión 1999–2026′, primera revisión del trabajo de Federico Herrero de los últimos 25 años realizada en Costa Rica. Con motivo de dicha muestra, el expresidente de la Academia Nacional de Ciencias y amante del arte Walter Fernández Rojas escribe su reseña del trabajo del artista, que se puede recorrer en las salas del museo, ubicado en La Sabana, hasta noviembre - Fernando Chaves Espinach, editor de Áncora.
Federico Herrero, color en el espacio-tiempo
Federico Herrero nació en 1978 en San José, Costa Rica. Inició su formación artística en el Pratt Institute, Nueva York (1997-1998), pero se retiró de los estudios en el tercer semestre y regresó a Costa Rica.
El artista menciona que cuando era niño le gustaba dibujar y que en su adolescencia empezó a mirar libros de historia del arte que pertenecían a su abuela materna Amelia Capella. Hace notar que el artista Roberto Matta lo impactó mucho, que el trabajo de Gordon Matta-Clark lo inspiró y que se enamoró del trabajo de Gabriel Orozco, para luego descubrir el de Etel Adnan. En el Pratt Institute estudió pintura y aprovechó este período para visitar museos y galerías de New York.
Pero estando más interesado en hacer arte que en el mundo del arte (acoplado con el mercado de arte) decidió regresar a Costa Rica. A su regreso, empezó a conversar con otros artistas como Joaquín Rodríguez del Paso y Priscilla Monge. Luego, comenzó a ver el mundo del arte desde otra perspectiva y el galerista Jacob Karpio le ofreció hacer una exhibición en 2000, junto al artista cubano Carlos Garaicoa.
Entre las publicaciones sobre Herrero, hay dos libros que este autor considera de gran relevancia para entender su obra. Uno es Federico Herrero (Sies + Höke, Düsseldorf, 2017) y el otro Federico Herrero: A Piece of Waterfall in the Sound of Crickets (Federico Herrero: un pedazo de catarata en el sonido de los grillos) por Elena Ketelsen González y Bernardo Mosqueira (Windsor Press, Vero Beach, and DelMonico Books D.A.P., New York, 2024).
En el primer libro hay artículos de Chris Sharp, Lisette Lagnado y Sandino Scheidegger junto a numerosas obras seleccionadas y entrevistas tituladas “Energy Flows” que le hizo Sofía Hernández Chong Guy a Herrero. Estas entrevistas son importantes para conocer aspectos de su trayectoria.
Invitado por Virginia Pérez-Ratton, el curador suizo Harald Szeemann vino a Costa Rica en 2000 y visitó varios lugares. Scheidegger indica: “Szeemann visitaba la galería de arte Jacob Karpio, donde aún se exhibían cuadros de Herrero tras una exposición ya finalizada. Karpio recuerda cómo Szeemann contempló con deleite una de las coloridas pinturas (...) Dos semanas después, Szeemann llamó desde Europa. Aunque la lista de artistas para la próxima Bienal de Venecia, de la que era curador, ya estaba cerrada, quería incluir a Herrero. Y así, Szeemann invitó espontáneamente a Federico Herrero a Venecia”.
Pareciera que Szeemann también se motivó al haber visto la primera intervención realizada por Herrero en el baño del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo. El resultado fue la invitación a participar en la 49.ª Bienal de Venecia (2001), titulada Platea de la Humanidad, de la cual Szeemann era curador.
En dicha bienal, Herrero participó con siete obras en lienzo y una intervención en el Arsenaley fue galardonado con el Premio Especial para un Artista Joven; tenía entonces 22 años. Desde entonces el desarrollo de su actividad artística ha sido extraordinario, participando en bienales, exposiciones en museos y haciendo intervenciones en sitios públicos alrededor del mundo.

¿Cómo trabaja Federico Herrero?
Herrero menciona que trabaja las obras en grupo y que no usa bocetos o ideas previas, sino que la pintura emerge justo enfrente del lienzo en blanco. Indica que también piensa de un paisaje y que los pigmentos saltan de un lugar a otro en sus pinturas, lo cual está conectado a como percibe los espacios públicos. Las formas se perciben semejando topografías.
La expresión artística visual de Herrero está basada en sus observaciones cotidianas de naturaleza y cultura y la interacción entre ellas, siendo Costa Rica su principal referente. Como menciona Sharp, su pintura, que usualmente se realiza sobre lienzos de diversos tamaños, también se caracteriza por desarrollarse en el propio espacio expositivo, ya sea en paredes y suelos, hasta llegar a adentrarse en la ciudad misma, extendiéndose a todo, desde las paredes de edificios hasta los soportes de los pasos subterráneos de las autopistas, patios de juegos (play grounds) y señales de tráfico, entre otras cosas.
Cuando Hernández Chong Guy le solicita a Herrero hablar sobre la paleta que usa, donde predominan azules, verdes, amarillos e incluso rosados, Herrero expresa: “Al elegir la paleta, suelo pensar en el color como sonido y volumen, o atribuirle propiedades como el peso. Aunque pueda estar pensando en una especie de paisaje mental, lo pinto como si fuera una composición musical… Sin embargo, algunas elecciones de color sí tienen una conexión con la tierra, tal como yo la percibo; por ejemplo, el uso del azul y el verde”.

