Áncora

Crítica de teatro: ‘Deseo.1′ o los riesgos de invocar a los clásicos

La obra explora temas y personajes de ‘Un tranvía llamado deseo’, de Tennesse Williams.

Un tranvía llamado deseo (1947) es un hito de la dramaturgia estadounidense del siglo XX. En la maraña de conflictos que envuelve a sus personajes, el deseo erótico aparece como un impulso que conduce a la violencia y el caos. Ese destino inevitable adquiere tintes trágicos por los mandatos de una sociedad organizada a partir de una división sexual del trabajo en la que el macho provee y manda, mientras la mujer procrea y obedece.

Williams subvierte ese “orden” con personajes femeninos que alzan la voz, resisten y, si no hay de otra, se parapetan –como Blanche DuBois– en las trincheras de la locura. El equipo creativo de Crisol Teatro recupera extensos segmentos de la dramaturgia original a fin de experimentar con la temporalidad, el diseño corporal de personajes y algunas temáticas de su interés.

En Deseo.1 los celulares y juegos electrónicos son indicios de una época reconocible para el público. En el caso de la consola de videojuegos, el objeto trasciende su condición primaria de marcador temporal y funciona como excusa para que los varones se enajenen de la vida familiar y sublimen ritualmente su agresividad. El hallazgo sugiere que los rasgos constitutivos de lo masculino permanecen invariables, a pesar del tiempo.

A nivel actoral se nota la intención de poner en crisis el estilo realista de la dramaturgia de Williams. Esto se consigue en los pasajes cuando Blanche (la hermana) o Eunice (la vecina) incorporan frases coreográficas a sus desplazamientos. El punto más alto de esta búsqueda interdisciplinaria tiene lugar durante la escena de Blanche y Mitch (el amigo) ya que se articulan, con buen tino, el canto, la danza y la representación.

Sin embargo, no podría afirmarse que este fragmento refleje la generalidad del montaje. Por el contrario, la fusión de distintas disciplinas artísticas y la ruptura de los códigos realistas aparecen esporádicamente y, salvo el ejemplo citado, de manera tímida. Por momentos, queda resonando la impresión de un trabajo en proceso o de decisiones estéticas cercanas al recurso efectista.

En el plano ideológico se percibe el objetivo de subrayar las estrategias violentas que utilizan los personajes masculinos para intentar someter a sus contrapartes femeninas. La obra es consistente en esta línea, pero no más allá de lo que Williams había expresado setenta y cinco años atrás. ¿Por qué no recurrir a los estudios de género o a las teorías feministas para pasar del subrayado a la elaboración propia?

Cuando un colectivo teatral decide cambiarle el título a un texto dramático reconocido es porque pretende llevarlo a un terreno inédito. Esto supone –no un compendio– sino un encuentro fundamentado de ideas, estilos o temporalidades. Si no es así, lo más razonable sería tomar partido por salvaguardar la integridad de lo que Williams bien dejó en el papel.

Deseo.1 es una propuesta que tiene aciertos y también pendientes en la maduración de sus búsquedas estéticas. Para un grupo con perfil académico como lo es Crisol Teatro, las palabras “proceso” y “profundidad” deberían resonar, al final de la temporada, durante la evaluación de sus objetivos artísticos. Invocar a los clásicos es riesgoso, pero necesario para descubrir una voz propia que no se conforme con susurrar.

Ficha técnica:

Dirección y escenografía: Rodrigo David

Dramaturgia: Adaptación libre de Un tranvía llamado deseo de Tennesse Williams

Actuación: Laura González (Hermana), Leyli Magnini (Esposa), Uriel Morera (Esposo), Miguel Mejía (Amigo), Amalia Ventura (Vecina), Joey Vega (Cobrador)

Iluminación: Antonio Cordero

Vestuario: Kevin Arce

Asesoría coreográfica: Joey Vega

Sonido, gráfica y comunicación: Crisol Teatro

Producción: Uriel Morera

Asistente de producción: Laura Aguilar

Asistencia técnica: Isaac Quirós

Fotografía: Sergio “Checho” Zamora

Espacio: Teatro frente a la plaza

Función: 13 de junio del 2021

Crisol Teatro: soñar y trabajar

Durante sus épocas estudiantiles, Rodrigo David y Uriel Morera fraguaban sueños en los pasillos de la Escuela de Arte Escénico de la Universidad Nacional. La confianza en sí mismos y cierta urgencia creativa los invitaba a trascender los muros de la academia para explorar nuevas realidades profesionales. Fue así como, en 2018, fundan Crisol Teatro, una plataforma que procura consolidar un estilo propio.

El grupo cree en valores como la investigación, el encuentro de textos clásicos con propuestas contemporáneas, las acciones formativas, el intercambio de experiencias a nivel nacional y centroamericano, además de la exploración de distintas disciplinas artísticas. El repertorio de Crisol Teatro incluye los espectáculos Efecto Scheherezade (2018), Deseo.1 (2021) y Lobo Negro, de próximo estreno.

Más información sobre este colectivo independiente en https://crisolteatroru.wixsite.com/crisolteatro

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