En algunas obras, usa colores vibrantes que transfieren sensación de alegría, en otras los tonos son más suaves produciendo la sensación de tranquilidad y satisfacción hasta llegar a una profunda serenidad en sus obras monocromáticas con su celeste característico. No es solo espacio, sino espacio-tiempo.
En cuanto al acto de pintar, en una parte de la entrevista con Mosqueira, Herrero dice: “Me fascina reflexionar sobre los lugares donde la pintura se manifiesta en nuestra vida contemporánea. Como artista, me interesa el concepto de la pintura y dónde se desarrolla realmente. Para mí, todo comenzó con la figura del pintor de casas. Me interesa mucho la idea de la continuidad de la pintura en el espacio, no solo se manifiesta en el lienzo o en el espacio de exposición, sino que ocurre constantemente, especialmente en las ciudades en las que vivimos”.
En un momento de las entrevistas Hernández Chong Guy hace la pregunta ¿Y dónde actúa la gravedad? (lo cual, siendo físico, llama mucho la atención al autor de este artículo). Herrero responde: “Quizás sea la gravedad lo que fundamenta este cruce espacio-tiempo, a través de la experiencia de recorrer la pintura”. En este contexto, la pregunta y respuesta son ilustrativas.
Entre sus muchas intervenciones arquitectónicas están haber pintado en Medellín, Colombia, con el título Paisaje (2007), cuatro columnas que soportan una autopista elevada, debajo de la cual hay pasos peatonales.
Las pintó con una paleta que incluye azules, verdes, morados, rojos y amarillos. En São Paulo, Brasil, a solicitud del Museo de Arte Moderna de São Paulo, pintó la instalación Catarata (2013), parte de la pared exterior de un edificio de gran altura fue pintada de color celeste. También, en 2015, pintó un patio de juegos (play ground) en Peckham, Londres y, en 2016, una superficie del Parque Balvanero Vargas, Puerto Limón, Costa Rica (Volumen 2016) para la X Bienal de Centroamérica.

Herrero es muy conocido por sus obras site-specific (obras específicas para cada lugar), murales e instalaciones, que han transformado espacios de importantes museos. Como expresa Ketelsen González: “Un ejemplo clave es Open Alphabet (2018) en el Museo de Arte Contemporáneo de Chicago, donde Herrero pintó las paredes frente a una entrada soleada y colocó calcomanías de bloques de color en las ventanas.
El efecto fue el de múltiples paisajes interactuando entre sí en la pared, en los reflejos y contra la ventana, donde coloridas tiras geométricas de película interrumpían el horizonte de Chicago, superponiendo un paisaje rural al paisaje urbano”. Otro ejemplo es la exposición Tempo Aberto, que realizó en 2019 en el Museu de Arte Contemporánea de Niterói, Brasil.

En este caso la arquitectura del edificio, diseñada por el reconocido Oscar Niemeyer, fue aprovechada por Herrero para pintar las paredes de una forma espectacular. Recientemente intervino las superficies de las terrazas del Museo de Arte Costarricense (MAC).
Obras de Herrero se encuentran en prestigiosas colecciones públicas, algunas son: Solomon R. Guggenheim Museum, New York, Tate Modern, London, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid, MUDAM: The Contemporary Art Museum of Luxembourg, 21st Century Museum of Contemporary Art, Kanazawa, Japón, Museu de Arte de São Paulo, São Paulo, CCA Wattis Institute for Contemporary Arts, San Francisco, Denver Art Museum, Denver, Pérez Art Museum Miami, Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), UNAM, Ciudad México, Saatchi Gallery, London, Towada Art Center, Aomori, Japón, y Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, Costa Rica.
Herrero ha exhibido internacionalmente, con exposiciones individuales e instalaciones, en muchos países del mundo. Además, ha participado en numerosas bienales y exposiciones colectivas. Fundó Despacio (2008-2018) y cofundó Cero Uno (2022), espacios que, con sus importantes exhibiciones, programas y residencias han contribuido al desarrollo del arte en América Central y en Costa Rica.
Actualmente, Herrero expone, en el MAC, obras del período 1999-2026, incluyendo una intervención realizada para esta exposición en las terrazas del edificio y un archivo fotográfico que permite mostrar obras efímeras (que fueron expuestas y luego borradas según fueron concebidas).
Federico Herrero radica y trabaja en San José, donde su ritual de pintar es su vida y, desde donde, contribuye al arte global.
La exposición ‘Memoria topográfica. Revisión 1999–2026′ permanecerá abierta hasta noviembre de 2026, en el horario habitual del Museo de Arte Costarricense, de martes a domingo, de 9 a. m. a 4 p. m. La entrada es gratuita. Charlas, visitas guiadas y otros eventos se anunciarán en redes sociales del MAC.



